/0/17825/coverorgin.jpg?v=6abd6ed2e94008192eec8f6db5e0e29c&imageMogr2/format/webp)
Mi vuelo de aniversario estaba a punto de abordar cuando apareció Carla, la asistente de mi esposo, con el rostro bañado en lágrimas, suplicándome que le diera mi boleto porque su madre supuestamente se estaba muriendo. Era absurdo, pero le dije que buscara otra forma, sin saber la trampa en la que estaba cayendo.
Cuando llegué a casa, mi esposo, Leonardo, me confrontó, acusándome de abandonar a Carla. Luego me ofreció un vaso de agua que, sin que yo lo supiera, estaba drogada. Desperté sola, varada en un desierto abrasador, con el sol como un infierno ardiente sobre mí.
Un helicóptero apareció en el cielo. Vi a Leonardo con Carla, quien sostenía un teléfono, transmitiendo en vivo mi tormento con el hashtag #AriCaminaElDesierto. Se jactaron de la supuesta bancarrota de mi familia y me ordenaron que me disculpara con Carla. Cuando me negué, los guardaespaldas de Leonardo me quitaron los zapatos, dejándome descalza sobre la arena ardiente, donde luego arrojaron clavos oxidados frente a mí.
Me obligué a caminar, con los clavos perforando mis pies, dejando un rastro de sangre. El médico a bordo gritaba que estaba perdiendo demasiada sangre, pero a Leonardo no le importó. Luego, un saco de víboras de cascabel, las más venenosas del desierto, fue arrojado en mi camino, atacando mi miedo más profundo.
Me quedé helada, paralizada por el terror, mientras una víbora se deslizaba hacia mí y me mordía la pantorrilla. El médico gritó pidiendo el antídoto, pero Carla "accidentalmente" tiró el frasco, haciéndolo añicos. Leonardo, más preocupado por su orgullo y la transmisión en vivo que por mi vida, exigió que me disculpara con Carla y con la cámara por su "espectáculo".
—Nunca —grazné, negándome a darle esa satisfacción. Justo cuando los guardaespaldas de Leonardo me obligaban a ponerme de rodillas, un helicóptero de grado militar descendió del cielo.
Capítulo 1
El aeropuerto de Monterrey zumbaba con el murmullo de la gente que iba y venía. Revisé mi reloj. Mi vuelo de Volaris abordaba en una hora. Fue una reservación de último minuto, pero no importaba. Lo único que me importaba era llegar a casa con Leonardo para nuestro aniversario.
Justo cuando encontré un asiento cerca de la puerta de embarque, una voz frenética gritó mi nombre.
—¡Ariadna!
Levanté la vista. Era Carla Morales, la asistente de mi esposo. Tenía la cara surcada de lágrimas, los ojos rojos e hinchados. Se veía hecha un desastre.
—¿Carla? ¿Qué haces aquí? ¿Qué pasa?
Corrió hacia mí, agarrándome del brazo. Su agarre era fuerte.
—Ariadna, por favor, tienes que ayudarme.
Su voz estaba ahogada por los sollozos.
—Mi mamá... está en el hospital. Está muy mal. Tengo que llegar a casa, pero todos los vuelos están llenos. Este es el único.
Señaló con un dedo tembloroso el letrero de la puerta. Mi vuelo.
—Por favor, ¿puedo quedarme con tu boleto? Te lo pagaré, ¡te pagaré el doble! Necesito verla.
La miré fijamente. La petición era ridícula. Esto no era un pase de autobús; era un boleto de avión con mi nombre.
—Carla, eso es imposible. No puedo simplemente darte mi boleto. El nombre no coincidirá con tu identificación.
Traté de ser amable, pero toda la situación se sentía extraña.
—¡Puedes decir que eres yo! —suplicó, su voz cada vez más fuerte—. Por favor, Ariadna. Mi mamá podría estar muriéndose.
Su desesperación se sentía teatral, una actuación barata. Aparté mi brazo.
—No, Carla. Eso es fraude. Y voy a casa para mi aniversario con Leonardo. Busca otra manera. Renta un coche, toma un tren. Hay opciones.
Su rostro se transformó. Las lágrimas se detuvieron abruptamente, reemplazadas por una mirada gélida y dura que nunca le había visto. Se enderezó, su máscara de "angelito" se deslizó.
/0/18785/coverorgin.jpg?v=df10287841e7a3b4a8405a670f3d16d2&imageMogr2/format/webp)
/0/13236/coverorgin.jpg?v=e791f0559b33475005e10825388a568d&imageMogr2/format/webp)
/0/300/coverorgin.jpg?v=62d49128423165c54755977510e883e5&imageMogr2/format/webp)
/0/15017/coverorgin.jpg?v=1c7f1422ad4cb3368aa2ba804fa5a50a&imageMogr2/format/webp)
/0/19555/coverorgin.jpg?v=d63c6a5495c4ddb6cbfe13d45d0bd68e&imageMogr2/format/webp)
/0/21622/coverorgin.jpg?v=5f54e5c6f7124eb37e61e541e7eeb886&imageMogr2/format/webp)
/0/19546/coverorgin.jpg?v=6e9029f9dcf5f6e2c363d9bcd07340f7&imageMogr2/format/webp)
/0/10497/coverorgin.jpg?v=9924e4f4da336113f8cfac5228dd1683&imageMogr2/format/webp)
/0/15299/coverorgin.jpg?v=c6887b1cb0cdc14347d474c4ec518c89&imageMogr2/format/webp)
/0/22495/coverorgin.jpg?v=6e7c5eec69d93ebce0e4360e11ecf243&imageMogr2/format/webp)
/0/17735/coverorgin.jpg?v=2c169a49666ed97b53abfdf45f8d4725&imageMogr2/format/webp)
/0/6682/coverorgin.jpg?v=ce66503e7c603dfb56673e8c990ef3a1&imageMogr2/format/webp)
/0/11765/coverorgin.jpg?v=095d0086cb5296ed0c425232f2f76a81&imageMogr2/format/webp)
/0/18857/coverorgin.jpg?v=412890df92c1eac383fe484b54a67d93&imageMogr2/format/webp)
/0/14082/coverorgin.jpg?v=980a38ace810ca5956326eb4680ddc7b&imageMogr2/format/webp)
/0/19368/coverorgin.jpg?v=319851aff79b7cb79d9838ca9c471a44&imageMogr2/format/webp)
/0/20757/coverorgin.jpg?v=2420739adcc72e502ea9c372b538fba9&imageMogr2/format/webp)
/0/5473/coverorgin.jpg?v=d1c9a78a79b521322d5a054eb9d6478b&imageMogr2/format/webp)
/0/11476/coverorgin.jpg?v=313f4746f2aae8fe1c76c5144e567b35&imageMogr2/format/webp)
/0/19216/coverorgin.jpg?v=e29906ec87f57de852fe774c9c682c01&imageMogr2/format/webp)