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dieciocho años cuando comenzó a estudiar derecho civil en la Universidad de Chile en la ciudad de Santiago, era la primera vez que visitaba la capital, ya que sus orígenes se encontraban en un pequeño pueblito llamado Pelarco, en la pre cordillera de la región del Maule, de ahí que fuera una muchacha tímida y retraída.
Sus primeros días Ariana tenía en la gran ciudad, como también en la facultad no le resultaron del todo agradables pues extrañaba en demasía la calidez de su hogar y por sobre todo el apoyo y el afecto tan incondicionales que siempre su madre le había entregado, se sentía sola y tan pequeña en medio de toda la inmensidad que la rodeaba, pero en el fondo sabía muy bien que no podía lanzar por la borda todo el esfuerzo que sus padres hacían para cumplir su sueño de convertirse en una gran abogada.
Una mañana soleada de Abril cuando Ariana se encontraba junto a sus compañeros en su clase de código del trabajo, entró en el aula un joven trigueño, de estatura media y de ojos color turquesa tan profundos como el mar, sin lugar a dudas aquel muchacho despertó el interés de la mayoría de las jovencitas de la facultad de derecho y Ariana no fue la excepción; en poco tiempo David, como se llamaba, se convirtió en un muchacho sumamente popular, siempre era invitado a fiestas y estaba rodeado de hermosas chicas, situación que hacía sentir a la tímida Ariana que no tendría ningún tipo de oportunidad con él, si bien habían conversado en algunas ocasiones, y David se había portado muy atento y amable con ella, no le parecía que pudiera despertar interés en un joven tan apuesto y con tanto mundo como aquel. Por su parte el muchacho se centraba en sus estudios y algunas veces aceptaba una que otra de las múltiples invitaciones de las que constantemente era objeto, sin embargo sin darse cuenta estaba empezando a experimentar una atracción muy especial por una niña que era muy distinta a las demás, ella no se abalanzaba sobre él cada vez que lo veía, ni tampoco hacia hasta lo imposible por insinuársele o complacerlo, era una joven sencilla, natural y espontánea, con la inocencia que solo la gente del campo posee. Aquella mujer que tenía tan cautivado a David no podía ser otra que Ariana, mas él también temía confesarle sus sentimientos por temor a que lo rechazara o que le dijera que tenía novio.
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