/0/22517/coverorgin.jpg?v=992ad9b972170147e6fad88b85776e25&imageMogr2/format/webp)
Durante diecisiete años, amé a mi mejor amigo, Mateo Reyes. Yo era la chica callada que siempre tenía una curita para sus rodillas raspadas, creyendo en secreto que estábamos destinados a estar juntos.
Pero él destrozó mi mundo con cinco palabras: "Es como mi hermana. Y ya". Se enamoró de la cruel y glamorosa Fabiola, incluso la llevó a nuestro prado secreto.
Sus celos eran veneno puro. Fingió un embarazo para atraparlo y luego contrató a un hombre para que me atacara en un callejón. El trauma me provocó la ruptura de un aneurisma cerebral y quedé ciega.
A pesar de todo, Mateo la defendió. Se negó a creer que ella fuera capaz de tanta maldad, eligiendo al monstruo que conocía desde hacía meses por encima de la chica que conocía de toda la vida.
Mi salvador, un doctor amable llamado Javier, me ofreció un futuro, y planeamos una boda falsa para darles esperanza a mis aterrorizados padres.
Pero mientras estaba de pie, ciega en el altar, Mateo interrumpió la ceremonia. Cayó de rodillas, con un anillo de diamantes en la mano.
"Te amo, Sofía", gritó. "Cásate conmigo".
Capítulo 1
Sofía Valdés POV:
"Te amo, Sofía", susurró Mateo Reyes, su voz cargada de una emoción que había esperado toda una vida para oír. "Siempre has sido tú". Se arrodilló ante mí, su guapo rostro marcado por la desesperación, un anillo de diamantes sostenido entre sus dedos temblorosos. "Cásate conmigo".
Miré al hombre que había amado durante diecisiete años, el chico que había sido mi mundo entero. Luego, miré más allá de él, al hombre que estaba a mi lado, cuya mano descansaba suavemente en mi espalda.
Sonreí, una pequeña y triste curva en mis labios. "Mateo", dije, mi voz clara y firme, "ya estoy casada".
Hace un mes, mi mundo era de otro color. Estaba pintado en tonos de Mateo Reyes.
El Festival de Primavera del Tec estaba en pleno apogeo, el aire impregnado del olor a palomitas y a jacarandas en flor. Las risas y la música se arremolinaban a mi alrededor, pero yo solo tenía ojos para una persona. Mateo. Estaba de pie junto al escenario improvisado, el sol poniente atrapando los reflejos dorados de su cabello castaño, una sonrisa de confianza jugando en sus labios mientras hablaba con sus amigos de la fraternidad de negocios.
Era carismático, popular, el sol alrededor del cual orbitaban tantas personas. Y yo, Sofía Valdés, era solo una luna silenciosa, contenta de girar en su órbita, un secreto que había guardado desde que tenía diez años.
Éramos inseparables. El show de Sofía y Mateo, decían nuestros padres. Él era el aventurero, yo la precavida. Él era el que se raspaba las rodillas, y yo la que siempre tenía una curita lista. Él me veía como su hermana pequeña, un papel que yo interpretaba con estudiada facilidad, mientras mi corazón gritaba una verdad diferente.
"En serio, Reyes, ¿cuándo le vas a caer a Fabiola Garza?", le codeó juguetonamente uno de sus amigos, Leo.
Mi corazón dio un doloroso vuelco en mi pecho. Fabiola Garza. La reina indiscutible de la universidad, una influencer con un millón de seguidores y una fortuna que la respaldaba. Era todo lo que yo no era: atrevida, glamorosa y millonaria.
Mateo soltó una risa grave, un sonido que normalmente hacía que mi estómago se revolviera. Esta vez, se sintió como una piedra cayendo en un pozo. "Dame un respiro, güey. Estoy en eso".
"¿En eso? Amigo, la chava te ha estado dando luz verde durante meses", intervino otro amigo. "¿Cuál es el problema? No seguirás colgado de tu sombrita, ¿o sí?".
Se me cortó la respiración. Me encogí detrás de un gran roble, la corteza áspera clavándose en mis omóplatos. No debería estar escuchando. Esto era privado.
La voz de Mateo, cuando llegó, fue despectiva. "¿Sofía? No seas ridículo. Es como mi hermana. Es todo lo que será".
Hermana.
La palabra fue un golpe de martillo, destrozando la frágil casa de cristal de mis sueños. La había oído mil veces, pero esta vez, en el contexto de que él quería a otra persona, se sintió como una sentencia final.
"Bien", dijo Leo, dándole una palmada en la espalda. "Porque Fabiola es un partidazo. Su familia es dueña de medio San Pedro. Si la amarras, tienes la vida resuelta".
"No se trata de eso", dijo Mateo, con un toque de defensa en su tono. "Ella es... emocionante. Diferente".
Las palabras no dichas flotaban en el aire: Diferente a Sofía.
No necesité oír más. Me di la vuelta y huí, mi vista se nubló por las lágrimas que me negué a dejar caer. Encontré un rincón desierto detrás de la biblioteca del campus, un lugar donde las sombras eran profundas y reconfortantes. Me deslicé por la fría pared de ladrillo, llevándome las rodillas al pecho, y finalmente dejé que los sollozos sacudieran mi cuerpo.
Se había acabado. Una historia de amor que solo había existido en mi cabeza había llegado a su trágica conclusión.
Después de que las lágrimas cesaron, una fría determinación se instaló en mi pecho. Bien. Si solo me veía como una hermana, entonces eso sería. Enterraría mis sentimientos tan profundo que nunca los encontraría. Sonreiría, lo apoyaría y lo vería enamorarse de otra persona, aunque me matara.
Me arreglé la ropa, me limpié la cara y volví al festival, con una máscara cuidadosamente construida de alegre indiferencia firmemente en su lugar.
Más tarde esa noche, el mundo explotó en una lluvia de fuegos artificiales. Bajo el cielo resplandeciente, lo vi. Mateo estaba en medio del césped abarrotado, sosteniendo una única y perfecta rosa roja. Estaba mirando a Fabiola Garza, sus ojos brillando con una adoración que yo solo había soñado recibir.
/0/20015/coverorgin.jpg?v=b95f9c465873d05a3daa2c7e71ee7593&imageMogr2/format/webp)
/0/21144/coverorgin.jpg?v=c13a499fb294f661e242e86018b0da29&imageMogr2/format/webp)
/0/20194/coverorgin.jpg?v=dbf74b7fc021d694ed7f49677d51be6e&imageMogr2/format/webp)
/0/19658/coverorgin.jpg?v=c11139d028569fda64139973d9d45fa4&imageMogr2/format/webp)
/0/20492/coverorgin.jpg?v=9b67bf3a5cc93c2d62fb0463d112cacb&imageMogr2/format/webp)
/0/19112/coverorgin.jpg?v=902b5013a155d00e3b3b29861691851d&imageMogr2/format/webp)
/0/20780/coverorgin.jpg?v=06c62133ec801a3bc2a572353304fbcd&imageMogr2/format/webp)
/0/20766/coverorgin.jpg?v=42ef65c5504ce69da82c07ba4b825a49&imageMogr2/format/webp)
/0/21302/coverorgin.jpg?v=8985c4c5e9999644027eeef00aa0a627&imageMogr2/format/webp)
/0/22706/coverorgin.jpg?v=d9c7e4d8a5ab2b04a269e918e4d300b2&imageMogr2/format/webp)
/0/21025/coverorgin.jpg?v=9b3e4d4934d4c0ea4142d4c6b6e0b7f4&imageMogr2/format/webp)
/0/21477/coverorgin.jpg?v=817c0ed9f49aa15aa5a97fdc0bab12aa&imageMogr2/format/webp)
/0/21051/coverorgin.jpg?v=b41d18826ef4db13ba61936b22d42a12&imageMogr2/format/webp)
/0/21469/coverorgin.jpg?v=0562bedae1d922405805e77a3e059838&imageMogr2/format/webp)
/0/16462/coverorgin.jpg?v=f6bf3b4d9a93341faa846a52319865ad&imageMogr2/format/webp)
/0/21142/coverorgin.jpg?v=dddb040fe9ea07fe8f79b73a4350756f&imageMogr2/format/webp)
/0/17504/coverorgin.jpg?v=25c263ea23d31c7a4adc78343bf59d58&imageMogr2/format/webp)
/0/22361/coverorgin.jpg?v=7805954bdb7b30eca8caa1dc50dc3c1c&imageMogr2/format/webp)
/0/22187/coverorgin.jpg?v=c6699551d5a6753e362fa579cf203c2d&imageMogr2/format/webp)
/0/9037/coverorgin.jpg?v=517b4b649c3b07ea941cd3f0cb2281a6&imageMogr2/format/webp)