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Había terminado la universidad hace un par de meses y desde ese momento, me dispuse a buscar un trabajo en alguna empresa de la ciudad, vivía en Nueva York, así que empresas era lo que abundaba, pero lastimosamente, para un recién graduado como yo no era tan sencillo y, a pesar de haber tenido una de las mejores notas de mi promoción, mi baja experiencia laboral me cerraba muchas puertas.
Muchos de mis antiguos compañeros tuvieron suerte y eran contratados en compañías pequeñas o tuvieron la facilidad de que sus padres tenían amistados con influencia en distintas empresas y lograron conseguir empleo casi de inmediato, pero, por mi parte, no contaba con esa suerte ya que mis padres siempre me han dicho que me esfuerce por conseguir las cosas por mi cuenta y no porque alguien me haga el favor.
Era difícil, Nueva York era una ciudad muy grande y con muchas personas desempleadas buscando una oportunidad, a cada entrevista que iba desde que me gradué me ganaba alguien más experimentado, cosa que me frustraba porque, a pesar lo mucho que me preparaba para causar una buena impresión, siempre había alguien mejor calificado que yo.
Ya eran las ocho de la mañana y acaba de llegar a mi trabajo en la tienda del señor Johnson, llevaba trabajando allí desde hace un año y, aunque ganaba bien, quería proseguir y trabajar de lo había estudiado y no quedarme estancado solo como trabajador de una pequeña tienda y no porque me diera vergüenza hacerlo, sino porque para algo invertí tiempo y dinero preparándome para ser un profesional.
Mientras me colocaba el uniforme, recordé lo que ese mismo día, más temprano, el gerente de una compañía de seguros me dijo, “aunque tuviste buenas notas en la universidad y seguro serias un excelente trabajador, los socios de la empresa buscan a alguien con experiencia, lo lamento y espero tengas suerte en otro lado”, eso me deprimió porque es básicamente lo que todos me decían y hasta una vez le contesté a una gerente de recursos humanos de otra compañía, que como iba a tener experiencia si nadie me daba la oportunidad.
— Parece que tampoco tuviste suerte hoy Daniel — me dijo el señor Johnson al verme, ya que me notaba frustrado como siempre que llegaba en las mañanas desde que comencé a buscar otro trabajo.
— No, todos me dicen los mismo — le dije encogiéndome de hombros un poco desanimado.
— Tranquilo muchacho, pronto tendrás tu oportunidad, no te desanimes y es muy importante que no te des por vencido — me dijo sonriéndome para subirme el ánimo.
— Espero que sí, por lo pronto, al menos no tiene que preocuparse por buscar a otra persona — le dije en modo de broma, aunque era muy cierto, mientras no consiguiera trabajo, iba a seguir en la tienda.
— Daniel, yo soy perfectamente capaz de mantener mi tienda solo y te di trabajo hace más de un año porque me pareciste un chico bastante humilde e inteligente, además que muy aplicado en lo que hace y no me equivoque — me dijo sabiamente —, además que me recordaste mucho a mi hijo, era bastante aplicado igual que tú.
— ¿Qué le sucedió a su hijo? — le pregunté interesado ya que nunca se lo había preguntado en todo este tiempo que llevaba conociéndolo.
— Murió hace cinco años en un accidente — me contestó.
— Oh, lo lamento — le dije apenado por haberle preguntado.
— No te preocupes, solo no te des por vencido y pronto tendrás tu recompensa — me dijo animado y luego se fue.
Tiene razón, aunque si había ido a varias compañías, pequeñas, medianas y grandes, aún quedaban muchas que no probaba suerte, no podía desanimarme y si el señor Johnson confiaba en mí no iba a desaprovecharla, además, estaba muy en deuda con él; desde que comencé a trabajar siempre me motivó y ayudó para que no abandonara la universidad, recordé que una vez me prestó dinero para pagar unas materias que me hacían falta en el último año, sin eso no me hubiera graduado aún.
No pensé más en los rechazos anteriores y me enfoqué en comenzar a trabajar, las mañanas eran muy movidas allí en la tienda y no podía desconcentrarme, además que el señor Jonhson me dijo desde que inicié a trabajar, que allí siempre venían distintos trabajadores de compañías a comprar y podía entablar conversaciones con ellos para ganarme su confianza y así, cuando estuviera graduado, ver si mediante ellos me daban una oportunidad pero, a pesar que si hice buenas amistades con algunos, ninguno hasta ahora me dijo que probara postularme en donde ellos trabajan.
La mañana pasó muy rápido que cuando me di cuenta, ya eran mediodía, aunque allí no cerrábamos, tenía desde las doce hasta la una libre pero no la tomé, de hecho, nunca lo hacía, prefería tomarme la hora libre a las dos que era donde menos personas venían.
— Si quieres puedes irte hoy más temprano — me dijo el señor Jonhson, quien, en ese momento, estaba a mi lado —. Así pruebas en alguna otra empresa a ver que te dicen.
— ¿Seguro?, igual puedo ir mañana temprano antes de venir, no tengo problema — le dije mientras atendía a una chica, bastante bonita, con cabello negro y vestida con un elegante vestido y un chaleco, me causo impresión porque nunca la había visto por allí.
— No te preocupes Daniel, si es por la tienda, yo me puedo encargar — me dijo y luego se fue.
— Lo lamento — le dije a la chica ya que había durado más de lo necesario para darle lo que quería.
— No tranquilo, no estoy apurada — me dijo ella sonriendo —. Escuché al señor que estas buscando trabajo en una empresa.
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