/0/19409/coverorgin.jpg?v=cd4067e10657fb3d12e50316239aeb40&imageMogr2/format/webp)
Durante trece años, me partí el lomo por mi novio, Ángel. Estábamos a solo diez mil pesos de nuestra meta de dos millones para una casa y una boda.
Entonces llegó esa llamada frenética a mitad de la noche. Su tía necesitaba un millón de pesos para una cirugía que le salvaría la vida. Le envié todos los ahorros de nuestra vida sin pensarlo dos veces.
Pero cuando me caí y me lastimé corriendo hacia el hospital, me dijo que estaba ocupado y me colgó. Lo encontré allí, no en urgencias, sino en un ala privada, mimando a su amante influencer por un esguince de tobillo. Mi dinero era para ella.
Él no era un artista en apuros; era un millonario en secreto que me había usado como su cajero automático personal durante más de una década. Cuando lo confronté, filtró mis fotos privadas al mundo, pintándome como una ex desequilibrada para proteger su nueva vida.
Me dejó en la ruina, humillada y herida en la calle. Creyó que había ganado.
Pero se olvidó de quién era yo.
Tomé el teléfono y llamé a mi madre, la directora ejecutiva de Grupo Mayli.
—Mamá —dije, con la voz firme—. Estoy lista para aceptar tu oferta.
Capítulo 1
Trece años. Ese es el tiempo que le di a Ángel para que me eligiera, para que construyéramos un futuro, para que finalmente dijera "acepto". Un futuro que ahora dependía de una cifra única e imposible: dos millones de pesos. Era un objetivo al que nos habíamos estado acercando poco a poco, una suma en la que había invertido mi vida, cada centavo ganado con músculos adoloridos y una esperanza cada vez menor.
—Sofía, mi amor, soy Adriana otra vez —la voz de mi madre, nítida e inflexible, interrumpió el raro silencio de mi departamento.
Otra llamada de martes. Otro recordatorio amable pero firme de que mi reloj biológico sonaba más fuerte que el reloj de la catedral.
—¿Sigues con ese… Ángel? Tienes treinta y tres años, mi vida. No te estás haciendo más joven. Sabes que hay expectativas.
Me apreté el puente de la nariz, un dolor de cabeza familiar floreciendo detrás de mis ojos.
—Mamá, ya hemos hablado de esto. Ángel y yo estamos trabajando para lograr algo. Tenemos un plan.
Un suspiro.
—Un plan que ha estado "en proceso" durante más de una década. ¿Cuándo vas a exigir más, Sofía? Te mereces más.
Tenía razón, por supuesto. Siempre la tenía. Pero no podía admitirlo. Todavía no.
Hacía dos meses, finalmente había llegado a mi límite.
—Ángel —le había dicho, con la voz temblorosa pero firme—, tengo treinta y tres años. Mis amigas están teniendo su segundo hijo. Nuestro objetivo era una casa, una vida juntos. Dijiste que nos casaríamos cuando alcanzáramos los dos millones de pesos para el enganche. Ya casi llegamos. Necesitamos fijar una fecha. Una fecha real. O… se acabó.
Se había quedado en silencio, con la mirada perdida, fija en la pantalla parpadeante de su laptop. Siempre parecía tan intenso cuando estaba "trabajando" en sus aplicaciones, el próximo gran éxito que nunca terminaba de despegar. El silencio se extendió, denso y pesado entre nosotros. Mi corazón martilleaba contra mis costillas, listo para hacerse añicos.
Luego había asentido lentamente.
—Tienes razón, Sofía. Te mereces eso. Hagámoslo. En cuanto lleguemos a los dos millones, te pondré un anillo en el dedo. Te lo prometo.
El alivio me había inundado, tan potente que casi me mareó. Una promesa real. Un objetivo tangible. Casi le había creído. Incluso empezó a hablar del tipo de boda que tendríamos, pequeña e íntima, justo como siempre quise. Habló del futuro como si finalmente estuviera a nuestro alcance, a mi alcance.
Pero entonces, apenas unas semanas después, ocurrió la "catástrofe". El juego independiente de Ángel, en el que había estado invirtiendo todo su tiempo y mi dinero, fue acusado de infringir los derechos de autor. Un desarrollador rival afirmó que había robado su código, sus mecánicas de juego únicas. Internet, como siempre, estalló. De la noche a la mañana, Ángel pasó de ser "brillante pero con mala suerte" a "plagiador tramposo".
La demanda, presentada rápidamente, exigía una cantidad obscena de dinero. Más de lo que él podría esperar ganar con sus proyectos fallidos. Más incluso que nuestros meticulosamente ahorrados un millón ochocientos mil pesos. Fue un golpe perfectamente sincronizado y devastador.
—Están tratando de arruinarme, Sofía —había dicho con la voz ahogada, los ojos desorbitados por el pánico—. Mi reputación, mi carrera… todo.
Mi corazón, siempre blando con él, se retorció de compasión. Sabía cuánto significaba esto para él. Sabía lo duro que "trabajaba". Así que yo me hice cargo. Siempre había sido la estable, la confiable, la que se aseguraba de que la renta estuviera pagada y hubiera comida en la mesa. Pero ahora, no se trataba solo de cubrir gastos. Se trataba de reconstruir.
Nuestra cuenta de ahorros conjunta, que antes era un faro de esperanza, ahora disminuía más rápido de lo que podía reponerla. Tenía honorarios de abogados, "negociaciones de acuerdo" que requerían efectivo y el malestar general de un artista "arruinado". Vi cómo las cifras bajaban con un pavor nauseabundo que se enroscaba en mi estómago. Tan cerca. Dolorosamente cerca de esos dos millones.
/0/21614/coverorgin.jpg?v=da2af8c11e58d7f631a797dae1e8a8b1&imageMogr2/format/webp)
/0/21578/coverorgin.jpg?v=d6df07fb9b6dbd09e2ada0abf5241a19&imageMogr2/format/webp)
/0/17939/coverorgin.jpg?v=2aa62e9b36a9f620babbf42144410a70&imageMogr2/format/webp)
/0/19345/coverorgin.jpg?v=02a18e263eab0f1722218b759ea2387c&imageMogr2/format/webp)
/0/15871/coverorgin.jpg?v=8dffafee6d7158c84cfbeb71eba72a86&imageMogr2/format/webp)
/0/4419/coverorgin.jpg?v=79e8e065ad98bacc517c0261fb96555c&imageMogr2/format/webp)
/0/15991/coverorgin.jpg?v=142a66caaccb8cd8264234845a6f1c3b&imageMogr2/format/webp)
/0/7095/coverorgin.jpg?v=0a7afa8e7890f036214b18a9ece736f8&imageMogr2/format/webp)
/0/5714/coverorgin.jpg?v=70ee480afd05d8819205d07592379990&imageMogr2/format/webp)
/0/7194/coverorgin.jpg?v=e4ef82c8d513ac6df2c0127b54ba6637&imageMogr2/format/webp)
/0/19797/coverorgin.jpg?v=ee5c0a97ae106d1d577103dae9631fa8&imageMogr2/format/webp)
/0/16986/coverorgin.jpg?v=58dc3a351d03a3742fda4c8e5622ff57&imageMogr2/format/webp)
/0/19722/coverorgin.jpg?v=53d2ef141649ea280d95847c00ca5d09&imageMogr2/format/webp)
/0/21528/coverorgin.jpg?v=d308f4ab91af37b84dba6a3ef103eaae&imageMogr2/format/webp)
/0/4314/coverorgin.jpg?v=0db318ae197827b97b1fe660fc5f81d9&imageMogr2/format/webp)
/0/6731/coverorgin.jpg?v=2c571ca944aad1365f40bcf7cf9553ef&imageMogr2/format/webp)
/0/19918/coverorgin.jpg?v=80e01da4e809baa037ed4e8f68fc6cbd&imageMogr2/format/webp)
/0/12596/coverorgin.jpg?v=1954266b24fc32f3dd828ae6d244bd49&imageMogr2/format/webp)
/0/12086/coverorgin.jpg?v=8330cf766705aa54e8ef8840c214d4b2&imageMogr2/format/webp)
/0/17220/coverorgin.jpg?v=41e2ed828511d645ff8b10a514bfbb16&imageMogr2/format/webp)