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Libros de Moderno para Mujeres

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Me casé con el príncipe estando embarazada

Me casé con el príncipe estando embarazada

El esposo de Jasmine, Lachlan, estaba exultante en el hospital. Su cuñada, la viuda Seraphina, acababa de dar a luz a un niño perfecto. Pero la alegría ocultaba una traición devastadora: el bebé había sido concebido con el esperma congelado de Lachlan. Toda la prestigiosa familia Carlisle-Beaumont lo había planeado en secreto. "Fue solo un procedimiento clínico para ayudar a una viuda afligida, no hagas un drama", le espetó él con frialdad. Mientras la familia celebraba al nuevo heredero, su suegra la humillaba sin piedad llamándola "gallina estéril". Ignoraban que Jasmine estaba perfectamente sana; Lachlan simplemente la evitaba en la cama. La peor puñalada llegó con una foto anónima: Lachlan y Seraphina abrazados íntimamente en un hotel, mucho antes de que el hermano muriera. Jasmine nunca fue la esposa amada, solo la tapadera conveniente para su romance. Durante tres años, ella ocultó su verdadera identidad como una genio mundial de la ciberseguridad, salvando la empresa de su marido desde las sombras sin pedir nada a cambio. Su devoción fue pagada con desprecio absoluto. La ironía fue que, justo ese mismo día, un médico le confirmó a Jasmine que por fin estaba embarazada. Pero al ver los resultados, no sintió alegría, solo una claridad gélida. Rompió el informe en mil pedazos y lo arrojó a la basura. Con una sonrisa calculadora, manipuló a Lachlan para que le transfiriera un lujoso ático a su nombre; los papeles del divorcio ya estaban en marcha y todos iban a pagar con creces.
La esposa rechazada es multimillonaria

La esposa rechazada es multimillonaria

Durante siete años fui la esposa perfecta y silenciosa, ocultando mi verdadera identidad mientras trabajaba como enfermera de urgencias. Hasta que mi multimillonario esposo irrumpió en mi sala con una mujer cubierta de sangre en sus brazos. Era Allena, la prometida de su primo. Me empujó con violencia para protegerla. Al examinarla, mis instintos médicos revelaron la repugnante verdad: una hemorragia interna masiva causada por relaciones sexuales salvajes. Él me arrojó un cheque de cien mil dólares para comprar mi silencio. Poco después, cuando sus amigos me acorralaron para humillarme, él volvió a empujarme para salvar a su amante de un simple café derramado. Mi cuerpo salió volando y mi brazo se estrelló contra una mesa de cristal, abriendo una herida profunda que empapó la alfombra de sangre. Él se quedó paralizado, pero ni siquiera intentó ayudarme; seguía abrazándola a ella. Recordé cómo tuve que falsificar un aborto y esconder a nuestra hija durante cinco años porque él amenazó con destruirme si alguna vez quedaba embarazada. Todo mi amor y sumisión se convirtieron en puro asco. Con escalofriante calma, me até un torniquete con los dientes, estampé mi sangre directamente en su impecable traje a medida y lo miré a los ojos. "Terminé contigo." El contrato matrimonial expira en tres días. Es hora de despertar a mi verdadera identidad, vaciar su penthouse y dejarlo rogando entre las ruinas.
La fría y amarga traición del multimillonario

La fría y amarga traición del multimillonario

Casi muero en un accidente aéreo, viendo el suelo acercarse a toda velocidad, pero mi esposo, el magnate Adán Horta, ni siquiera llamó. Mientras yo me arrancaba el suero y salía cojeando del hospital bajo la lluvia, vi llegar su Bentley. El corazón me dio un vuelco, pensando que por fin venía por mí. Pero Adán pasó de largo, ignorando mi figura empapada. Se bajó y cargó en brazos a su exnovia, Casia, tratándola con una ternura que jamás tuvo conmigo, como si ella fuera de porcelana. Los seguí hasta el área de maternidad y escuché la devastadora verdad: 12 semanas de embarazo. Las cuentas eran exactas: la engendraron en nuestro tercer aniversario, mientras yo soplaba las velas sola en casa. Al confrontarlo esa noche, Adán ni siquiera se disculpó; me miró con frialdad y me sirvió una copa. "Casia es frágil, es un embarazo de riesgo. Tú eres aguantadora, Anayetzi, por eso me casé contigo. Deja el drama, firmaste un prenupcial". Pensó que, al bloquear mis tarjetas y dejarme sin un centavo en la calle, yo volvería arrastrándome a su mansión como el perro rescatado que él creía que era. Olvidó que antes de ser su esposa trofeo, yo ya sabía sobrevivir sin nada. Al día siguiente, irrumpí en su oficina frente a toda la junta directiva. Vertí una taza de café podrido sobre los contratos originales de su fusión más importante, arruinando el negocio del año. Y frente a su amante y sus empleados, me quité el suéter de cachemira y los jeans de diseñador que él había pagado, arrojándolos al suelo y quedándome de pie con dignidad. "Te devuelvo tu ropa, tu dinero y tu apellido, Adán. Pero ya no me tienes a mí". Las puertas del elevador se cerraron mientras él gritaba mi nombre, dejándolo solo con sus millones y su desastre.