/0/15155/coverorgin.jpg?v=3937971bbaf76870a150027a33cf1d35&imageMogr2/format/webp)
Gabriela
Regresé a la mesa donde nos habíamos sentado las cinco luego de dar mi discurso por la boda. Mis amigas me recibieron con felicitaciones por mi oratoria. Ya Maco había salido del grupo de soltera. Y eso que yo era la mayor de todas, aunque Maco no lo parecía por lo centrada y anciana mental que era.
Ella, que siempre tenía razón en lo que decía, nació con ese don de tener boca de santo. Mil veces me había dicho: no mires a Samuel como el hombre de tu vida. Lo amaba, pero no era un hombre para una sola mujer. Es mi hermano y lo conozco, podría hacerte daño si no te ama. Porque cuando lo haga, será el hombre más bello del mundo. Solo deben llegar a ese corazón escondido.
Nunca le he hecho caso, y espero no haberme equivocado con lo sucedido entre los dos en estos últimos meses. Ya había apostado por Samuel y mi sentimiento, por eso me entregué a él en la cárcel. -Sonreí como una tonta enamorada, al recordar...
-¡Estos pasteles están deliciosos! -exclamó Rubí, que tenía rato de no usar sus gafas.
-No me torturen. -dije sonriendo.
Me ha costado mucho bajar de peso. No soy obesa, pero si soy talla grande, no tengo el delgado cuerpo de Raquel o el de mamá. Yo salí a la familia del señor Carlos Maldonado, mi abuelita era una bolita hermosa. Por eso la genética portadora me mantenía en la cuerda floja para engordar si no controlaba la boca. Al menos había llegado a talla acorde a mis deseos.
Todas rieron, en ese momento Samuel se levantó de su mesa e ingresó a la casa. Era ahora o nunca. Desde su salida de la cárcel no había llamado, menos buscado, y debía enfrentar lo que pasaba entre nosotros. Sin importar. Aunque... no pienses en nada malo, muchas cosas cambiaron.
» Ya regreso. -dije.
Era la segunda en ausentarme, Angélica lo había hecho hace unos diez minutos. Debía de estar consintiendo a sus sobrinas. Lo vi subir las escaleras, lo seguí. Ingresó a su habitación sin cerrar la puerta, aproveché para escabullirme.
-Hola. -Sonreí, alzó una de sus cejas. Cerré la puerta.
-Gaby, si mi madrina o el tío Carlos te ven aquí encerrada conmigo, van a poner el grito en el cielo.
-No estamos en el siglo XVIII. No llamaste cuando saliste.
-¿Tenía que hacerlo?
Ups, se prendió la primera alarma. Sus ojos cafés detallaron toda mi anatomía, las inseguridades volvieron. Cerró los ojos y anticipé el porrazo de mi vida.
» Gabriela, fui muy claro contigo, tú aceptaste sin compromiso. -¡Atención! Necesito escondederos a peso.
-Sí, pero pensé... Continuamos haciéndolo...
-¡Porque tú lo permitiste! -Pasé saliva de manera muy sonora, sentía la cara hirviendo-. Me entregaste tu virginidad porque quisiste, continuamos intimando porque lo permitiste, fui claro. Pensé... Sabía que esto pasaría, eres muy niña. Te ilusionastes ¿cierto? Pensé que no lo tenías claro.
Hasta aquí me permito mendigar su afecto. En el fondo, Samuel no decía nada más que la verdad, así duela. Maco lo dijo. Angélica fue igual, mis otras amigas no sabían lo sucedido en las visitas a la cárcel.
-Tranquilo.
-Sabía... -suspiró-. No pretendo hacerte daño, te dije que te enamorarías... ya eres una mujer adulta, no actúes como niña.
-No vayas tan rápido. Amor no, atracción mucha, lo acepto. Pero ya tengo todo claro, no ha pasado nada. Me alegra que ya estés libre, nos estamos viendo.
Di media vuelta, antes de derramar las lágrimas. La piel la tenía erizada, la vergüenza era conmigo misma. No te martirices, estaba a un semestre de graduarme para seguir los pasos de papá en el bufete. ¡A la mierda, Samuel Abdala! Ya toqué fondo. Aunque era mi orgullo femenino quien hablaba. Quise jugármela como Maco lo hizo con Santos, pero me salió el tiro por la culata.
......***......
Angélica
Ya había pasado mucho tiempo desde nuestra ausencia, la familia tal vez haya notado nuestra desaparición. Como quisiera gritarle al mundo lo mucho que lo amaba, quisiera detener el tiempo para poder amarnos, gritar lo que sentíamos. Estaba feliz, por fin lo aceptó, deseaba tanto a Ernesto.
Su lengua hacía estragos en busca de la mía. Luego vendrán los remordimientos por estar cometiendo un pecado, aunque realmente no estábamos haciendo nada, salvo para nuestros padres, que sí nos veían como hermanos. Su mano se detuvo antes de tocarme en partes íntimas, no habíamos pasado ese límite, y bastante que lo había tentado.
/0/16267/coverorgin.jpg?v=37e52e4c7c6dbec431aa9c4eae46a382&imageMogr2/format/webp)
/0/14127/coverorgin.jpg?v=22754e2f0ed0adf4b5e0338d025db35d&imageMogr2/format/webp)
/0/21472/coverorgin.jpg?v=a6cfbb96bf59520ff3c58236f387aa40&imageMogr2/format/webp)
/0/9071/coverorgin.jpg?v=ab96d463307138d880899700b124ddb5&imageMogr2/format/webp)
/0/7059/coverorgin.jpg?v=0a2055fc28ebf7f607e4326c57b457d5&imageMogr2/format/webp)
/0/18311/coverorgin.jpg?v=bb84fd443562c4aff05b82028deb9380&imageMogr2/format/webp)
/0/7197/coverorgin.jpg?v=398d1c1629f0e2f7a7f3e49e5072afc5&imageMogr2/format/webp)
/0/170/coverorgin.jpg?v=3cd5ec15fc2117f60fbbc5243658f9c2&imageMogr2/format/webp)
/0/10483/coverorgin.jpg?v=e0b156f6e72d31331e6f3b5703f693ca&imageMogr2/format/webp)
/0/5358/coverorgin.jpg?v=b91b35af032692db04ccdf6dda5a8ecd&imageMogr2/format/webp)
/0/5550/coverorgin.jpg?v=47d0e921121e5025f4e950cbb32752b8&imageMogr2/format/webp)
/0/5601/coverorgin.jpg?v=94c5fa7c06d59a0941efaa92c3ec651f&imageMogr2/format/webp)
/0/5657/coverorgin.jpg?v=691579fec9671827e10bdfcc6d0e9b3b&imageMogr2/format/webp)
/0/5892/coverorgin.jpg?v=dca2f26591f68cc23e7f792bc1f5bd81&imageMogr2/format/webp)
/0/6308/coverorgin.jpg?v=c92b490a3d690b06f8f0f95aa4f31894&imageMogr2/format/webp)
/0/20769/coverorgin.jpg?v=a744d45c1a3780630d7fee66f11db04b&imageMogr2/format/webp)
/0/7448/coverorgin.jpg?v=4441290814a1a838c932ebab043299ca&imageMogr2/format/webp)