ian estaba sentado frente a ella, su rostro pálido, sus manos aún temblorosas por la experiencia que acababa
dia, su voz cortante como un
ndo nerviosamente con el borde de la
gura-. Tal vez fue solo... suerte. La energía del ritu
más profundo, más antiguo. La confianza que había depositado en su hermano dur
¿Me estás diciendo que la luz que iluminó toda la cabaña fue suerte?
ó su loba. Me
a, y en sus ojos había
, por
movimiento brusco-. No voy a dejar que me mientas otra
spalda rígida, sus manos apre
importaba, te creía. Cuando me decías que era solo una omega sin poder, te creía. -Su voz se quebró, y una lágrima solitaria r
ntó, dando un
sé toda la verdad. Nuestra madre... ella nos protegió ocultándonos c
lviéndose para enfrentarlo-. ¿Por qué no buscamos respuestas ju
ría contarle todo lo que sabía sobre la Sangre Trina, sobre el linaje prohibido,
enas un susurro-. Miedo de lo que encontrarás. Mie
le hubiera mentido. Sino porque le había dicho la verdad. T
dijo, su voz firme a pesar del temblor interior-
e, sus ojos brillando co
lo te pido que confíes en mí. Que me des tiempo. Que me dejes e
vez, sintió que la distancia entre ell
ro no para siempre. Y mientras tanto,
loba caminaba a su lado, invisible pe
hadow estaba en su estudio cuando un men
la curandera Frost. Su hermano, Darian, resultó gravemente herido d
a ceja, su inte
do? ¿Y cómo se re
sajero
a era tan profunda que debería haber sido mortal. Pero
su columna. Una omega curando una herid
ún te
a en la cabaña. Plateada y dorada. Y que
e madera tallada. Plateada y dorada. Dos colores que no encajaban c
-ordenó-. Todo lo que tengas. Sus orígenes,
ola, su mente trabajando a gran velocidad. Horas
os sobre la familia Frost están... incompletos. Faltan páginas. Fal
a. Registros borrados. Información oculta
sonrisa fría formándose en
ía. Y estaba decidida a descubrir qué se escond
ntes fueron ext
ones a distancia, el susurro de las hojas en los árboles, el latido de los corazones de quienes la rodeaban. Las emociones también eran más intensas. Sentía l
cercanas cuando ella pasaba. Los conejos no huían cuando ella se acercaba. Los lobos de la manada, esas
rró su loba. Somos
camino. Era una hembra de pelaje gris plateado, con una herida profunda en la pata trasera. La
extendiendo la man
azo que trascendía las palabras. Nadia la curó como había curado a Darian. La energía fluyó a través de sus manos, plateada y dorada, sellando la herida con u
nos temblorosas. Había visto todo. La loba acercándose a Nadi
ró para sí mismo-. El d
re había puesto sobre Nadia se estaba rompiendo, y que pron
co de la conexión que habían compartido. Se acercó al espejo de metal pulido y se miró. Su rostro era el mismo de siempre
s, la mar
e siempre había llevado en su clavícula se iluminó, y d
a. Una dora
ón se detuvo. Tres líneas. Tres colores
, tocando la marca c
a era fría y constante, como la luz de la luna. La dorada era cálida y vibrante, com
pitió, su voz r
ba. Somos tres. Luna.
el eco de su propia respirac
en el umbral de su cabaña, mirando el horizon
entándose a su
él vio la marca. Las tre
su voz plana-. Sabías
o negó.
jo que llegaría un momento en que tu verdadera naturaleza comenzaría
u voz era un susurro quebrado p
nte, y por primera vez
solo lunar. Hay otras fuerzas en ti. Otras sangres. Y
ededor. Pero también sintió algo más. Determinaci
voz firme-. Voy a descubrir qué soy.
lejo de algo antiguo. Algo poderoso. Algo que había estad
uró, sin saber si era una
estaba cambiando en Nadia. Algo que no entendía. Despierta, aulló su lobo. La nuestra despierta. Kaelan
e preguntó, mirando haci
r primera vez, Kaelan sintió que no
el
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