/0/24513/coverorgin.jpg?v=14db15a65abbab8216646d53ec7e6d01&imageMogr2/format/webp)
El aire acondicionado del Hospital Metropolitano golpeaba mi rostro, pero no lograba enfriar el ardor de mis nervios. Cuatro años. Habían pasado exactamente cuatro años desde la última vez que pisé una facultad de medicina, desde la última vez que permití que alguien viera mi vulnerabilidad.
—Dra. Harrington, ¿está conmigo o sigue en el taxi? —Thiago Sterling, mi compañero de residencia, me dio un pequeño empujón con el hombro. Él rebosaba la energía típica de quien no ha dormido, pero está cumpliendo un sueño—. Vamos, Zoe, hoy dejamos de ser estudiantes para ser dioses con bata.
—Solo intenta no matar a nadie en tu primer día, Thiago —respondí con una sonrisa forzada, apretando la correa de mi bolso.
El vestíbulo era un caos de camillas y uniformes azules. De repente, el tiempo se detuvo. Al fondo del pasillo, rodeado de enfermeras que anotaban cada una de sus palabras, estaba él. La misma espalda ancha, el porte arrogante y esa forma de caminar que gritaba autoridad. Mi corazón se saltó un latido. No. Él no puede estar aquí.
—Ese es el Dr. Blackwood —susurró Thiago con admiración—. El Jefe de Residentes más joven en la historia de este hospital. Dicen que es un genio, pero que tiene un bloque de hielo donde debería estar el corazón.
Ian se giró. Sus ojos azules, antes cálidos como el mar en verano, ahora eran dos témpanos gélidos. Me recorrió de arriba abajo con una lentitud insultante. No hubo sorpresa en su rostro, solo un desprecio profundo que me revolvió el estómago.
—Llegan tarde —su voz, ahora más grave y autoritaria, cortó el aire—. Sterling, al área de urgencias. Ahora.
Thiago asintió y salió corriendo. Me quedé sola frente a él. Ian dio un paso hacia mí, invadiendo mi espacio personal, obligándome a retroceder hasta chocar con la pared.
—Harrington… —su aliento rozó mi oído, pero no había rastro de la ternura que una vez creí encontrar en él—. Me preguntaba cuánto tardarías en volver a arrastrarte por aquí. ¿Te quedaste sin dinero o simplemente te cansaste de huir con cualquiera?
—Vine a terminar mi carrera, Dr. Blackwood —dije, tratando de que mi voz no temblara.
—Aquí no vienes a terminar nada. Vienes a servirme. Y créeme, voy a hacer que cada minuto de tu residencia sea un infierno.
/0/24513/coverorgin.jpg?v=14db15a65abbab8216646d53ec7e6d01&imageMogr2/format/webp)
/0/12335/coverorgin.jpg?v=7860913ecdbfcf262b09282199b3d222&imageMogr2/format/webp)
/0/10946/coverorgin.jpg?v=ad7ea1598e4772244cf25985a167df26&imageMogr2/format/webp)
/0/9742/coverorgin.jpg?v=26c8fcc08fd806ff417f642a86e7e7d1&imageMogr2/format/webp)
/0/11251/coverorgin.jpg?v=2b1c58b2828317d069d8bbce64673545&imageMogr2/format/webp)
/0/1777/coverorgin.jpg?v=51cc3050733f87ea6a8c888c447a55fe&imageMogr2/format/webp)
/0/13355/coverorgin.jpg?v=5e1a7d333e3176ff91f197f0363f239b&imageMogr2/format/webp)
/0/22590/coverorgin.jpg?v=6fc9ea6bdf209bbd806fe3d90d2dc923&imageMogr2/format/webp)
/0/15587/coverorgin.jpg?v=5629d342b3cc02c8fdabec1572701fd2&imageMogr2/format/webp)
/0/10806/coverorgin.jpg?v=39abb6c9f6a73eb8a3cb4cb38a0fefff&imageMogr2/format/webp)
/0/17916/coverorgin.jpg?v=21c647fa8a6337161c0e3ff89b535040&imageMogr2/format/webp)
/0/11547/coverorgin.jpg?v=846c69a15217e0c458be080c822e35f9&imageMogr2/format/webp)
/0/9690/coverorgin.jpg?v=588de1e760ed75c50a262d1656ee14b9&imageMogr2/format/webp)
/0/8760/coverorgin.jpg?v=f9fd4e17c68e153f63293cf7aae92c0b&imageMogr2/format/webp)
/0/13808/coverorgin.jpg?v=275d77534390ce323c4200ec188c9dc8&imageMogr2/format/webp)
/0/1791/coverorgin.jpg?v=2a071114fe4e6d40230b10a72a11d765&imageMogr2/format/webp)
/0/11089/coverorgin.jpg?v=5250f8bf770bf017a00dd07c6909d6d3&imageMogr2/format/webp)
/0/16587/coverorgin.jpg?v=7d0ae6b42fb8ab0f9181bf5394219527&imageMogr2/format/webp)
/0/16475/coverorgin.jpg?v=1694dba2a379fa1cc8e4d0f14147abf8&imageMogr2/format/webp)
/0/9298/coverorgin.jpg?v=dbdc56fb55538d9cce0775ea8a9da87b&imageMogr2/format/webp)