/0/22857/coverorgin.jpg?v=2b5f1e72242513dd4dbee2a5303c6b68&imageMogr2/format/webp)
Soy mitad bestia y mitad demonio. Mi madre es descendiente de byakko, la deidad gobernante del oeste. Mi padre, es un duque, hijo del duque infernal, kotaro.
Al momento de mi nacimiento mi madre pudo darse cuenta de los colores que llevo en mis ojos. Uno es negro, y el otro es azul.
Las sacerdotisas del castillo suelen decirme que soy un híbrido.
Están en lo correcto, lo soy.
Las mujeres y hombres del castillo dicen que soy una belleza, ya que mis rasgos faciales, son muy delicados.
Mi cabello es de color negro, y mi piel es blanca como la nieve con finas facciones en mi rostro.
Desde una edad muy temprana mi maestro Ayato, es quien me ha enseñado el manejo de la espada. Mi padre insistía en enseñarme, pero me negué ante su petición.
Aunque mi padre, kenta, es un excelente guerrero, no puedo permitir hacerle daño, aunque sea solo en práctica.
Tomé mi espada guardandola en su funda.
—Su alteza, ¿Qué hace aquí?
Al dirigir mi mirada hacia esa voz pude darme cuenta de quién se trataba.
—Saito, ¿Porqué me llamas su alteza?
Saito, es el hijo mayor de mi maestro Ayato y también hermano mayor de dai. Su cabello es de color café, mientras que sus ojos son azules, como su padre.
Actualmente es mi guarda espalda, y también es un general en el castillo.
Realmente no necesito a un guarda espalda, pero mis padres insisten en que debo tenerlo, por lo tanto decidieron que sería mi mejor amigo de la infancia, Saito.
—¿Acaso no es usted el príncipe heredero?
—lo soy.—dije mirándolo.
—Por lo tanto tengo que llamarlo su alteza.
—No es necesario.
—Incluso si usted insistes en que lo llame por su nombre, lo seguiré llamando su alteza.
—Como quieras Saito, algún día dejaras de llamarme así.
Continúe mi camino sin dirigir mi mirada hacia Saito, quien en silencio me siguió.
—Iremos al pueblo hoy.—dije deteniéndome.
—Tiene que consultarlo con los reyes.
—No tengo porque pedirle permiso a mis padres.
—Su madre se preocupa por usted.
—Demonios Saito, simplemente iré por unas cosas, no es como si fuera a comer a los del pueblo—.Exclamé con un tono de molestia.
—Esta bien, su alteza, iré con usted. Prepararé los caballos.
—Como siempre tan serio general Saito. Iré yo por ellos.— dije alejándome de el.
—Su alteza, yo podri—
Continúe mi camino ignorando sus palabras.
Tomé los caballos de color negro, quitando de ellos los símbolos del castillo de las deidades.
—¿Qué está haciendo su alteza?
—Como puedes ver, estoy quitando los accesorios que tengan la marca del castillo.
—Se lo que está haciendo.
—Entonces ¿Porqué me preguntas?
—Es mi deber preguntarle cada cosa.
—Ya deberías de dejar de actuar así.
—No puedo hacerlo, su alteza.
—¿Y porque no?
—Hay una mujer muy hermosa que nos está viendo su alteza.
Miré a todas las direcciones, hasta ver a una mujer de cabello oscuro, con ojos grises, vistiendo un kimono de color rojo viendo hacia nuestra dirección, sin expresión alguna.
—Oh ya veo, por eso actúas de esa manera conmigo.—Dije señalandolo
—Es realmente hermosa, quiero dar una buena impresión.—Dijo Saito
—¿Porqué no deja de mirarnos?—.Suspiré.
—No lo sé, ¿Quizás la haya mandado su majestad el rey?
—No, lo dudo.—Dije encogiéndome de hombros.—Nunca la he visto en este castillo.
—Yo tampoco la he visto aquí, Hikaru.
—Que mujer tan extraña, no deja de mirarnos. Iré hacia ella.
—Espera Hikaru, mira de nuevo.
Al mirar a su dirección abrí la boca con sorpresa.
Aquella mujer hacia una reverencia a mi madre, la cual era acompañada por un hombre.
—¿Quién es ese hombre?.—Preguntó Saito
—Estan hablando de algo, Saito, trata de escuchar.
—¿Porqué yo? No puedo escuchar lo que habla la reina. Hazlo tú.
—O-oye, tu tienes sangre de byakko.
—Tu también la tienes.
—Oh si es cierto.— dije tocando mi cabeza.
—Que despistado eres Hikaru.—Dijo cerrando sus ojos.
—Entonces escucharé yo.—Dije.—El capitán Ayato me ha enseñado muy bien como usar mis habilidades.
—Tienes razón mi padre es muy bueno.
—Tal parece que aún no has entrenado bien como sentir las presencias, príncipe Hikaru.—dijo una voz detrás de nosotros.
Me quedé de pie al escuchar esa voz proveniente de nuestras espaldas.
—Padre, ¿Qué hace aquí?
Giré en dirección hacia la voz haciendo una reverencia.
—Capitán ayato.—dije .
—Si tu madre se enterase que estás escuchando su conversación se molestaría—.Dijo ayato señalandome—. Y tú Saito, ¿porque no detuviste a Hikaru?
—Lo siento padre.
—Muy bien, ya que están aquí, escucharé por ustedes.—Dijo ayato acercándose a nosotros.
Miré a Saito eseptico ante la acción de Ayato, lo cual solo me miró y se encogió de hombros.
—Oh, es una princesa, viene del castillo de Seiryuu.
—¡¿Seiryuu?!.—Dijimos Saito y yo al mismo tiempo.
—Vaya ayato, estás enseñando mal a nuestros hijos.
—Padre.
—Su majestad.—Dijo Saito haciendo una reverencia.
—Oh hola kenta, queríamos saber de quién se trataba.
—Puedo darles detalles de eso.
—Muy bien, puedes hablar.— Dijo el maestro ayato.
—Pensandolo bien, no puedo hacerlo ahora, es mejor que Saori se los diga, si no, se enojara conmigo.
Dejé escapar una risa por las palabras de mi padre.
—¿De qué te ríes Hikaru? Sabes que tu madre cuando se enoja da miedo.
—Asi es da miedo.—Respondí asintiendo con mi cabeza.
—Pues, tienen razón, Saori da mucho miedo cuando se enoja.
—Ehmm padre, han terminado de hablar.—Dijo saito.
—Oh, deberíamos ir con la reina.
Caminamos en dirección hacia mi madre por los pasillo del castillo.
La mujer y aquel hombre ya no se encontraban.
—Madre, ¿Quien era esa mujer?—.Pregunté
—Oh, Hikaru ¿cómo la has visto?—.Respondió mi madre con sorpresa.
—Tengo buena vista.
—Es cierto, lo olvidaba.—Dijo riendo
—¿Y bien madre?
—Su nombre es, Manami, es hija de el rey Nam.
—¿Rey nam? ¿Ese no es el descendiente de seiryuu?.—Preguntó mi padre.
—Asi es, lo es—.Afirmó mi madre.
—Y ¿Qué hacen ellos aquí, Saori?.—Dijo Ayato.
—Pues… Su padre vino a este castillo porque escuchó de dos grandes guerreros con buena sangre…
—¿Qué quiere decir con eso su majestad?.—Dijo Saito.
—Pues, su padre está buscando un esposo para su hija…
—Oh, que barbaridad, ¿No debería el dejar que ella sea la que elija?.—Dije cerrando mis ojos.
—De hecho, ella está de acuerdo con su padre, dice que quiere casarse.
Miré sorprendido a mi madre.
—Esta completamente loca. Y bien, ¿de quienes se tratan esos dos guerreros?—Preguntó Ayato
—Son… nuestros hijos…
—¡¿Qué?!.— Dijimos Saito y yo al mismo tiempo.
Mi madre se encogió de hombros mientras que nuestros padres reían.
—Aún no está en mis planes el matrimonio.
—Algun día tendrás que casarte, Hikaru.
—Lo sé padre, pero, conseguiré a alguien que me atraiga.
—La princesa Manami vendrá en unos días ha conocerlos a los dos, dijo que verá cual de los dos tomara como su esposo.
—¿Tomarnos? ¿No se supone que tendríamos que ser nosotros quienes eligieramos?.—Dije haciendo un chasquido con mi lengua.
—Por supuesto, eso lo decidirán ustedes también.
—No estoy interesado en eso madre.—Dirigí mi mirada hacia Saito quien permanecía en silencio.—¿Qué piensas de eso Saito?.
—Y-yo estoy interesado.
—Oh vaya, mi amigo está interesado en ella.
—¡Si mi hijo quiere conocerla, pues así lo hará!—Exclamó Ayato alegremente.
—Creo que tú también deberías conocerla Hikaru, aunque no estés interesado…—Dijo mi padre colocando su mano en mi hombro.
—Esta bien, lo haré.—Suspiré—Bien, Saito y yo iremos al pueblo.
Nuestros padres nos miraron sorprendidos.
—No has consultado con nosotros Hikaru.
/0/1566/coverorgin.jpg?v=f59c6aa19a5a3170634de1e9bcf5ba4d&imageMogr2/format/webp)
/0/6560/coverorgin.jpg?v=a210b233eb9621fe89867ed2f8100616&imageMogr2/format/webp)
/0/18273/coverorgin.jpg?v=a27965e1bd7e67848d3ce89f5f96449a&imageMogr2/format/webp)
/0/18830/coverorgin.jpg?v=520b12cc97b92a28584b3cc98c605481&imageMogr2/format/webp)
/0/17242/coverorgin.jpg?v=e6acdcd5b703d44019a9bf445c6c96f4&imageMogr2/format/webp)
/0/17966/coverorgin.jpg?v=7cdc7223ca6a8d1a67849c1c7f8ef5a2&imageMogr2/format/webp)
/0/11205/coverorgin.jpg?v=b75b092d176d52f4dd3f8466ad5cab4f&imageMogr2/format/webp)
/0/17617/coverorgin.jpg?v=64bb2aef9bb180b28486646573e6abc0&imageMogr2/format/webp)
/0/18201/coverorgin.jpg?v=ae2eb0d146e426aa21aa2cf9fdcb6b69&imageMogr2/format/webp)
/0/4312/coverorgin.jpg?v=0b95cc5e12295cebc20f69d31011764e&imageMogr2/format/webp)
/0/16939/coverorgin.jpg?v=3676a1564758a4a87d954dedd3aabf16&imageMogr2/format/webp)
/0/5425/coverorgin.jpg?v=189d1883356fd6636ab2bf429ea8ebfb&imageMogr2/format/webp)
/0/22444/coverorgin.jpg?v=91e16083ceb7399fe81f6de7b4398e92&imageMogr2/format/webp)
/0/4884/coverorgin.jpg?v=34a64b5f90f395ad7b450394c9a9e33d&imageMogr2/format/webp)
/0/5221/coverorgin.jpg?v=ba368105d6a192f46bb523197ef8574d&imageMogr2/format/webp)
/0/4610/coverorgin.jpg?v=d28609f7a27e20fdcaf101eb2d8a39fb&imageMogr2/format/webp)
/0/13951/coverorgin.jpg?v=20250512100842&imageMogr2/format/webp)
/0/8710/coverorgin.jpg?v=3a121450189e7476d3c845eb5432590b&imageMogr2/format/webp)
/0/22479/coverorgin.jpg?v=1af1d46e29ce870bbf689f6a71a81678&imageMogr2/format/webp)
/0/18181/coverorgin.jpg?v=3af75456c5054fef994047460f57d196&imageMogr2/format/webp)