Los Dos Mates de la Alfa Destiny

Los Dos Mates de la Alfa Destiny

Claudia Navarrete

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Capítulo

Destiny Thomson, Alfa indomable, es la víctima de un error celestial: la Luna le otorga dos mates Alpha. Kraven Smith, el Alfa tradicional, exige posesión exclusiva, desatando una tormenta de celos primales y una pasión dominante. Por otro lado, Gael Palvin, el Alfa carismático, desafía la ley lobuna con una sensualidad libre y peligrosa. ​Atrapada en un dramático conflicto erótico, con su cuerpo y corazón divididos, Destiny debe negociar la posesión de ambos hombres. Lucha por forjar una poderosa Triple Manada, demostrando que la ley del destino a veces debe ser reescrita por el deseo.

Capítulo 1 El día esperado

El aire en el Pueblo de Sombra de Pino olía a pino, nieve derretida y, más importante, a la expectativa.

Me detuve en el umbral del Gran Salón, dejando que el murmullo de mi manada, mi Familia del Río Sombra, se filtrara a través de la madera. Podía escuchar los vítores, los tambores ceremoniales que marcaban el inicio del Festival de la Luna, y la ansiedad colectiva que flotaba en el ambiente. Hoy era el día. El día en que la Diosa de la Luna supuestamente enviaría a mi mate, a la otra mitad de mi alma, al hombre destinado a compartir el peso de esta Corona de Alfa.

Mi propia ansiedad era una cosa fría, pequeña y casi insignificante comparada con el peso del liderazgo que ya llevaba sobre mis hombros.

A mis veinticuatro años, era la Alfa, no por herencia, sino por la fuerza que forjé yo misma, una fuerza que me costó sangre y que se grabó en cada músculo. Vestida con una túnica de lana oscura que acentuaba la línea de mi cintura y mis hombros fuertes, me sentía más como una guerrera lista para la batalla que como una novia.

Ajusté mi cabello negro y lacio en una trenza apretada. Mis ojos color ámbar se encontraron con su reflejo en la ventana. No había duda: eran los ojos de una depredadora, no de una doncella soñadora.

-Destiny -La voz grave de Uriel, mi Beta principal, resonó a mis espaldas-. Es hora. Tu manada espera.

Me giré, mi expresión perfectamente neutral. Uriel era casi el doble de mi edad, un hombre leal cuya lealtad era un ancla.

-¿Algún problema con las manadas visitantes? -Mi tono era profesional, cortante, sin espacio para la emoción.

-Solo la emoción habitual -respondió Uriel, una leve sonrisa arrugando las comisuras de sus ojos-. Los Alfas del Oeste y del Este han enviado a sus emisarios, como es costumbre. Pero nadie espera que hoy se selle una unión política. Hoy es solo por ti, Destiny. Por la Marca.

Su uso del término "solo por ti" me resultó irónico. Este festival nunca había sido solo por mí. Era un ritual de poder, una necesidad biológica y social. Un Alfa debe tener un mate para asegurar la paz, la descendencia fuerte y, sobre todo, para evitar la soledad que amenaza con devorar a quienes tienen tanto poder.

En los últimos años, he dormido sola. He tomado decisiones sola. He luchado sola. Mi cama es grande y fría, y aunque puedo llenarla con quien quiera, nunca he permitido que nadie se quede. El Alfa debe ser inquebrantable, y la intimidad puede ser una debilidad fatal.

Pero la Luna promete que el mate no es una debilidad; es la fuerza complementaria.

Un solo hombre, pensé, dejando que una respiración profunda relajara mis tensos hombros. Un hombre que te entienda sin palabras.

Me concentré en lo que el vínculo de mate significaba a nivel físico, en la sensualidad cruda que la Diosa prometía. El olor. La Luna dice que la primera vez que un Alfa huele a su mate, el mundo se detiene. El aroma es un afrodisíaco personalizado, una llave que desbloquea una pasión que solo se siente una vez. Imaginaba a ese hombre, fuerte y digno, cuyo olor se mezclaría con el mío a pino y nieve, creando un perfume de dominio conjunto.

Y luego estaba el toque. La idea de que solo ese hombre podía tocar mi piel y encender la llama completa de mi loba interior. Un toque que no solo sería de placer, sino de reconocimiento.

Me prometí que, al menos hoy, me permitiría soñar con la promesa de la Luna.

-Bien -dije finalmente, mi voz firme-. Entonces vamos a darles lo que esperan. Que se haga la luz y que los tambores no paren hasta el amanecer.

Caminé hacia la entrada, y la gran puerta de roble se abrió ante mí con un sutil crujido.

El calor de las velas, el olor a carne asada y el poderoso aroma de la manada me golpearon con una fuerza reconfortante.

Todos hicieron una reverencia simultánea, y el silencio se apoderó de la sala, un silencio que solo el Alfa puede imponer.

Crucé la sala principal, notando los rostros de mis lobos. Ellos me veían como su protectora, su guía. Hoy, esperaban verme como una mujer completa.

Subí los cinco escalones hasta el dais de ceremonia. Desde mi posición, podía ver el claro del bosque, iluminado por una luna casi llena, pero no completamente llena todavía. La noche de la Marca estaba a punto de comenzar.

Mientras me sentaba en mi trono tallado en raíz, me permití una última reflexión: La Luna es sabia. Ella sabe que mi loba es indomable y que, para aceptarlo, mi mate debe ser un hombre de poder, capaz de estar a mi lado, no detrás de mí.

Mi mente estaba preparada para la unión. Mi cuerpo estaba listo para la Marca. Me senté, esperando al único hombre que completaría mi alma.

Los tambores comenzaron de nuevo, más fuertes, más rápidos. El ritual había comenzado. Dentro de las próximas horas, mi mate estaría aquí. Uno. Mi destino estaba sellado.

Y yo estaba terriblemente equivocada.

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