/0/14250/coverorgin.jpg?v=ac067959868e92fe5d9d97d07fff8227&imageMogr2/format/webp)
Sobreviví cinco años de infierno en una simulación de fosas abisales. Finalmente escapé, destrozada, hecha pedazos. Luché por volver por una sola razón: mi prometido, Damián. Pero cuando lo encontré, me encerró en una cueva y me abandonó para que muriera.
—Solo tres días más, Eva —suplicó, mientras su mano sostenía la de mi exasistente, que ahora estaba embarazada—. Nuestra boda es el sábado.
Mis propios padres, que la habían adoptado como su nueva hija, se tragaron sus mentiras de que yo era un monstruo. Vieron cómo Damián me rompía el tobillo y la mano, y cómo mi padre me reventaba las costillas.
Me dejaron ahí, dándome por muerta. Sola y atrapada. Después de cinco años aferrándome a su recuerdo.
Pero no morí. Fui rescatada por un benefactor misterioso que me dio una nueva vida y borró mi dolor. Un año después, cuando un Damián carcomido por la culpa me rastreó, rogándome una segunda oportunidad, sonreí con malicia. Ahora era mi turno de jugar.
Capítulo 1
Mi vida, o lo que quedaba de ella, terminó el día que lo encontré de nuevo. Cinco años. Cinco años de un infierno absoluto para volver a un mundo que ya no me quería.
El sumergible había desaparecido. En un instante, las corrientes del océano profundo eran una danza de sombras y luz. Al siguiente, una sacudida violenta nos estremeció y el abismo se lo tragó todo. Lo llamaron una anomalía. Yo lo llamé un nuevo comienzo. Mi comienzo.
Damián, mi prometido, mi roca, debió de haberse quebrado por mi pérdida. Y así fue. Escuché las historias más tarde, susurradas en las frías y estériles habitaciones de mi recuperación. Intentó acabar con todo. Un corte desesperado y profundo en su muñeca, una promesa carmesí de seguirme a las profundidades.
Les juró a mis padres, con los ojos húmedos y rojos, que pasaría cada momento, cada centavo, los siguientes cinco años de su vida, buscándome. Les dijo que preferiría morir antes que vivir sin mí. Su voz, rota por el dolor, resonaba en los pasillos vacíos de su casa. Mis padres, destrozados por la supuesta muerte de su hija, se aferraron a sus palabras como a un salvavidas.
—Cinco años —dijo con la voz ahogada, su mano temblando mientras agarraba el brazo de mi padre—. Si no la encuentro, no me volverán a ver jamás.
/0/20785/coverorgin.jpg?v=5fa390933c6151df13dad711db659046&imageMogr2/format/webp)
/0/18104/coverorgin.jpg?v=f6580778576ad6a01da24d47296ad4aa&imageMogr2/format/webp)
/0/21211/coverorgin.jpg?v=944d6c519446f9bbf3788779e6ab05ab&imageMogr2/format/webp)
/0/22897/coverorgin.jpg?v=bf24cd48330d03a0a0253cf901c60aca&imageMogr2/format/webp)
/0/17979/coverorgin.jpg?v=91f2ae3bf72c4b84d32c55fb87422f1e&imageMogr2/format/webp)
/0/16357/coverorgin.jpg?v=8a0dcf9a7f07023f4c64ccde74ee2cd1&imageMogr2/format/webp)
/0/14689/coverorgin.jpg?v=03ae4921e7199f5b51aec2c1bdcf64b6&imageMogr2/format/webp)
/0/16998/coverorgin.jpg?v=c91add01406c57d1cef4e6e3769d9713&imageMogr2/format/webp)
/0/10618/coverorgin.jpg?v=daa647058eef5777295d42cc38fbdc43&imageMogr2/format/webp)
/0/2723/coverorgin.jpg?v=5fd6e34bfff87d748a116f2e56e70946&imageMogr2/format/webp)
/0/17160/coverorgin.jpg?v=fed7561992c48dbba7e125e081ca3c9a&imageMogr2/format/webp)
/0/4783/coverorgin.jpg?v=6595cabbaf5108d0c076dce8ed74c627&imageMogr2/format/webp)
/0/17278/coverorgin.jpg?v=e902919808bef1050c08b3b5ecae9a81&imageMogr2/format/webp)
/0/18041/coverorgin.jpg?v=8acc85e0fb0d03bd6fc09740629402d3&imageMogr2/format/webp)
/0/18129/coverorgin.jpg?v=c6488fc5a2ff6ee4dc74dc296b2da6e4&imageMogr2/format/webp)
/0/20772/coverorgin.jpg?v=746ef1c428a645ac37b3795900909688&imageMogr2/format/webp)
/0/17656/coverorgin.jpg?v=b71d629486dd9dfc4f27f1530940f67d&imageMogr2/format/webp)
/0/21019/coverorgin.jpg?v=f2e763a696063f18c4c59ddf56e23db8&imageMogr2/format/webp)
/0/5552/coverorgin.jpg?v=28ef973397c4328a1d303262df2f4102&imageMogr2/format/webp)
/0/18950/coverorgin.jpg?v=db15f43e2751f42aa15ad92fc49a13b8&imageMogr2/format/webp)