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Entrelazada

Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta

Adiós a la señora Cooley: El regreso de la arquitecta

Autumn Breeze
Fui al Registro Civil para pedir una copia de mi acta de matrimonio. Llevaba tres años casada con el heredero de los Cooley, o al menos, eso creía. El funcionario me miró con pena a través del cristal y soltó la bomba: "No hay registro. El acta nunca se devolvió. Legalmente, usted es soltera". El mundo se me vino encima. Gray me había prometido encargarse del papeleo el día de nuestra boda. Justo en ese momento, mi teléfono vibró. Una notificación de un álbum compartido titulado *Nuestro pequeño secreto*. Al abrirla, vi una prueba de embarazo positiva y mensajes de texto fechados esa misma mañana: "Aguanta un poco más, nena. Hoy se libera el dinero del fideicomiso. Mañana echo a esa mula estéril a la calle y seremos libres". Era mi esposo hablando con Brylee, mi mejor amiga y dama de honor. Entendí todo de golpe con una náusea violenta. No era una esposa, era un accesorio necesario para cobrar una herencia. Me usaron para cumplir el requisito de tres años del fideicomiso. Se burlaban de mi infertilidad —la cual sufrí por salvarle la vida a Gray en un accidente— mientras ellos esperaban a su "verdadero heredero" a mis espaldas. Planeaban dejarme sin un centavo, sin reputación y humillada al día siguiente. Me limpié las lágrimas y saqué mi labial rojo sangre del bolso. En lugar de confrontarlos llorando, llamé al enemigo mortal de la familia, el despiadado magnate Hjalmer Barrett. "Sé que odia a los Cooley", le dije con voz firme al teléfono. "Yo tengo las llaves para destruirlos y quitarles todo. A cambio, quiero casarme con su hijo, la Bestia de Wall Street". Esa noche volví a casa con una sonrisa, lista para convertir sus vidas en un infierno.
Moderno VenganzaDivorcioEnfoque de mujer
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Clara Ramírez estaba sentada en su despacho, mirando por la ventana del edificio que había pertenecido a su familia por generaciones. A través de la gran cristalera, podía ver la ciudad que había sido testigo del auge y caída de los negocios de los Ramírez. La cadena de hoteles que su abuelo había fundado, ahora se encontraba al borde de la ruina. No había forma de evadirlo. Todo lo que había conocido estaba a punto de desmoronarse.

El teléfono en su escritorio sonó, interrumpiendo sus pensamientos. Lo levantó de inmediato, con la esperanza de que la llamada viniera con buenas noticias, pero ya sabía, en su corazón, que no sería así.

-Señorita Ramírez, le tengo noticias difíciles -la voz al otro lado de la línea era grave, tensa. Era Eduardo, el director financiero de la empresa familiar. Clara suspiró, preparada para lo peor.

-Dime, Eduardo. ¿Qué tan malas son? -respondió Clara, tratando de mantener la calma.

-La situación es peor de lo que imaginábamos. Los informes de este trimestre son devastadores. La deuda ha crecido mucho más rápido de lo que esperábamos. A menos que obtengamos un préstamo significativo o alguien invierta, la empresa no podrá seguir operando por mucho más tiempo.

El aire se volvió pesado en la oficina de Clara. Sus dedos apretaron el borde del escritorio mientras intentaba asimilar las palabras de Eduardo. El negocio que había pertenecido a su familia por décadas, el legado de su abuelo, estaba a punto de desaparecer. Las horas de trabajo incansables, las decisiones difíciles, todo lo que ella había hecho para mantener a flote la empresa, parecía haber sido en vano.

-¿Hay alguna esperanza, Eduardo? ¿Algún rescate posible? -preguntó Clara, sintiendo cómo la frustración y el miedo comenzaban a apoderarse de ella.

-He hablado con varios bancos, pero ninguno está dispuesto a arriesgarse. La situación financiera es... insostenible. Si no conseguimos una inversión externa, no podremos mantenernos a flote.

Clara cerró los ojos y exhaló lentamente. La opción que más temía estaba a punto de convertirse en una realidad. Un inversor, alguien fuera de la familia, tendría que tomar las riendas de lo que quedaba. Pero, ¿quién podría estar interesado en un negocio tan endeudado? ¿Y qué precio tendría?

-¿Sabes si hay alguien dispuesto a entrar en el juego? -preguntó Clara, con voz tensa.

-He oído rumores sobre un empresario llamado Víctor Mendoza. Es conocido por adquirir empresas en dificultades y reestructurarlas, aunque no es precisamente conocido por su ética -dijo Eduardo, dejando la sugerencia en el aire.

Víctor Mendoza. El nombre le sonaba familiar, pero no era alguien con quien Clara hubiera tenido contacto. Un empresario audaz, despiadado incluso, alguien que no dudaba en tomar el control, sin importar las consecuencias para quienes ya estaban en el negocio.

-Lo investigaré -dijo Clara, sin mucho entusiasmo.

Colgó el teléfono, sintiendo que el peso de la situación la aplastaba. Caminó hacia la ventana y miró la ciudad que se extendía ante ella. Los rascacielos, los edificios emblemáticos, todo parecía seguir su curso, ajeno a su mundo que se desmoronaba.

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Vidas entrelazadas

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S. Mejia
Clara Ramírez, heredera de una cadena de hoteles familiar en ruinas, se ve obligada a casarse con Víctor Mendoza, un empresario astuto, para salvar su negocio. Aunque su matrimonio es puramente por conveniencia, Clara empieza a sentir una atracción inesperada por Víctor, quien, sin embargo, sigue ce
Romance FamiliaMatromonio arregladoCEOMatrimonio por contratoBEProtagonista Poderosa
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