/0/21395/coverorgin.jpg?v=1aa436198e94e0b55ae2c0505414b571&imageMogr2/format/webp)
Capítulo I
Estando en un parque y sin saber qué hora era, y cuanto mucho lo único que tenía entendido era que ya debía ir a casa, pero no recordaba ni en donde estaba, sé que estaba en un parque, pero ¿En cuál?, en mi ciudad había por lo menos 12 parques, y para mí en ese momento y en la oscuridad de la noche, todos eran iguales o el mismo. Me arme de valor y me puse a caminar en la soledad de la noche, hasta encontrar algún lugar que reconociera, caminaba y seguía tan perdido como al principio, no encontraba el camino a casa.
Unos minutos después de caminar arropado por la oscuridad de la noche, vi un callejón que se me hacía familiar, “el callejón del Muerto” –exclamé–, ya sabía que al cruzar ese callejón llegaría a la calle donde vivía, me arme de valor y propuse a pasar por allí, al dar el primer paso en el “callejón del Muerto”, un frío recorrió todo mi cuerpo, y sentí que mis latidos se aceleraban. Mi embriaguez no me permitió ver bien el camino y tropecé al dar el segundo paso. Todo se nubló…
Todo se volvió una completa oscuridad que me abrumaba y no encontré alguna luz o farola que me diera, aunque fuese un mínimo rayo de luz. Me hallaba en un lugar donde el frío era constante, pero no tan fuerte, y sentía que una brisa me golpeaba, pero no sabía ni siquiera si estaba en un lugar al aire libre. Al parecer ya no me hallaba en aquel callejón.
Creo que mi mente jugaba contra mí mismo y no me dejaba distinguir entre lo real y lo que posiblemente no lo era. Imaginaba ruidos y murmullos y al mismo tiempo un inmenso silencio, sentía que mi realidad se trastornaba y no me dejaba pensar con claridad. Creí volverme loco en ese instante.
Ni con todo el valor con el que me había armado, me era suficiente para el terror que me invadía, un frío tenaz que me hacía temblar. Ya no solo temblaba de frío, sino que también de un miedo irracional e inexplicable para mis pensamientos trastornados por los efectos del alcohol. En ese mismo momento me repetía yo mismo en mi mente, que no debía volver a beber de esa manera tan desenfrenada, —acaso estaba loco al beber de esa manera—.
/0/7775/coverorgin.jpg?v=1f98e12e8d47308c5a51939d9b65225c&imageMogr2/format/webp)
/0/5240/coverorgin.jpg?v=554e9ef6021e182925bce272e3984ea3&imageMogr2/format/webp)
/0/6339/coverorgin.jpg?v=f58d19c767ceb961c8b74668951813e7&imageMogr2/format/webp)
/0/390/coverorgin.jpg?v=87bcdf17b6da5c986833f5f2721dc8da&imageMogr2/format/webp)
/0/13322/coverorgin.jpg?v=20240729104412&imageMogr2/format/webp)
/0/6781/coverorgin.jpg?v=20250117151657&imageMogr2/format/webp)
/0/17199/coverorgin.jpg?v=53630913d2dff9f724b32e42fc68587a&imageMogr2/format/webp)
/0/10800/coverorgin.jpg?v=0343f7d845e8d8abf1cce9386bb56ae3&imageMogr2/format/webp)
/0/10882/coverorgin.jpg?v=20250115153724&imageMogr2/format/webp)
/0/2021/coverorgin.jpg?v=9f2323b8ec6a5c60560484978a076d5e&imageMogr2/format/webp)
/0/3943/coverorgin.jpg?v=6d426f4c2a5b41463b75f0baac8c2635&imageMogr2/format/webp)
/0/12742/coverorgin.jpg?v=b2309422f601af99aca9f3203fe35964&imageMogr2/format/webp)
/0/17670/coverorgin.jpg?v=20260106195129&imageMogr2/format/webp)
/0/16755/coverorgin.jpg?v=b0452f68893d3582bda60547a09274f3&imageMogr2/format/webp)
/0/4687/coverorgin.jpg?v=0b3570dbc9d3907f60af6f91c8ce1d50&imageMogr2/format/webp)
/0/14980/coverorgin.jpg?v=9c83f6cd8d5795b7ff6e3e632683f93d&imageMogr2/format/webp)
/0/15240/coverorgin.jpg?v=20241230135506&imageMogr2/format/webp)
/0/9099/coverorgin.jpg?v=20250114105251&imageMogr2/format/webp)
/0/5787/coverorgin.jpg?v=96a1190ca53278e81d7933407dbb71cd&imageMogr2/format/webp)