/0/17825/coverorgin.jpg?v=6abd6ed2e94008192eec8f6db5e0e29c&imageMogr2/format/webp)
Mi matrimonio con el magnate glacial de la Ciudad de México, Elías Garza, se suponía que sería una historia de amor imposible. Yo era la artista rebelde que lo había perseguido por continentes, creyendo que había encontrado a mi alma gemela.
Entonces escuché una conversación que lo destrozó todo. Nuestro matrimonio de tres años era una mentira, una farsa diseñada para proteger a su frágil cuñada, Clara. Yo solo era el "pararrayos", lo suficientemente fuerte como para recibir los golpes destinados a ella.
¿La peor parte? Se había hecho una vasectomía en secreto, dejándome soportar el desprecio de su familia por ser "estéril" mientras él sabía la verdad todo el tiempo.
Todo encajó: las humillaciones públicas, los crímenes financieros de los que me culparon, los "accidentes" que me dejaron cicatrices. Me rompieron sistemáticamente, obligándome a dar un trozo de mi propia piel para curar a Clara y montando un accidente de coche que me llevó a la cárcel.
La justificación de Elías era siempre la misma: "Clara es delicada. No como tú". Pensó que yo era lo suficientemente fuerte para soportarlo, que mi rebeldía era una herramienta que podía usar.
Me exilió, pensando que estaba rota y olvidada. Se equivocó. Me reinventé como la célebre artista 'Alondra'. Y cuando volvió arrastrándose, suplicando perdón en un escenario mundial, supe que mi momento había llegado. Mi venganza sería una obra maestra.
Capítulo 1
POV de Carina Vega:
—Nuestro matrimonio fue un pararrayos, Carina. Siempre estuviste destinada a recibir los golpes, no a proteger a los vulnerables.
La voz de Elías, gélida y precisa, cortó los últimos vestigios de mi esperanza como un bisturí.
Intenté decirme a mí misma que mentía. Quería negarlo, aferrarme a la historia de amor fabricada en la que él era mi héroe y yo, su vibrante y rebelde artista, lo había perseguido por continentes. Pero las palabras flotaban en el aire, densas y sofocantes, mucho más pesadas que el bochorno del verano en la Ciudad de México.
Tres años. Tres años creyendo que había encontrado mi amor imposible con el disciplinado y glacial magnate de la Ciudad de México, Elías Garza. Tres años navegando por su antigua y tradicional familia, una jaula dorada en la que había entrado con gusto, pensando que era el precio de la verdadera pasión. Me había enamorado profunda y completamente cuando me salvó de un asalto, un acto que se sintió como el destino. Ahora, la amarga verdad cubría mi lengua, con sabor a ceniza y traición.
Elías, el hombre que había prometido un para siempre, el hombre cuyo tacto había anhelado como el aire, estaba de pie ante mí, su rostro una máscara de su habitual compostura controlada. Pero esta vez, lo vi de manera diferente. No era disciplina; era cálculo. No era frialdad; era un muro construido específicamente para mantenerme fuera.
Yo era la artista vibrante y rebelde de una adinerada familia de Monterrey. Él era el CEO del Grupo Garza, de abolengo, de reglas antiguas. Se suponía que nuestros mundos chocarían y crearían algo hermoso, algo nuevo. En cambio, simplemente habían sido explotados.
Mis primeros días en su mundo fueron una batalla constante. Pinté un mural en una pared blanca inmaculada en nuestra finca de Valle de Bravo, una explosión de color y caos que reflejaba mi alma. La madre de Elías, Elisa, había retrocedido, sus labios adelgazándose hasta formar una línea pálida.
—Las mujeres Garza mantienen la tradición, Carina, no la... profanan.
Me había burlado, buscando el apoyo de Elías, pero él simplemente había esbozado una sonrisa tensa, casi imperceptible. Pensé que era diversión, un secreto compartido entre nosotros contra su rígida familia. Ahora, sabía que era aprobación para mi papel como su rebelde designada.
Luego vinieron mis intentos de introducir el arte moderno en la gala benéfica anual de la familia, un movimiento que pensé que mostraría mi pasión y aportaría una perspectiva fresca. Elisa había intervenido, cancelando mis arreglos a última hora y reemplazándolos con polvorientas esculturas clásicas.
—Así es como hacemos las cosas —había declarado, su voz tan inflexible como el granito.
Había luchado, en voz alta y en público, causando una escena que Elías había disipado con suavidad. Me había rodeado con un brazo, susurrando palabras tranquilizadoras, pero sus ojos, me di cuenta ahora, habían estado escaneando la habitación, evaluando el daño que yo había absorbido.
/0/21654/coverorgin.jpg?v=7810d1710c0a50382dbdffea5a48e136&imageMogr2/format/webp)
/0/21724/coverorgin.jpg?v=96e99a1840ebf5376c38860eaaa4212a&imageMogr2/format/webp)
/0/9057/coverorgin.jpg?v=bdac66557b6804590cba8d8c38224feb&imageMogr2/format/webp)
/0/9765/coverorgin.jpg?v=06f5aeb73f97a984bb84aafc1b37716e&imageMogr2/format/webp)
/0/15932/coverorgin.jpg?v=43278eefb26f4050403a6ed6fdcc3d32&imageMogr2/format/webp)
/0/10337/coverorgin.jpg?v=16d954c3db23fb37cb13b3fd65047b67&imageMogr2/format/webp)
/0/21529/coverorgin.jpg?v=fd1f42c0163b067628445c2b88b2c47b&imageMogr2/format/webp)
/0/12400/coverorgin.jpg?v=b64e49934bbe6276c9920fbaf888c528&imageMogr2/format/webp)
/0/9268/coverorgin.jpg?v=2cd5b567daead53889aa904b846f6af9&imageMogr2/format/webp)
/0/19211/coverorgin.jpg?v=3d4ce2c8185e647888e6d60fa08f7812&imageMogr2/format/webp)
/0/8251/coverorgin.jpg?v=6648cbb476a40db2362a9e360a756e28&imageMogr2/format/webp)
/0/20132/coverorgin.jpg?v=d89f53df21255abcd46ec41c8a36d5cd&imageMogr2/format/webp)
/0/19720/coverorgin.jpg?v=b8b14a182f56868617e98584b563bff0&imageMogr2/format/webp)
/0/4408/coverorgin.jpg?v=36d8ed1ffdc40669a4391cedd4b3d6eb&imageMogr2/format/webp)
/0/21345/coverorgin.jpg?v=c0ab87ffe3c8a676e360976f1f051771&imageMogr2/format/webp)
/0/1551/coverorgin.jpg?v=9b3e0398442125d6c6b90fc09c617337&imageMogr2/format/webp)
/0/18345/coverorgin.jpg?v=31ddf7ebaaad2d10a19d51100b41c2cb&imageMogr2/format/webp)
/0/20786/coverorgin.jpg?v=295493c2008c407f00e04f5418d6270e&imageMogr2/format/webp)
/0/15577/coverorgin.jpg?v=04da1002f5063e76103ff0424813786a&imageMogr2/format/webp)
/0/5487/coverorgin.jpg?v=e87e3ca861a909abebdd891adef54b52&imageMogr2/format/webp)