RI
n cuanto cerré la puerta, las lágrimas que había estado cont
La llamé, pero no
nía ninguno. El dolor era insoportable. Las personas que creí
unca se había comportado como ta
pad
confiado en él m
a quien acababa de conocer me sería leal cuando l
y me habían dejado sola p
ía podido ayudarme se hab
lé con mamá, apenas unos inst
rimas por quienes no lo merecen. Tu corazón te
uánto iba a sufrir y llorar, pero recordar s
an tramar alg
Esa fue la gota que colmó el vaso. Me levanté del
no eran dignos
olsa con dinero. La había mantenido escondida duran
ra es
en un bolso y reuní lo imprescindible par
me la vida a su antojo. Tracé mentalmente mi ruta de esca
en el p
rian
guda y furio
do la bandeja de café a
Miré frenéticamente a mi alrededor. Mi mirada
s se ace
brí lo más silenciosamente que pude. Había un
e la puerta
re esta puerta
me estiré hacia la rama más cercana. Mi bolso lo hacía incó
erta se abrí
diablo
de, medio trepando, medio cayendo, y aterricé con fuerza.
de Lisa resonó detrás de mí
onfusión para
e turno de los guardias había dejado
rodear la zona. Solo miré atrás una última vez an
podía celebrarlo: el mayor obs
y yo, aceleré el paso. Aunque me faltaba el al
rganizar la búsqueda. En cuanto reuniera a los guardias
con la respiración entrecortada y las hoj
la de miedo y emoción ante la posibilidad
n los músculos, pero ignoré el dolor y me concentré en el ritmo de mis pasos, los latidos de mi c
iedra eran obstáculos, pero una fuerza que no sabía nombrar me im
a casi a ciegas. Apenas distinguía el suelo frente a mí, pero s
es tro
on fuerza y me raspé las manos contra el suelo del b
a para intentar detener el sangrado, pero era demasiado tarde
o, no
caba. Ahora podrían seguir mi rastro. La sangre l
damente en mi mente. '¡Yara,
enc
herida de mi mano manchaba de sangre cada tronco al que me afer
a fallarme. No podía
. Una construcci
ando que me sirviera de escondite, que allí
rtes me sujeta
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