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La lluvia caía con fuerza y con ella el frio de la noche se hacía sentir, era de esos fríos que hielan la sangre y llegan hasta los huesos. Esto a Grindal le preocupaba mucho, luchaba por cubrir muy bien a la criatura que llevaba en sus brazos, el pequeñín gritaba con todas las fuerzas de sus pulmones. El caballo iba a buen paso, pero el mago sabía que no muy atrás de él venían sus perseguidores, ellos no se detendrían hasta matar a aquel pequeño ser.
Mientras cabalgaba bajo la luz tenue de la luna y la fuerte lluvia muy propia de aquel país donde se encontraba, Grindal recordaba los hechos pasados.
-Siempre es bueno verte Grindal-. Le saludó el rey Emerson el grande.
Grindal apenas unos minutos atrás había llegado al castillo del reino de Saravia, el último gran reino de los medioelfos. No había tenido oportunidad de asearse, ni siquiera de comer algo. Con sus ropas andrajosas y sucias, de inmediato fue conducido al gran salón del trono del castillo, allí lo esperaban el rey Emerson el grande y su reina Beatriz.
-disculpe su majestad, no creo estar vestido para la ocasión- dijo Grindal bajando la cabeza y haciendo una genuflexión ante los reyes.
-no te preocupes mago, esta no es una visita social ni mucho menos-. Le dijo la reina con una expresión cálida en el rostro.
Que la reina sonriera le sorprendió a Grindal dado la situación en la que se encontraba aquel país. Desde hacía un año, el vecino país del sur, Moravia, con su rey a la cabeza, Wenceslao el temerario, en una alianza con los ejércitos de Britania en cabeza de su rey Abel, le habían declarado la guerra a aquel reino. La razón, Saravia era una tierra privilegiada, tanto para la agricultura así como también para la excavación de oro y otros minerales y piedras preciosas. Mientras que el país del sur de Moravia estaba pasando su peor época, una plaga había invadido sus campos echando a perder sus cultivos y matando a su ganado, eso sumado a la mala administración del rey, había llevado al país a una crisis económica y de alimentos, su gente en campos y ciudades estaba muriendo de inanición. Fue allí cuando Emerson el medioelfo, le tendió la mano a su vecino del sur, le proporcionó comida a precios bajos y dinero en modo de préstamo. Pero Wenceslao era muy soberbio y orgulloso, no aceptaba que mientras su pueblo pasaba hambre y necesidades, el país del norte, el país de los odiados medioelfos le tendiera la mano, eso para él era una humillación. Wenceslao que era de un temperamento fuerte y obstinado, no por nada era llamado el temerario, pues había peleado en muchas guerras, contra los hombres de las montañas, contra los orcos, contra los elfos azules, se le llenó la cabeza de ideas y llevado por la ambición y el odio creciente se unió con el vecino reino de Britania y le declaró la guerra a el reino de Saravia.
-Tiempos oscuros nos asechan, Grindal-. Dijo el rey Emerson mientras caminaban por los majestuosos jardines imperiales. –una ola de muerte aun mayor que la que mi pueblo ha tenido que soportar este último año, se aproxima. Los ejércitos de Wenceslao y sus aliados, están muy cerca de este lugar. Ayer mismo sufrimos una de nuestras peores derrotas, en las proximidades del gran bosque de robles. Fuimos masacrados, ahora solo queda en pie nuestra última defensa, el fuerte al pie del rio Rigalia, si ese fuerte cae, estamos perdidos, en cuestión de días Wenceslao entrará triunfante a la ciudad y nada podría hacer para evitarlo-
-¿y tus aliados, nadie ha venido a ayudarte?-. Preguntó Grindal.
-por más de un año hemos combatido solos. Nuestros antiguos aliados nos han abandonado justo cuando más los necesitábamos. ¿Además quien vendría a ayudarnos? ¿Enanos?, ¿elfos?, ¿los Cadelienses? No mi amigo, estamos solos en esta guerra. Los enanos hace mucho tiempo perdieron su honor, ahora son solo comerciantes, ya no les interesa lo que pase en el mundo, solo les interesa tener dinero y acumular riquezas, las épocas de los grandes ejércitos de enanos quedaron muy en el pasado. Los elfos por su lado y con razón supongo, dejaron de interesarse en este mundo que una vez fueron los amos y dominaron, se aislaron del mundo conocido, ellos no vendrán a ayudarnos. El único que respondió a mi llamado de mis amigos fuiste tú. Gracias por ello viejo amigo-. Dijo el rey.
-Disculpa que no te haya venido a ayudar en esta guerra antes-. Habló Grindal. –pero he tenido que atender ciertos asuntos en diferentes partes. Algo está por suceder, algo en el mundo está por cambiar, tienes razón en eso que nos esperan días sombríos-.
-¿a qué te refieres?- preguntó Emerson.
-hay rumores de una fuerza que crese de nuevo en el norte. Ha habido avistamiento de orcos más de lo normal, como hace mucho tiempo no sucedía. Quizás sea solo coincidencia pero creo que este ataque de Wenceslao y Britania contra tu reino es un presagio de la proximidad de una época de guerras y sangrientas batallas-. Respondió Grindal.
Emerson se quedó pensativo por un momento y luego dijo –hace un tiempo, nuestros soldados en la frontera norte reportaron una refriega contra un grupo de orcos. Eso no había pasado en mucho tiempo y ahora que me dices lo que tú piensas lo mismo, creo que estás en lo correcto. Algo en el mundo está cambiando, las alianzas se desvanecen, los hombres y su ambición sin límites, mi pueblo reducido a un único reino y los elfos desinteresados en todo lo que ocurre en el mundo que una vez dominaron y protegieron. Tiempos oscuros nos asechan-. Terminó diciendo Emerson.
♦♦♦♦♦
Los Medioelfos son una raza hibrida. El primer rey de esta raza fue Harod 1ro, el hijo de la elfa Liris y de Harod príncipe de Henaith. En su época de más esplendor llegaron a crecer en número tanto que se dividieron en tres reinos, el reino de Modeira, el reino de Calejas y el reino de Saravia. Después de muchas guerras contra este pueblo tan solo quedaron reducidos al reino de Saravia. No son muy diferentes a los humanos, físicamente son los mismos, la diferencia está en la fuerza y resistencia que son mayores que los humanos y no tanto comparados con los elfos.
♦♦♦♦♦
El camino se hacía más imposible, la lluvia aun caía con fuerza encharcando el camino. Grindal estaba preocupado no solo por sus perseguidores sino porque el frio crecía y la lluvia no cesaba y la criatura que llevaba entre sus brazos, si seguía así no resistiría por mucho tiempo. Ya había perdido la cuenta de cuánto tiempo llevaba cabalgando. Como lo había predicho Emerson, los ejércitos de Wenceslao arribaron triunfantes a la ciudad de Pridelia la capital del reino de Saravia, después de derrotar a la última resistencia del reino, el fuerte del rio Rigalia. Wenceslao el temerario y su colega Abel el rey de Britania entraron triunfantes al castillo del rey Emerson y reclamaron allí su victoria reclamando la total rendición del reino y la completa sumisión de Emerson y su pueblo a Moravia. Pero Emerson sabia de la ambición de Wenceslao. Desde hace mucho tiempo Wenceslao tenía planes de invadir y apoderarse de aquella fértil y rica tierra y ahora que la oportunidad se le había presentado no la iba a desaprovechar. Emerson sabía que Wenceslao se haría rey de aquella tierra recién conquistada, pero ¿cómo ser rey si ya había uno? Sencillo, la vida de Emerson y de Beatriz lo mismo que la de su primogénito corrían serio peligro. Así que por fin Grindal entendía por qué había sido llamado de urgencia a aquel reino. Siguió las instrucciones de Emerson y antes que Wenceslao entrara triunfante al castillo, Grindal partió raudo y con él una misión, preservar la vida de aquella criatura, el legítimo heredero al trono de Moravia, el primogénito de Emerson y Beatriz.
Grindal no dejaba de pensar en el destino del rey de los medioelfos. Wenceslao era desalmado y no tenía conciencia, seguramente a estas alturas, ambos, Emerson y Beatriz ya estaban muertos. Ahora más que nunca la misión de preservar la vida de aquel pequeñín era más importante. En sus manos viajaba el último gran medioelfo de sangre pura, el legítimo heredero al trono de Moravia. Aquel ser diminuto tenía que vivir. Pero Grindal tenía un plan, algo el mago había cavilado en su mente, así que se decidió a ejecutar su plan.
♦♦♦♦♦
El ejército invasor dio el golpe de gracia derrotando a los últimos focos de resistencia de Saravia en el fuerte del rio Rigalia. 50000 hombres al mando del mismísimo Wenceslao derrotaron a los medioelfos y ahora se encaminaron hacia Pridelia, la ciudad capital del reino medioelfo. Wenceslao y Abel arribaron al palacio real y se apoderaron del lugar, ondeando las banderas del reino Moraviano, un lobo huargo rojo sobre un plano negro. Los hombres, se proclamaron amos de la ciudad, matando a los soldados de la guardia real del rey Emerson.
Wenceslao y Abel entraron al gran salón donde estaba el trono del reino. Allí sus hombres tenían como prisioneros al rey Emerson y a su reina.
-Durante mucho tiempo me imaginé como sería el día en que entrara triunfante en esta ciudad y que por fin me sentara en este trono-. Dijo Wenceslao mientras se sentaba en el trono del rey.
-espero no estés decepcionado, maldito asesino-. Le respondió Emerson.
-son palabras muy duras contra alguien que con una sola palabra que salga de mi boca bastará para que me mis soldados me ofrezcan tu cabeza y la de tu queridísima esposa en una bandeja-. Luego de decir esto Wenceslao hizo un ademan y al instante uno de los soldados entró al salón escoltando a un niño. –Ven hijo mío, ven y siéntate con tu padre y nuevo rey de estas tierras-. El niño, Primogénito de Wenceslao, estaba vestido con una armadura pequeña especialmente diseñada para el príncipe y en el cinto llevaba una pequeña espada. El niño corrió y se sentó en las piernas de su padre.
-¿verdad que este trono es muy cómodo, hijo mío?-.
–Si-. El niño atinó a contestar tímidamente.
En ese preciso momento su hombre de confianza y capitán de sus ejércitos entró al salón y mirando a Wenceslao dijo –no hemos podido encontrar al pequeño, señor, fuimos a su habitación y no estaba allí, luego buscamos por todo el palacio y no hay rastros de él-.
-dime en donde escondes a tu hijo y quizá, perdone tu vida y la de tu perra-. Dijo Wenceslao acercándose a Emerson.
-puedes tomar mi vida, pero nunca encontraras al pequeño-. Respondió Emerson al momento que le escupía en la cara a Wenceslao.
El rey de Moravia se secó el escupitajo del rostro con un pañuelo que le alcanzó uno de sus hombres, luego hizo un ademán que uno de sus soldados entendió. El soldado desenfundó la espada y avanzó amenazante hacia Emerson.
En ese preciso momento Abel le habló a Wenceslao –parad. Esto no estaba en los planes, en ningún momento hablamos de quitarle la vida al rey-.
Wenceslao le respondió con tono amenazante –se hará lo que tenga que hacerse. Este no es el momento para que flaquees. Además solo puede haber un rey de Saravia y ese soy yo a partir de ahora-. El rey Avanzó hacia Abel y le dijo al oído –hemos llegado muy lejos como para ser moralistas y justos, en este momento te necesito a mi lado-.
Abel le respondió –estoy de tu lado, pero conste con que no estoy de acuerdo con esto-. Luego de decir esto, salió del salón.
Wenceslao miró al soldado y este último entendió.
-Antes de morir. ¿Algún deseo final su alteza?-. Se burló Wenceslao de Emerson.
El rey medioelfo extendió la mano y tocó la de su esposa, luego dijo –espero algún día mi hijo clave la punta de su espada en tu corazón-.
Wenceslao rio estrepitosamente seguido también por los suyos, dijo –prometo que muy pronto tu pequeño hijo estará clavado a una estaca siendo comida de cuervos-.
A los ojos de los presentes, el rey y la reina de los medioelfos fueron ajusticiados.
Al momento del tajo de la espada en el cuello de Emerson, el pequeño hijo de Wenceslao se llevó las manos al rostro para no mirar la gran cantidad de sangre que brotaba del cuello cercenado del rey medioelfo, pero Wenceslao lo reprendió diciéndole –no te tapes los ojos, mira. Esta es la forma en la que tu padre se hace grande, tan grande como algún día tú serás y cuando llegue ese día, recordaras estas palabras. Un rey nunca muestras debilidad, un verdadero rey nunca muestra clemencia, un verdadero rey no tiene piedad con sus enemigos-. En efecto el niño se quitó las manos que le cubrían los ojos y vio como era ahora la cabeza de la reina la que era desprendida de su cuello.
Después de ese espectáculo aterrador, el capitán y mano derecha del rey hizo pasar al gran salón a una miembro de la servidumbre del palacio. La mujer apenas vio a su rey y su reina asesinados, se echó a llorar.
-si no quieres que te pase eso a ti, debes decirnos donde está el primogénito del rey, donde eta escondido-. Le dijo el hombre en tono amenazante.
La mujer que estaba en shock apenas pudo juntar unas palabras y entre sollozos y lágrimas dijo –el rey……mi rey….un hombre……un mago…se lo ha llevado por órdenes del rey….mi rey….mi reina…..dos días atrás-.
Wenceslao hizo sacar a la mujer del salón y dio órdenes para que su capitán escogiera a los mejores de sus exploradores e iniciaran la búsqueda del mago y del primogénito del rey. La orden fue clara y precisa, la muerte de ambos.
♦♦♦♦♦
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