e vista
nte creía que tenía
casillero y a los profesores perdonándome todo solo porque lideraba al equipo esa
lo haría? Esa imagen me había mante
era que el mejor momento de mi día no tenía nada que ver con e
a Lombardi cuando log
r, era la melliza de Jackson. Eso significaba que, en teoría, era te
a las cosas contra la mesa o me lanzaba esas respuestas cargadas de
límites para ver hasta dónde pod
era un bu
ocina siempre se sentía extraño. No sabía por qué. Tal vez porque casi podía
e parecía querer destruirlo. Llevaba una camiseta enorme, el cabello alborotado y los dedos de sus pie
unt
, solté, apoyándome en
pe me dio una satisfacción instantánea. Fue co
murmuró, con los ojo
que te gustaría
n tanta fuerza que juraría
ompletamente ajeno a la t
lo. En su lugar, clavé la vista en su desayuno y no pude r
con tanta violencia que parecía
ca te cansas de cri
ojos, la forma en que su voz se quebró por la frustración. Ella no se
tenc
molestaba solo por ser un imbécil, o porque no tenía na
obse
de lo qu
ón, verla de verda
a. No soltaba risitas tontas cuando pasaba a su lado ni parpadeaba coquetamente
e desapareciera de l
casillas. Me obligaba a hacer que me mirara, aunque fuera con fuego
la situación
uestras estúpidas bromas cuando la vi sentada con Mariah. Siempre en la mesa
gaba a dejarl
el comedor. "Mejor esconde tu comida o Jess
talló en carcaj
paralizada a medio camino de su boca. No levantó la vista, pero supe
silencio que me volvía loco. Era como si contuviera una tormenta de emociones
ue ni siquiera pensaba dos veces. Él no notaba cómo ella se encogía cuando la gente murmuraba a
yo
veía
atormentándola, porque si yo no lo hiciera
a vez que pisaba el campo, el resto del mundo dejaba de importar. El sonido del balón, el choque
ese d
e fulminaba con la mirada por encima de su desayuno, sus m
a me recorrió. Ella creyó que había sido sutil, pero la desc
ta que no se daba cuenta d
a mi mente mucho más tiempo
nada. Jessa era demasiado sensible, eso era todo. Reaccionaba a mis provocaciones porque sabía
estaba perdie
taba completamen
de que finalmente se quebrara. Antes de que me de
con la misma intensidad cuando n
nte, la sorprendí
ando la cabeza hacia atrás, y cuando miré de reojo, tenía sus ojos clavados en
me veía. No al mariscal de campo estrella. No al mejor
o a
drásticamente. Parecía atrapada, como un ciervo enc
sonrisa burlona. Por primera vez,
í y lo oculté detrás de mi típica sonri
de vergüenza.
n. Vi cómo luchaba por apartar la mirada y
tante cuando supe que es
Jessa Lombardi ya no
maldita
prano, me pas
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