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Las noches de invierno en Atheton eran extremadamente frías, pero una pobre chica, Kaylee Hadley, había sido expulsada de su casa en una de esas noches sin nada más que ropa ligera.
Ella solo tenía trece años y era muy delgada para su edad. El frío penetró a través de su delgada ropa y la hizo estremecerse. Era imposible que una chica como ella sobreviviera a una noche tan cruda sin un refugio.
Kaylee estaba temblando de frío.
Su madre, Josie Hadley, estaba parada junto a la puerta y, mirándola enojada, le gritó: "¡Vete de aquí! ¡Me niego a albergar a una chica tan malagradecida como tú! ¿Cómo te atreviste a intimidar a tu hermana?".
Kaylee se puso a llorar de impotencia y le explicó entre sollozos: "¡Gemma tomó mi collar sin permiso! Ese collar es como mi tesoro...".
Mientras Kaylee hablaba, miró a su hermana menor, Gemma Hadley, quien estaba de pie junto a Josie, con las manos en la cintura.
Gemma miró a su hermana con desdén, se guardó el hermoso collar de zafiros en el bolsillo y le dijo: "Me gusta este collar también. ¿Por qué no puedo usarlo por unos días?".
Josie se puso del lado de Gemma y le gritó a Kaylee: "¡Ella tiene razón! ¿Por qué eres tan egoísta? Gemma es tu hermana y, si quería tu collar, deberías habérselo dado. ¿Por qué la acusaste de robar tu tesoro? ¡Además, esta es la casa de los Hadley y todo lo que hay aquí le pertenece a cada miembro de la familia! ¡Por lo tanto, ese collar también es de Gemma!".
Los ojos de Kaylee estaban rojos de tanto llorar y contrastaban con su rostro pálido. "Pero mamá... ¿acaso yo no soy también tu hija? ¿No soy parte de la familia?", le preguntó la muchacha.
Al escuchar eso, Gemma la miró y le gritó enojada: "¡No, no lo eres! ¡Eres una huérfana! ¡Mis padres solo te adoptaron para reemplazarme! ¡Pero ya regresé, así que no tienes nada más que hacer aquí!".
Gemma era la hija biológica de los Hadley, pero había desaparecido poco después de su nacimiento.
En un esfuerzo por sobrellevar su dolor, el matrimonio había decidido adoptar a Kaylee, una niña del orfanato.
Los primeros doce años de Kaylee con los Hadley fueron maravillosos. Ellos la trataban muy bien y la muchacha era muy popular en la escuela. Sin embargo, todo cambió cuando encontraron a Gemma hacía un año.
Los Hadley dejaron de tratar bien a su hija adoptiva. De hecho, ellos comenzaron a golpearla y a regañarla. Cuando Gemma llegó a estudiar a la misma escuela, reunió a un grupo de alumnos para intimidar a su hermana.
Al principio, Kaylee no entendía por qué sus padres la trataban a ella y a Gemma de manera tan diferente. No obstante, en ese momento, ella obtuvo la respuesta.
Asombrada, la chica negó con la cabeza y balbuceó: "No... No es cierto".
Gemma resopló con complacencia y exclamó: "¡Mamá, dile! ¿Estoy diciendo la verdad?".
Josie asintió sin dudarlo, como si todo lo que estaba pasando fuera culpa de Kaylee, y le gritó: "¡Kaylee, no eres mi hija!".
Gemma sonrió satisfecha y le gritó a la muchacha: "¿Escuchaste eso? ¡No perteneces a esta familia! ¡Largo de aquí!".
Gemma siempre había odiado a Kaylee porque esta última había recibido todo el amor y el cuidado que le pertenecían a ella, disfrutando las ventajas de ser la hija de una familia acomodada. Ella también la odiaba porque era una excelente alumna, tenía muchos amigos y era hermosa.
Kaylee tenía solo trece años y, mientras todas las otras chicas de su edad subían de peso y tenían acné, ella era cada día más linda. Cada vez que Gemma veía su rostro delicado y su figura perfecta, hervía de rabia.
Por eso, ella estaba decidida a arruinar la vida de su hermana, hablando mal de esta última frente a sus padres todos los días para que comenzaran a odiarla y finalmente la echaran de la casa.
Después de mirar por última vez a Kaylee, Gemma hizo que su madre volviera a entrar a la casa y cerró la puerta con un fuerte golpe.
Kaylee se quedó afuera, sola en el frío y llorando sin parar. El viento gélido la hacía temblar sin control.
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