l aniversario la noche anterior, este espacio resultaba intrínsecamente íntimo: paredes revestidas de madera de caoba, una iluminación cálid
fía, sentada a su derecha con un vestido holgado de seda dorada, mantenía la vista fija en la copa vacía que desc
briera. Llevaba la chaqueta del traje colgada sobre un hombro y la corbata ligeramente aflojada,
do los brazos con dramatismo-. La servidumbre parece haber firmado un acuerdo de confidencialidad antes de traerme el aperitivo. ¿A qué
rcándose para servir el tinto en la copa de su hermano-.
ongado antes de bajar los ojos hacia el mantel, una microexpresión de tensión que no pasó desapercibida para ninguno
sorbo pausado-. La última vez que vi esa cara de solemnidad
de los negocios. Se inclinó hacia adelante, apoyando los antebrazo
fía -comenzó Mateo, sintiendo cómo el pecho se le llenaba de un orgullo casi infantil-. El tratamiento no
e imperceptible para cualquiera que no hubiera compartido el mismo vientre-, la mirada de Gabriel se congeló en un gesto de absoluta petrificación. Su pupila se dilató y un
sar esa extraña pausa, la máscara de Gabriel
desbordante mientras ponía la copa sobre la mesa con un
azos abiertos. Envolvió a Mateo en un abrazo fraternal, dándol
lo a los ojos, aunque su sonrisa no alcanzaba a arrugar las comisuras de sus párpados
enuidad-. Tres herederos, Gabriel. Toda la presión de la junta dir
besarle la mejilla. Mateo observó la escena con fascinación, sin notar la ri
ndía sonar cariñoso pero que arrastraba un matiz casi amenazante-. Tres bebés. Vas
voz extrañamente plana, manteniendo la vista en el centro del plato-.
de nuevo para hacer un brindis en el aire-. Por los nuevos miembros de la famil
de remodelación del ala oeste de la mansión para construir las tres habitaciones infantiles y contratar a un equip
ente hasta rozar el empeine del zapato de Sofía. Ella no se apartó inmediatamente; en lug
con una voz perfectamente serena-. Con tres herederos en camino, la junta va a exigir que blindes tu testamento de inmediato. Si te llegara
eo, tomando la mano de su esposa-. No me va a
rada en el reflejo del fuego-. En este mundo, un hombre con tanto que perder se convierte automát
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