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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!

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Capítulo 1 Cosas dulces

Palabras:1472    |    Actualizado en: 05/11/2026

razo, Avery Collins había adquiri

de una cita prenatal, acababa cruzando la calle para entrar en la p

ía evi

ra madre pasara por allí. Antes de quedarse embarazada, Avery nunca había sentido especial debilidad p

red v

de ar

todo e

otra mano apoyada de forma protectora sobre la suave cu

lla de latón tinti

añado por el reconfortante aroma de la

mostrador levantó la vista y l

tardes

vió la sonris

ol

de si

siquiera necesi

et y la mouss

le escapó

es demasi

ría si pidie

ntes rieron

mbarazo, había pasado por la cafetería después de casi todas sus cita

su mesa favorita,

es bullía en otra frí

no del bolso. Su historial de búsquedas se

itos d

de

ra recién

calcetines

recorría las fotografías de unos

aría adorab

le llenó el pe

nilla de la puert

a mirada cas

na joven acab

enía el cabello oscuro, vestía un abrigo gris antracita de corte impecable y poseía la s

n Bla

re antes de que su mente ter

er que apenas parecía habe

as y una boina a juego que enmarcaba sus suaves rizos castaños. De ojos vivaces y elegancia natural, se mov

todo el col

rraron alrededo

ri

mar

niña que crecía

s había esperado

uiz

ca sorprendi

zó a oír. Él la escuchaba con paciencia. Sobre un brazo llevaba ta

sto insig

e le clavó co

abía observado dura

demasiado

levantó la cab

ron de un extremo al

pareció

de él no hu

comod

cul

uego, ning

i estuviera mirando a alguien con quien s

escon

a m

ndo después, d

ven continuó como si Aver

regresó con

í ti

y la delicada mousse de arándanos r

mento, Avery ya habr

o pudo tocar ni

do para llevar. La joven recibió la bolsa con una so

a la mesa de Avery,

en

conoció

riosidad-, ¿conocías a esa señora

ra volvió la cab

reocupes

reveló emo

ndifer

la puerta se cer

embar

aron dentro de Avery co

a veintic

embarazo la ha

las ojeras seguían marcándole el rostro. Sus mejillas se habían redondeado un poco, y la figura elegante de la

salir del hospital ocultaba un cabello q

ven radiante que ac

qué cualquiera podía to

haber segui

sab

uscaron la calle a

antó para abrir la puerta del copiloto y, cuando la joven subió, alzó u

or algo que é

an s

r cor

oblig

sonris

aja

er

e Avery jamás

do y rodeó el vehículo ha

Rover desapareció entre

irtió que llevaba unos

se acercó

e de sus

obligó

aci

el te

astel red velvet se de

ente er

la ta

bía a

stó t

por su pecho era mucho

que aquel matrimonio

no hacía que

unca había come

he impr

razo in

bía ba

wood insistió en

director ejecutivo de Blackwood Capital, aque

sponsa

a m

a é

la mujer que lo

bía dicho e

e había h

o habían d

Ave

ra dis

cho años

e que él supiera si

destino los hiciera coinci

vertirse en alguien digna de estar a su lado

do un puesto como secretaria

fin, el desti

en rea

ía traído s

la mañana posterio

en los ojo

undible r

do hubiera sido el p

bre agudo le retorc

oltó un

e le escapó

ada llegó

inte

abrazó la barriga

o.

facciones y un sudor fr

esas cercanas se dier

isc

iana edad se apr

tá b

pero una nueva oleada de

staba sacand

nidad está justo al o

que lleva

ados de la cafetería ayudaron a A

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¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
¿Divorciarnos ahora que estoy embarazada? ¡Bien, firmemos!
“Una gélida tarde de diciembre, Avery Collins, embarazada de veinticinco semanas, entra en una pastelería con antojo de algo dulce. Pero lo que encuentra es a su marido, Adrian Blackwood, el frío y brillante director ejecutivo de Blackwood Capital, compartiendo un momento íntimo con otra mujer. En ese instante, Avery por fin lo comprende. Hay personas que nunca serán tuyas, por mucho tiempo que lleves amándolas. Lleva ocho años enamorada de Adrian, desde mucho antes de que él siquiera supiera su nombre. Un error de una noche, un embarazo inesperado y una boda impuesta por la presión familiar convirtieron su sueño en una prisión. Mientras Avery lo daba todo por su matrimonio, Adrian estaba convencido de que ella le había tendido una trampa. Así que decide dejarlo ir. Tras dar a luz a su hija, Avery toma la decisión más dolorosa de su vida. Sabe que jamás podría vencer a la poderosa familia Blackwood en una disputa por la custodia, así que deja a la niña al cuidado de Adrian y se marcha a estudiar a la Universidad de Stanford. Solo se lleva una fotografía de su bebé y encarga a su abogado que tramite el divorcio. Cinco años después, Avery regresa convertida en una periodista financiera de renombre mundial: hermosa, brillante e irreconocible. Entonces, su abogado le da una noticia que la deja atónita. Adrian nunca firmó los papeles del divorcio. -Dice que, si quiere divorciarse... tendrá que pedírselo en persona. La respuesta de Avery es tajante. -Entonces dígale al señor Blackwood... que nos veremos en los tribunales. Cree que con eso el asunto está zanjado. Hasta que una niña desliza su manita entre sus dedos. -Señora bonita... ¿quieres cenar conmigo? Avery alza la vista y se encuentra con la mirada firme de Adrian. -Señora Blackwood -dice él en voz baja-, nuestro divorcio puede esperar. Y cuando la niña susurra: «Por favor, no vuelvas a dejarme...», Avery comprende que la única batalla que creía haber ganado apenas acaba de empezar.”