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Llevaba diez años casada con Mateo, el esposo perfecto a los ojos de todos. Como chef, mi mayor alegría era cocinar para él, y estaba planeando una cena inolvidable para nuestro décimo aniversario.
Pero una llamada anónima reveló la verdad: mi prima Sandra estaba embarazada de él. No solo eso, estaban usando mis recetas y mi talento para construirle una carrera a ella.
Esa misma noche, Mateo me lo confirmó sin una pizca de culpa. Me pidió ser "comprensiva" y me abandonó en la montaña durante nuestra cita de aniversario para correr al hospital con ella.
Vi su foto juntos en redes sociales. Él sonreía, usando el reloj que supuestamente era para mí, pero que en realidad tenía el nombre de Sandra grabado en la parte de atrás.
Mi matrimonio, mi arte, mi vida entera... todo había sido una cruel mentira. No solo me robaron mis creaciones, me robaron mi identidad.
Así que, en lugar de derrumbarme, decidí desaparecer. Fingiría mi muerte en un trágico accidente y, desde la tumba, publicaría un blog con cada prueba de su engaño. Su pesadilla apenas estaba por comenzar.
Capítulo 1
Carmen POV:
El sabor metálico de la traición era más fuerte que cualquier especia que hubiera dominado. Llevaba diez años casada con Mateo y once años cocinándole a Mateo, y la ironía era tan amarga como el ajenjo. En las próximas veinticuatro horas, mi vida, tal como la conocía, terminaría oficialmente. Pero para ellos, la pesadilla apenas comenzaba.
El reloj en la pantalla de mi celular marcaba las 23:59. Mañana, justo a esta misma hora, todos me creerían muerta. Mi desaparición sería el catalizador que incendiaría su mundo cuidadosamente construido de mentiras.
Sería un adiós, pero no el que ellos esperaban.
Un suave clic en la puerta de la cocina me hizo tensar. Mateo. Su presencia siempre llenaba el espacio, asfixiándolo. Las luces tenues de la barra de la cocina apenas iluminaban su silueta alta y carismática. Él se movía con la confianza de un depredador, y yo, su presa, debía mantener la calma.
"¿Todavía despierta, cariño?" Su voz era suave, seductora. El tipo de voz que te convencía de que eras la única mujer en su universo. Yo, tonta de mí, lo había creído durante demasiado tiempo.
No me giré. Continué puliendo la encimera de mármol, un hábito arraigado. "Pensaba en la cena de mañana."
Él se acercó, su aliento cálido en mi cuello. Un escalofrío me recorrió, pero no de deseo. De repulsión. "Ah, nuestro aniversario. ¿Ya tienes algo en mente?" Su mano se posó en mi hombro, un gesto que antes me reconfortaba y ahora me quemaba.
Respiré hondo. "Algo especial. Quería asegurarme de que fuera perfecto." Mis palabras eran un cuchillo oculto. Perfecto para mi escape, catastrófico para ellos.
Él se rió suavemente, acariciando mi brazo. "Siempre tan dedicada. Por eso te amo." La palabra "amor" sonó hueca, una moneda falsa cayendo sobre una superficie dura.
Me encogí ligeramente, fingiendo cansancio. "¿Por qué no te acuestas? Parece que has tenido un día complicado."
Se separó, y pude sentir su mirada evaluándome. "He estado un poco preocupado por ti, Carmen. Has estado… distante. ¿Todo bien?"
Levanté una ceja, sin mirarlo. "¿Distante? He estado trabajando en nuevas recetas. Sabes lo que significa para mí."
Su tono cambió, volviéndose más inquisitivo. "¿Demasiado tiempo en el estudio? Casi no te veo. ¿Qué es tan urgente que te tiene encerrada hasta tan tarde?"
"Solo asegurándome de no perder mi toque", respondí, evitando su mirada. No podía arriesgarme a que viera el fuego en mis ojos. No ahora.
Él se acercó de nuevo, su voz baja y persuasiva. "Sabes que no me gusta cuando te estresas así. Deberías cuidarte más. ¿Quizás una dieta más ligera para los próximos días? Nada de esas preparaciones complejas que tanto te gustan."
Mi labio inferior tembló, pero lo controlé. "Ya estoy bien."
"Pero no pareces bien, Carmen" , insistió, su mano ahora en mi barbilla, forzándome a mirarlo. Sus ojos, antes llenos de la falsa calidez que me había engañado, ahora solo mostraban una preocupación superficial. "Quiero lo mejor para ti. Piénsalo. Por favor."
Asentí con lentitud, y él pareció satisfecho, depositando un beso fugaz en mi frente antes de irse a la cama. En el momento en que sus pasos se alejaron, saqué mi celular de mi bolsillo oculto. El brillo de la pantalla reveló un mensaje sin leer de Daniel: "Todo listo. Te espero."
Mateo Soriano, el arquitecto carismático, el hombre de mis sueños, el esposo perfecto a ojos de todos. La sociedad lo adoraba. Mis amigas lo envidiaban. Mi familia lo idolatraba. Todos creían que yo era la mujer más afortunada del mundo, que Mateo solo tenía ojos para mí, que su amor era inquebrantable. Y yo, ingenuamente, le agradecí al cielo por él.
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