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Ya eran más de las nueve y Javier sabía que su esposa debía estar esperándolo en este momento. Con un suspiro, salió del auto que acababa de estacionar en su garaje.
Esa tarde, llamó a su esposa, Greta para decirle que llegaría tarde a casa debido a una reunión de negocios a la que tenía que asistir. Pero la verdad era que no había ninguna y él le había estado mintiendo durante meses.
Todas esas veces, fingió que estaba trabajando horas extras y las pasó con su amante.
Durante los últimos meses, se sintió completo y vivo de nuevo. Conoció a otra mujer que puede hacerlo sentir bien y puede hacerlo feliz.
A diferencia de Greta, su esposa, en la que había perdido interés.
Hoy, finalmente tomó la decisión de divorciarse de ella. No tenia sentido quedarse con ella en un matrimonio sin amor. Una vez que se divorcien, será libre para amar y casarse con Meredith.
Meredith le había estado rogando que dejara a su esposa. Diciéndole que no necesitaría separarse de ella una vez que se divorciara de Greta.
A decir verdad, sintió pena por la mujer que ha sido su esposa durante cinco largos años. Sintió pena por Greta, que todavía pensaba que estaban felizmente casados.
De pie frente a la puerta, Javier dudó por un momento, preguntándose una vez más si esto es lo mejor que debería hacer. Sacudiendo la cabeza para sacar las dudas de su mente, abrió la puerta.
Él estaba en lo correcto, Greta lo estaba esperando como de costumbre. Estaba sentada en la sala de estar, viendo un programa de comedia, todavía con su ropa de trabajo que apestaba a pintura.
Greta era una artista muy conocida, y la mayor parte de sus ganancias terminaban en organizaciones benéficas y orfanatos.
Su cabello era un desastre. El olor a pintura persiste en su ropa. Se veía tan simple a diferencia de Meredith. Ella siempre olía bien y era hermosa a sus ojos.
"¡Bienvenido a casa, cariño!" Greta lo saludó felizmente cuando lo vio en la puerta.
Ella se acercó a él y lo ayudó a quitarse el abrigo. "¿Cómo estuvo tu reunión?" ella preguntó.
"Estuvo bien. No pasó nada especial". Mentiras.
"¿Tienes hambre? Puedo recalentar la cena si quieres. ¿Por qué no te duchas primero mientras lo hago?" ella dijo con una sonrisa.
Javier no le dijo nada. No tenía hambre, ya habia cenado con Meredith antes y no podía decirle a su esposa que estaba harto de fingir que todo estaba bien cada vez que la veía sonreír.
Pero aun así, él no dijo nada e hizo lo que ella le dijo que hiciera.
Por última vez, acompañó a su esposa a cenar. Comieron en silencio, algo a lo que ambos ya se han acostumbrado. Tan pronto como terminó su comida, la dejó en la mesa del comedor y se fue a su dormitorio.
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