/0/15155/coverorgin.jpg?v=3937971bbaf76870a150027a33cf1d35&imageMogr2/format/webp)
AURORA
Estoy recostada en mi cama con la respiración acelerada y mis mejillas empapadas, tratando de tranquilizarme, pero sé que no podré hacerlo.
Esto se ha vuelto constante; todas las noches es lo mismo: el recuerdo desgarrador de aquellos días no me deja en paz. Es como si lo volviera a vivir y se siente tan real. Pero basta. Hasta ahora he salido adelante; sé que soy fuerte y, aunque esto me debilita, no me derrumbaré.
Así que, sin pensarlo dos veces, me pongo de pie. Aún está oscuro, lo que quiere decir que es de madrugada. Volteo los ojos con fastidio, pues sé que ya no podré dormir más. Tomo mi celular y veo la hora: 4:30. Pero lo que me hace sonreír es un mensaje de mi hermano: "Duerme bien, princesa". Con solo esas palabras, él hace que mi corazón se tranquilice. Mi príncipe es lo único que me queda en esta vida y lo amo con todo mi ser, bueno mi príncipe, Tomás, mi nani, y mi mejor amigo.
Ellos son los que han logrado llenar mi vida de luz después de tanta oscuridad. Suspiro y lanzo el teléfono hacia la cama.
Extraño a mi príncipe como una loca, pero sé que un día de estos le dare la sorpresa de que vuelvo a casa, o al menos eso espero.
Me meto a la ducha y el agua caliente hace que mis músculos tensos se relajen. El agua golpea mi rostro y siento un poco de paz al saber que ahora mi vida es tranquila, que ahora estoy bien y con la determinación de que jamás me volveré a enamorar. Jamás nadie me volverá a lastimar, nunca.
Después de permanecer más tiempo del habitual, salgo de la ducha y voy directo al vestidor. Coloco mi ropa deportiva; necesito hacer ejercicio, sentirme más fuerte de lo que ya soy. Así que, sin pensarlo más, me dirijo hacia mi pequeño gimnasio.
Apenas veo el costal colgando del techo, me pongo los guantes de box y empiezo a golpearlo una y otra y otra vez. Mis golpes, con la práctica, se han vuelto más fuertes y mis movimientos mucho más rápidos. Golpeo el costal incontables veces; el sudor escurre por mi rostro. Puedo sentir cómo todo el coraje y odio que tengo lo descargo aquí.
Cuando por fin me detengo, sonrío con mi respiración agitada y niego por lo que viene a mi mente: ahora sí, al enfrentar al hombre que hace mis días una tortura. Aunque no como todos piensan, camino hacia mi habitación. Cuando ingreso, veo el reloj y, mierda, se ha hecho muy tarde.
Creo que estas terapias con el costal hacen que me olvide de todo. Así que, lo más rápido que puedo, me doy una ducha y corro hacia el vestidor, solamente enredada en una toalla. Cuando estoy buscando que ponerme, sin darme cuenta, la toalla cae al piso y de inmediato mi mirada cae en el enorme espejo que tengo frente a mí. Cuando veo lo que está frente a él, acaricio cada una de mis cicatrices. Algunas son más notorias que otras, pues he colocado algunos tatuajes en las más dolorosas.
Una lágrima baja por mi mejilla, pero yo de inmediato la limpio. No, no voy a vivir del pasado. Esto solo me muestra que tan fuerte puedo ser. Me doy la vuelta para dejar de verme y tomo entre mis manos un hermoso vestido negro. Jamás lo he llevado al trabajo, pues marca cada curva de mi cuerpo y no quiero que las personas piensen que quiero seducir al pesado de mi jefe.
Ni que estuviera loca; ese hombre es un bulldog. Jamás sonríe. Me he preguntado últimamente si tendrá dientes o será esa la razón de él, porque jamás lo hace. Me encojo de hombros, restándole importancia, pero estoy segura de que algún día lo averiguaré.
Cuando salgo de mi habitación, camino hacia la cocina. Mi Nani ya me tiene mi desayuno listo. Aunque es un poco tarde, no puedo dejarlo ahí sin probar bocado; esa mujer me mataría. Así que me acerco a ella y le dejo un beso en su mejilla. Ella me sonríe con ternura, pero su sonrisa se borra, alza una ceja y se cruza de brazos.
-¿Otra vez esas pesadillas, cierto?
Yo le sonrío, pero mis labios apenas son una fina línea y asiento.
-Sí, pero no te preocupes por nada. Te juro que estoy bien.
Empezamos a desayunar en completo silencio. Sé que no está convencida de mis palabras, pues me conoce perfectamente, pero tampoco quiero preocuparla por algo que seguirá pasando. Cuando termino de desayunar, me pongo de pie. Ella coloca una rebanada de postre. Yo abro los ojos y empiezo a negar.
/0/20607/coverorgin.jpg?v=5689588627c3d961b6e38ed618fac51d&imageMogr2/format/webp)
/0/22206/coverorgin.jpg?v=abb3081dd33b7f023d605f545fd0333b&imageMogr2/format/webp)
/0/5552/coverorgin.jpg?v=28ef973397c4328a1d303262df2f4102&imageMogr2/format/webp)
/0/18424/coverorgin.jpg?v=489ecf95ee5b95f1642fd7a69f09103f&imageMogr2/format/webp)
/0/17413/coverorgin.jpg?v=da411624f71b1d45aaf7f46de1c7bea8&imageMogr2/format/webp)
/0/336/coverorgin.jpg?v=814abcccb3a941bd75370bba67a0dad1&imageMogr2/format/webp)
/0/20643/coverorgin.jpg?v=84afe9130ab48a8a69074f04c1f273a9&imageMogr2/format/webp)
/0/11917/coverorgin.jpg?v=20250115171138&imageMogr2/format/webp)
/0/7860/coverorgin.jpg?v=f8f4fd0d4fa78f84de310c3fecb12efd&imageMogr2/format/webp)
/0/12766/coverorgin.jpg?v=577f3c30b5c194d3127a7068a5bf8a09&imageMogr2/format/webp)
/0/21300/coverorgin.jpg?v=ab8a55d89ad509e22a548453163d9817&imageMogr2/format/webp)
/0/17598/coverorgin.jpg?v=b003674ff8267dc2d8edbaabd56ec2a1&imageMogr2/format/webp)
/0/18284/coverorgin.jpg?v=c48bc05458c5219e9cc56e29b5b604e8&imageMogr2/format/webp)
/0/155/coverorgin.jpg?v=fb9e00ed8238e1104e78938ee62f782a&imageMogr2/format/webp)
/0/12451/coverorgin.jpg?v=90c020a848e386f22e56235f36d1def7&imageMogr2/format/webp)
/0/2811/coverorgin.jpg?v=b2fcce676ba9e5ff0a31c324750d7c9c&imageMogr2/format/webp)
/0/9565/coverorgin.jpg?v=d7214ea9824ca1d7d63594a99f74a271&imageMogr2/format/webp)
/0/18454/coverorgin.jpg?v=6a80af27c084e0847728052599b28976&imageMogr2/format/webp)
/0/6733/coverorgin.jpg?v=f55d58a0eb956a4692f1dc65f8c75f71&imageMogr2/format/webp)