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El aire en el Pueblo de Sombra de Pino olía a pino, nieve derretida y, más importante, a la expectativa.
Me detuve en el umbral del Gran Salón, dejando que el murmullo de mi manada, mi Familia del Río Sombra, se filtrara a través de la madera. Podía escuchar los vítores, los tambores ceremoniales que marcaban el inicio del Festival de la Luna, y la ansiedad colectiva que flotaba en el ambiente. Hoy era el día. El día en que la Diosa de la Luna supuestamente enviaría a mi mate, a la otra mitad de mi alma, al hombre destinado a compartir el peso de esta Corona de Alfa.
Mi propia ansiedad era una cosa fría, pequeña y casi insignificante comparada con el peso del liderazgo que ya llevaba sobre mis hombros.
A mis veinticuatro años, era la Alfa, no por herencia, sino por la fuerza que forjé yo misma, una fuerza que me costó sangre y que se grabó en cada músculo. Vestida con una túnica de lana oscura que acentuaba la línea de mi cintura y mis hombros fuertes, me sentía más como una guerrera lista para la batalla que como una novia.
Ajusté mi cabello negro y lacio en una trenza apretada. Mis ojos color ámbar se encontraron con su reflejo en la ventana. No había duda: eran los ojos de una depredadora, no de una doncella soñadora.
-Destiny -La voz grave de Uriel, mi Beta principal, resonó a mis espaldas-. Es hora. Tu manada espera.
Me giré, mi expresión perfectamente neutral. Uriel era casi el doble de mi edad, un hombre leal cuya lealtad era un ancla.
-¿Algún problema con las manadas visitantes? -Mi tono era profesional, cortante, sin espacio para la emoción.
-Solo la emoción habitual -respondió Uriel, una leve sonrisa arrugando las comisuras de sus ojos-. Los Alfas del Oeste y del Este han enviado a sus emisarios, como es costumbre. Pero nadie espera que hoy se selle una unión política. Hoy es solo por ti, Destiny. Por la Marca.
Su uso del término "solo por ti" me resultó irónico. Este festival nunca había sido solo por mí. Era un ritual de poder, una necesidad biológica y social. Un Alfa debe tener un mate para asegurar la paz, la descendencia fuerte y, sobre todo, para evitar la soledad que amenaza con devorar a quienes tienen tanto poder.
En los últimos años, he dormido sola. He tomado decisiones sola. He luchado sola. Mi cama es grande y fría, y aunque puedo llenarla con quien quiera, nunca he permitido que nadie se quede. El Alfa debe ser inquebrantable, y la intimidad puede ser una debilidad fatal.
Pero la Luna promete que el mate no es una debilidad; es la fuerza complementaria.
Un solo hombre, pensé, dejando que una respiración profunda relajara mis tensos hombros. Un hombre que te entienda sin palabras.
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