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LUFER BAD BOY STUDENT

La fría y amarga traición del multimillonario

La fría y amarga traición del multimillonario

Gu Jian
Casi muero en un accidente aéreo, viendo el suelo acercarse a toda velocidad, pero mi esposo, el magnate Adán Horta, ni siquiera llamó. Mientras yo me arrancaba el suero y salía cojeando del hospital bajo la lluvia, vi llegar su Bentley. El corazón me dio un vuelco, pensando que por fin venía por mí. Pero Adán pasó de largo, ignorando mi figura empapada. Se bajó y cargó en brazos a su exnovia, Casia, tratándola con una ternura que jamás tuvo conmigo, como si ella fuera de porcelana. Los seguí hasta el área de maternidad y escuché la devastadora verdad: 12 semanas de embarazo. Las cuentas eran exactas: la engendraron en nuestro tercer aniversario, mientras yo soplaba las velas sola en casa. Al confrontarlo esa noche, Adán ni siquiera se disculpó; me miró con frialdad y me sirvió una copa. "Casia es frágil, es un embarazo de riesgo. Tú eres aguantadora, Anayetzi, por eso me casé contigo. Deja el drama, firmaste un prenupcial". Pensó que, al bloquear mis tarjetas y dejarme sin un centavo en la calle, yo volvería arrastrándome a su mansión como el perro rescatado que él creía que era. Olvidó que antes de ser su esposa trofeo, yo ya sabía sobrevivir sin nada. Al día siguiente, irrumpí en su oficina frente a toda la junta directiva. Vertí una taza de café podrido sobre los contratos originales de su fusión más importante, arruinando el negocio del año. Y frente a su amante y sus empleados, me quité el suéter de cachemira y los jeans de diseñador que él había pagado, arrojándolos al suelo y quedándome de pie con dignidad. "Te devuelvo tu ropa, tu dinero y tu apellido, Adán. Pero ya no me tienes a mí". Las puertas del elevador se cerraron mientras él gritaba mi nombre, dejándolo solo con sus millones y su desastre.
Moderno RenacimientoDivorcioEx esposaEnfoque de mujer
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La noche después de la larga separación estuvo llena de pasión desenfrenada.

Tras perder y recuperar la conciencia varias veces durante el sexo, Natalie Simpson finalmente registró el familiar sonido del agua corriendo en el baño.

En ese momento, estaba apoyada contra una almohada y se sentía completamente agotada, pero en cuanto el hombre regresó a la habitación, reunió toda la energía que le quedaba para incorporarse.

Connor Hughes salió sin camisa y con gotas de agua deslizándose por su húmedo cabello. Su piel, inusualmente suave para un hombre, parecía irradiar un atractivo casi hipnótico que era imposible pasar por alto.

Él agarró una carpeta, la colocó en la mesita de noche y la deslizó hacia la chica, diciendo: "Contrato rescindido".

Esas palabras golpearon como una ráfaga a Natalie, dejándola congelada en su lugar.

Instantes después, clavó su mirada en el encabezado del documento: Acuerdo de Apoyo Financiero. En el acto, un temblor la recorrió, mientras luchaba por mantener la compostura.

"Aún faltan tres meses. ¿No puedes esperar un poco más?", sondeó.

Ella siempre había sabido que ese día llegaría; de hecho, lo veía como algo inevitable después de tantos años a su lado. Sin embargo, se había aferrado a la esperanza de que todavía tenía un poco más de tiempo junto a él.

Y mucho menos quería que eso pasara ahora, pues acababa de enterarse de que solo le quedaban seis meses.

El pesado silencio que se instaló entre ellos le dio una respuesta clara y devastadora.

"Era solo una broma", soltó Natalie, encogiéndose de hombros casualmente para restarle importancia al asunto. "Honestamente, había estado pensando en terminar con esto desde hacía tiempo. Mi familia ya lleva un rato presionándome para que siente cabeza y, de hecho, ya me organizaron varias citas a ciegas para la siguiente semana. Estaba pensando en cómo decírtelo".

Acto seguido, se obligó a soltar una carcajada, como si el asunto fuera una trivialidad.

Connor, que estaba a punto de secarse el pelo, se detuvo y clavó sus ojos en ella. "¿Vas a salir con desconocidos?", la cuestionó.

"Después de todo, no puedo estar contigo para siempre; necesito sentar cabeza", corroboró la joven, y por su expresión parecía que era la cosa más natural del mundo.

Natalie era consciente de su salud y, por ende, sabía que un futuro a su lado era imposible. Todo lo que quería hacer era irse sin armar una escena.

La mirada del hombre se oscureció. Irritado, aventó su toalla a un lado y se vistió apresuradamente, sin molestarse en secarse el pelo.

"Dean se encargará del resto", dijo en un tono carente de calidez, tratándola más como un objeto en el que había perdido el interés que como una pareja.

Natalie sintió un profundo dolor en el pecho. En ese instante, todos los pensamientos persistentes que había tenido se disolvieron: ya no albergaba ninguna ilusión.

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