había asignado en el ala privada del Palazzo di Notte, Chiara contemplaba el discurrir del río que atravesaba la metrópoli. La estancia estaba amueblada con un gusto
sirviente portando una bandeja de plata con café recién elaborado,
ontró una nota escrita con un
ia
dos de la tarde. Tras la comida, el sastre vendrá a prepararla para la gala del Palacio de Gobierno
A.
stió con un conjunto sobrio pero elegante y se dirigió al despacho contiguo, dond
as no solo reflejaban las ganancias millonarias del casino y las apuestas ilegales, sino una red perfectamente estructurada de pagos a altos funcionarios. Nombre
una entidad fantasma denominada Oficina de Auditoría Ciudadana. Las sumas eran astronómicas y la firma de r
lanca de lino con las mangas levemente remangadas y los botones superiores desabrochados, un
signorina Rossi? -preguntó él mientras se acercaba a la mesa
s del mafioso-. Pero son descuidados en las correlaciones. He descubierto que la Oficina de Auditoría Ciudadana recibe un qu
blemente impresionado por la vel
to fresco impregnado de menta rozó las mejillas de Chiara-. Ha tardado me
udo en el estómago. La idea de que la máxima autoridad judicial de Veridi
irmemente que para mantener el orden en una ciudad gótica y caótica como esta, es necesario controlar el crimen en lugar
con la yema de sus dedos una mechón del cabello pelirrojo de Chiara, colocándolo detrás de su oreja. El conta
ntre ambos-. Su padre era un hombre débil, consumido por el vicio. Pero usted... usted tiene el fuego en la sangre y
ió ella en un susurro firme, usando deliber
a y seductora que iluminó sus
a. Solo se puede contemplar su bell
n: una prenda de terciopelo en tono verde esmeralda con un escote barco que dejaba al descubierto sus hombros pálidos y una espalda pronunciada que realzaba la curvatura de su cintu
un esmoquin negro de solapas de seda que acentuaba su figura imponente. Al verla bajar, el mafioso permaneció inmó
si -dijo él, ofreciéndole el braz
s intrigas que nos aguardan -re
ra neogótica con enormes ventanales iluminados y escalinatas de mármol blanco, alber
ce y su nueva acompañante causó un revuelo inmediato. Los susurros se extendieron como una mecha encendida. L
paso entre los invitados para reunirse con ellos. Llucía radiante con su traje d
e para depositar un beso prolongado en su piel-. Mi estimado hermano no exagera
uy amable -contestó Chi
nta y cinco años, de porte rígido, mirada penetrante y un rostro de belleza serena y
cidido unirse en esta esquina del salón -comentó e
o al Fiscal General de Veridia, el señor Gabriel Thorne. Gabriel, ella
ad sombría de Alessandro, la mirada del Fiscal era analítica, profunda y cargada de una curiosidad intelec
ijo Gabriel, sin perder el contacto visual-. He oído hablar de su expediente académico en Venecia, signorina. Es u
icación formal de la ley y el orden, guardaba en sus m
o su mirada con temple-. Me complace saber que en esta ciudad
esto sutil que ilumi
las sombras, encontrar a alguien que entienda la verdad detrás de las cifras es un tes
ocándose junto a Chiara y marcando su
e comprometido, Gabriel. Mis asunt
cable, sin amedrentarse ante la presencia del Don-. Pero la in
poseía por contrato; Julian Vance, el Gobernador carismático y corrupto que buscaba conquistarla con el pod
para obtener el control de la ciudad... y donde todos, inevitablemente, come
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