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Después de nueve años convirtiendo su pequeña tribu en un imperio multimillonario, mi esposo, el Alpha Oliver, trajo a su amante embarazada a casa.
Sin una pizca de remordimiento, me degradó a sirvienta doméstica y le entregó mi título de Luna a Nadia, alegando que ella llevaba a su verdadero heredero.
No lloré ni supliqué. En silencio, firmé los documentos de transferencia de activos que él, en su arrogancia, ni siquiera leyó, despojándolo legalmente de toda su fortuna sin que se diera cuenta.
Esa misma noche, descubrí que yo también estaba embarazada.
Pero en lugar de decírselo, bebí un frasco de Acónito. Prefería envenenar mi propio cuerpo y romper nuestro Vínculo de Compañeros antes que permitir que mi hijo fuera despreciado por su propio padre.
Huí hacia el territorio de su enemigo mortal, el Alpha Luis.
Cuando Oliver finalmente me encontró semanas después, demacrado y desesperado al descubrir la verdad sobre el embarazo que oculté, cayó de rodillas al ver mi aura brillar.
No solo había perdido a su esposa y a su dinero; había desechado a una legendaria Loba Blanca, la realeza de nuestra especie.
Mientras él suplicaba perdón arrastrándose en el barro, encendí mi poder frente a todos y pronuncié las palabras que lo destruirían para siempre:
"Yo, Laura Díaz, te rechazo a ti, Oliver Silvestre, como mi Compañero."
Capítulo 1
Laura POV
Deslicé el documento legal dentro de la carpeta de cuero con una calma gélida, casi antinatural. Mis dedos no temblaban. Ni un poco.
Era el papel que autorizaba la transferencia de los activos principales de la Manada, una sentencia de muerte financiera para el imperio que yo misma había construido.
Y sin embargo, al firmarlo, sentí que estaba decretando mi propia libertad.
Empujé el cajón del archivador hasta cerrarlo. El clic metálico resonó como un disparo en el silencio sepulcral de la oficina.
Me acerqué a la ventana. La mansión del Alpha se alzaba imponente sobre la colina, bañada por la luz de la luna, pero esta noche se sentía ajena. Fría. Ya no era mi hogar; se había convertido en una jaula de oro y terciopelo.
Hace apenas unas horas, la realidad me había golpeado con la fuerza de un tren de carga. La imagen de Oliver, mi compañero, mi Alpha, sonriendo a Nadia con esa calidez que solía reservarme a mí... eso marcó el final.
No hubo gritos, ni lágrimas. Solo el sonido de algo rompiéndose irreparablemente dentro de mi pecho, como un cristal frágil aplastado bajo una bota.
Escuché pasos en el pasillo. Risas.
—Oh, Oliver, eres terrible —la voz de Nadia era aguda, empalagosa y coqueta.
Se detuvieron justo al otro lado de mi puerta. Podía olerlos antes de verlos. El aroma a bosque y lluvia de Oliver, que antes era mi refugio, ahora venía contaminado por el perfume dulzón y barato de Nadia.
Y algo más... sus feromonas. Estaba soltando feromonas de desafío, marcando territorio, consciente de que yo estaba al acecho al otro lado de la madera.
Me acerqué a la rendija de la puerta, conteniendo la respiración hasta que mis pulmones ardieron.
Oliver tenía una mano posada con reverencia sobre el vientre abultado de Nadia. Sus ojos... Dios, sus ojos tenían ese brillo de adoración que yo había mendigado durante nueve años. Nueve años de servicio, de sacrificio, de dolor silencioso.
—*Laura, ¿sigues despierta? Oliver tiene algo que decirte.*
La voz de Nadia invadió mi mente a través del *Mind-Link*, ese canal sagrado que debería ser exclusivo para la manada y la familia. Su tono mental goteaba veneno.
—*Vamos, sal de tu agujero, loba estéril.*
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