/0/16860/coverorgin.jpg?v=7f382025fc60146745544f13b5ba5968&imageMogr2/format/webp)
Siete días antes de mi boda, un correo anónimo me llevó a un sitio exclusivo para miembros llamado "La Guarida".
El video era crudo y explícito. El hombre con la máscara de lobo, con esa mandíbula tan familiar y sus movimientos seguros, era mi prometido, Damián.
Pero el verdadero golpe al estómago fue reconocer a la mujer que estaba con él: mi mejor amiga y dama de honor, Catalina.
Su traición se convirtió en una pesadilla: un accidente de auto planeado que me costó la vida de nuestro hijo no nacido. Pronto descubrí que Damián nunca me amó; me había propuesto matrimonio solo por las conexiones de mi familia para financiar su startup.
Mi mundo entero no era solo una mentira; era un plan frío y calculado que me había dejado rota y sin mi hijo.
Creían que me lo habían quitado todo.
Estaban equivocados. Acababan de darme una razón para prenderle fuego a su mundo hasta los cimientos.
Capítulo 1
POV Elena:
Mi celular vibró con un correo anónimo. Casi lo borro —seguramente era spam—, pero el asunto, "Un Mensaje Solo Para Ti, Elena", me llamó la atención, como un susurro extraño e inquietante en medio del ruido digital. La curiosidad, un rasgo peligroso que poseía en abundancia, me hizo abrirlo.
Apareció un enlace, austero y azul. "La Guarida". Prometía algo exclusivo, solo para miembros. Mis dedos dudaron, pero al final hicieron clic.
La pantalla explotó en color y luego en movimiento. Crudo, explícito, visceral. Cuerpos entrelazados, movimientos de los que instintivamente me aparté. Se me cortó la respiración.
El sitio se llamaba "La Guarida", todo con una estética oscura y nombres de usuario clandestinos. Cada video era un bucle de parejas, sus rostros ocultos por grotescas máscaras de animales. Lobos, zorros, osos. Era un carnaval de lo perverso, un mundo secreto que nunca supe que existía.
Y entonces, lo vi. Un hombre con una máscara de lobo. La forma en que echaba los hombros hacia atrás al moverse, el empuje confiado de su cadera, el timbre profundo de su voz mientras murmuraba algo ininteligible. Y esa mandíbula, afilada, casi depredadora. Era Damián. Tenía que ser Damián. Mi prometido. El hombre con el que me iba a casar en siete días.
Las náuseas me revolvieron el estómago, amenazando con derramarse sobre mi escritorio meticulosamente organizado. Estaba en el trabajo, rodeada de muestras de tela y planos arquitectónicos, tratando de diseñar un sueño para otra persona. Mi propio sueño se estaba haciendo añicos. Forcé una sonrisa cuando mi asistente se asomó, su rostro era una mancha borrosa.
La imagen de esa máscara de lobo, la curva familiar de su espalda, se repetía en mi mente. Era una pesadilla que estaba viviendo a plena luz del día. Mis manos temblaban tanto que ni siquiera podía trazar una línea recta. Tenía que saberlo.
—No me siento bien —le dije a mi asistente, mi voz más débil de lo que pretendía—. Creo que necesito irme a casa.
La ciudad afuera era un borrón mientras conducía, mi mente acelerada, un hámster frenético en una rueda. El impulso de descartarlo, de llamarlo una broma cruel, era abrumador. No podía ser él. ¿O sí?
De vuelta en el silencio estéril de mi departamento, volví a abrir el enlace, con el corazón martilleándome en las costillas. Tomé mi celular, el contacto de Damián ya seleccionado, mi dedo a un milímetro de llamarlo.
/0/20772/coverorgin.jpg?v=746ef1c428a645ac37b3795900909688&imageMogr2/format/webp)
/0/18950/coverorgin.jpg?v=db15f43e2751f42aa15ad92fc49a13b8&imageMogr2/format/webp)
/0/4734/coverorgin.jpg?v=f284e90d4f2cb50f3e95be1619a560e0&imageMogr2/format/webp)
/0/12664/coverorgin.jpg?v=25f517bcf1a7934d451423d0fa08350e&imageMogr2/format/webp)
/0/21019/coverorgin.jpg?v=f2e763a696063f18c4c59ddf56e23db8&imageMogr2/format/webp)
/0/21211/coverorgin.jpg?v=944d6c519446f9bbf3788779e6ab05ab&imageMogr2/format/webp)
/0/18104/coverorgin.jpg?v=f6580778576ad6a01da24d47296ad4aa&imageMogr2/format/webp)
/0/21475/coverorgin.jpg?v=9b8bd0e89fce511709fd549c5bc1efa7&imageMogr2/format/webp)
/0/18784/coverorgin.jpg?v=2edc4b7d6adf9b8d0013bd0cec1f0c12&imageMogr2/format/webp)
/0/17498/coverorgin.jpg?v=5f86d7c529779ea78d99f73c0dbd9ab4&imageMogr2/format/webp)
/0/22897/coverorgin.jpg?v=bf24cd48330d03a0a0253cf901c60aca&imageMogr2/format/webp)
/0/17232/coverorgin.jpg?v=c02bb8a10ba2a6d4a18d9645d13361d4&imageMogr2/format/webp)
/0/20139/coverorgin.jpg?v=12232b2c467d2ef2b9d3bb29d35e9905&imageMogr2/format/webp)
/0/13718/coverorgin.jpg?v=d583771a3284fc7a3a28a054b75092d1&imageMogr2/format/webp)
/0/323/coverorgin.jpg?v=ee092f97ef7a14e904d87b51b01d43c7&imageMogr2/format/webp)
/0/19546/coverorgin.jpg?v=6e9029f9dcf5f6e2c363d9bcd07340f7&imageMogr2/format/webp)
/0/19801/coverorgin.jpg?v=b6164a5fc3f35471ca2fcb98dc57c136&imageMogr2/format/webp)
/0/14360/coverorgin.jpg?v=b62b01b44e7781ef7e1ddb8dddeaf6b6&imageMogr2/format/webp)
/0/23118/coverorgin.jpg?v=fe9a4f55c50d04e99552197f27f189c0&imageMogr2/format/webp)