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"¡Tremenda boda! Pero, ¿ya supieron? ¡La amiga de la infancia de Richard está en la azotea del hotel amenazando con saltar!", dijo uno de los invitados.
Brynn Morgan escuchó los susurros que llegaban del pasillo y sintió cómo un dolor se extendía lentamente en su pecho. Rena Davis, el amor de la infancia de Richard Yates, ya había fingido querer suicidarse casi cien veces.
Y aunque Brynn pensaba que ya estaba acostumbrada a esos espectáculos, esa vez se sentía completamente diferente, ya que estaba a punto de casarse con Richard.
Ahora que Rena había montado otra de sus tantas escenas, ella comprendió que tendría que ceder de nuevo. Llevaba cinco años amando a Richard, y esa mujer llevaba el mismo tiempo creando problemas. Cada vez que algo así pasaba, él corría hacia su amiga antes de pensar en su novia.
A menudo, Brynn se preguntaba si no era ella la que estorbaba en esa relación tan enredada. La última vez que Richard la dejó por esa mujer, le juró que no volvería a pasar, y ella se aferró a esa promesa; de hecho, esa era la razón por la que se estaba celebrando esa boda en ese momento.
"Si de verdad quiere matarse, que lo haga. ¿Por qué me llaman a mí?". Al escuchar esas palabras, Brynn levantó la cabeza, sobresaltándose. La puerta del balcón estaba un poco abierta y el tono frío e indiferente de Richard se coló por la rendija. "¿Saltar? Jamás se atrevería. ¿Cuántas veces ha fingido que va a suicidarse? ¿Alguna vez ha derramado una sola gota de sangre real?".
Después de eso, Richard dijo algo más en voz baja, aunque Brynn no pudo entender lo que decía. El hombre terminó la llamada y se dio la vuelta, fijando su mirada en la de su novia.
El corazón de Brynn se aceleró. No podía creer que él se hubiera quedado, que esa vez no corriera directo hacia Rena. ¿De verdad había cumplido su promesa?
"¿Por qué me miras así? La ceremonia está a punto de empezar. ¿Estás lista?", preguntó él sin ninguna emoción en el rostro.
A pesar de eso, Brynn sintió que la felicidad crecía en su interior. Sabía que él era frío por naturaleza, y que no era muy empático con los demás.
Sin embargo, el cariño inocente que sintió por él en la adolescencia se convirtió en un amor más profundo con el tiempo, por lo que estaba segura de que por fin se había ganado un lugar en su corazón, que le importaba. De lo contrario, ¿por qué habría elegido casarse con ella?
Pensando en eso, la joven dio un paso hacia adelante con una sonrisa radiante y lo agarró de gancho. Los ojos le brillaban de alegría al decir: "Richard, por fin vamos a casarnos...".
Sin mostrar ningún cambio en su expresión, él le respondió: "Sí, lo sé".
Cuando la suave melodía de un piano empezó a llenar el salón, la ceremonia comenzó. Con un traje a la medida y una camisa impecable, Richard caminó por el pasillo nupcial. Al llegar al final, se paró a un lado del altar de madera, con las manos a los costados. Los padrinos de boda, vestidos con trajes a juego, se pararon junto a él, con sonrisas discretas.
De repente, la melodía del piano cambió. Suaves cuerdas se unieron, creando una melodía que señalaba la llegada de la novia. Todos se giraron hacia las puertas, donde Brynn estaba con un vestido de vaporoso, radiante.
Sin embargo, cuando daba el primer paso por el pasillo, el celular de Richard sonó, haciendo que ella se detuviera en seco a mitad de camino, con la sonrisa vacilante. Cuando oyó el tono de llamada que solo le pertenecía a Rena, un doloroso recordatorio la sacudió.
Richard sacó su celular y contestó la llamada. "Hola. ¿Qué pasa esta vez?".
En silencio, el maestro de ceremonias dio un paso hacia adelante, intentando retomar la boda. Seguramente era la primera vez que tenía que manejar una situación tan incómoda. Sin embargo, antes de que pudiera decir algo, Richard habló de nuevo. "Iré de inmediato".
Dicho eso, se fue sin dudarlo. Todos se quedaron confundidos y las voces se alzaron al tiempo.
"Por favor, no te vayas...", le suplicó Brynn mientras corría tras él, levantándose el vestido de novia con una expresión de pura desesperación. "Me prometiste que esa sería la última vez".
Él frunció el ceño, como si estuviera sopesando en silencio sus opciones. Después de una breve pausa, le explicó con tranquilidad: "Rena saltó de verdad esta vez. Necesito ver en qué estado se encuentra. Regresaré pronto".
"¡Richard!". Ella le agarró la muñeca con fuerza y se negó a dejarlo ir. "¡Si te vas ahora, no me caso contigo!".
El hombre se zafó y retrocedió un paso. "Entonces asegúrate de poder vivir con esa decisión".
Brynn sintió que algo se rompía dentro de ella y las lágrimas se derramaron antes de que pudiera contenerlas. Él perdió la compostura al verla llorar, pero sabía que la joven estaba cediendo de nuevo, como siempre. Richard era plenamente consciente de lo mucho que ella lo quería y que no podía concebir un mundo sin él. De hecho, Brynn había dejado de lado todas sus comodidades para construir una vida juntos. Es más, después de cada obstáculo, eligió quedarse a su lado. Su sueño más profundo era convertirse en su esposa.
En el pasado, cada vez que Rena creaba problemas, Brynn era la que lo ayudaba a calmar la situación. Esta vez, sin embargo, su negativa a casarse con él mostraba lo mucho que la habían llevado al límite.
Aun así, la situación de Rena parecía grave de verdad, por lo que Richard no iba a permitir que el arrebato de su prometida influyera en su decisión.
Pero, cuando abrió los labios, dispuesto a ofrecerle algún consuelo, su celular vibró de nuevo, así que contestó de inmediato y salió corriendo hacia la salida sin pensarlo dos veces.
Durante varios segundos, los invitados se quedaron mirándose unos a otros con asombro. ¿Qué acababan de presenciar exactamente? El novio había huido de su propia boda.
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