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Juanita La Larga

Chapter 4 No.4

Word Count: 1444    |    Released on: 30/11/2017

ba aún restos de su antigua belleza, que había sido notable cuando ella tenía veinte a?os; pero como entonces era muy pobre y no había d

ertido, se enamoró de Juana y logró enamorarla. No se sabe si le dio palabra de casamiento o no se la dio; pero lo cierto es que el bueno del oficial tuvo

bautismal el mismo nombre que a su madre. El vulgo a?adió después al nombre el mismo epíteto, por dond

ra sido en aquel lugar, donde todo se sabía, el más inútil de los disimulos. Juana crió, pues, a sus pechos

ese hija de Juana, a la cual no faltaron tampoco defensores, ya razonables, ya fervorosos, que alababan el cari?o y la devoción maternal de la madre a la hija, y que cuando eran algo maldicientes no dejaban de comparar a Juana con otras que pasaban por honradísimas

ta no era sólo por herencia; sin

sus bríos. Cuando andaba tenía un aire marcial, al par que gracioso; corría como un gamo; tiraba pedradas con tanto tino que mataba los gorriones, y de un brinco se plantaba sobre el lomo del mulo más resabiado o del potro más cerril. Y no a horcajadas, porque esto no lo consent

ue su madre no había alcanzado aún la extraordinaria reputación de que de

a bordar primorosamente; y el maestro de escuela, que le tomó much

nde auxilio a su madre, que hasta mucho más t

llo e iba por agua a la milagrosa fuente del ejido, cuyo ca?o vertía un chorro tan grueso como el brazo de un hombre robusto, siendo tal la abundancia del agua, que con

ificándola de muy vinagreta y de muy triguera. Quería significar con esto que el arriero que compraba en Villalegre vinagre de yema, por lo común muy fuerte, llenaba sólo dos tercios de la cavidad de la corambre, y la acababa de llenar por la ma?ana

o, que valiéndose de una escoba de palma enana, se rociase con ella el trigo que se iba a vender, dejándolo expuesto al sol para que se secase. As

de los transeúntes, adonde iban las mujeres a lavar la ropa, remangadas las enaguas hasta los muslos y metidas en el agua hasta la rodilla, como por allí es uso, aun en el rigor del invierno. Frondosos y gigantescos álamos negros y pinos y mimbreras circundan la fuente y hacen aquel sitio umbrío y deleitoso. Al pie de los mejores árboles hay poyos hechos de piedra y de barro y cu

ién al lado y dentro del albercón, y a poca distancia de él, donde hay un vallado o seto vivo de zarzamoras, granados y madreselvas, que limita y defiende las huertas, y sobre el cual seto se pone a secar la ropa lavada, se extiend

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Juanita La Larga
“Las ocho colecciones de clásicos en español de la literatura y el pensamiento universal de El Cid Editor suman miles de títulos de los autores más importantes de todos los tiempos, editados en el primer tercio del siglo XX. Están presentes las grandes figuras de la literatura y la filosofía de la antigüedad grecorromana, los referentes medievales europeos, la abundantísima producción española y rusa del siglo XIX, los perennes ecos de la explosión del modernismo... El estudio erudito de las obras, la investigación interdisciplinaria o la exigencia de ampliar el horizonte cultural, hacen de estas colecciones un elemento indispensable para cualquier lector.”