/0/21150/coverorgin.jpg?v=2aa4ebd5fc865f15ce3a084f8cfd9589&imageMogr2/format/webp)
La sexta compañía del ejercito real del reino de Moravia avanzaba cautelosa pero a buen paso por entre el bosque encantado. A la cabeza de esta compañía estaba Otto Benavente, un capitán leal y con larga trayectoria, quien había sido designado por el mismísimo general de todos los ejércitos de Moravia, Famir. La travesía por entre aquel bosque, hasta ese momento inexpugnable para los hombres, debía hacerse a un paso lento pero seguro. Aquel bosque estaba lleno de historias, algunas de ellas fantásticas e increíbles.
Historias que hablaban que aquel bosque era protegido por gigantescas amazonas que capturaban y mataban a los hombres despedazándolos con sus propias manos gracias a su fuerza sobrenatural. Otras historias hablaban incluso que en aquel bosque los arboles cobraban vida gracias a los hechizos de los elfos antiguos. Estos árboles, según se decía, tenían la facultad de hablar entre ellos e incluso moverse con libertad, se decía que estos árboles eran implacables y violentos contra los hombres que osaban adentrarse en aquel bosque. Pero Otto sabía muy bien que esas solo eran historias para contarles a niños asustadizos, más sin embargo el capitán le había pedido a toda su compañía estar atentos a todo lo que ocurría a su alrededor, no quería llevarse alguna sorpresa.
Otto cargaba con una gran responsabilidad impuesta por el general Famir. Se sentía afortunado por haber sido escogido para tal misión, por encima de otros capitanes de otras compañías del ejército real, él había sido escogido por su devoción y eficacia, así que esta era una gran oportunidad para demostrar su valía y así ser tomado más en cuenta en la guerra que se avecinaba. Pero de igual manera, sabía que tenía una presión muy grande, el fracaso aunque era una posibilidad real, no estaba entre los planes del capitán. Pues sabía muy bien lo que le ocurriría si llegaba a fracasar. El rey Wenceslao y Famir en especial, eran muy intolerantes con quienes mostraban ineptitud.
♦♦♦♦♦
Unas semanas atrás, el mismísimo Famir, le trasmitió a Otto las órdenes directas venidas desde el mismísimo rey Wenceslao. Las informaciones de los espías, informantes y seguidores de rastros eran iguales. Todos coincidían en que eran altas las posibilidades que Kyra, hija de Teófilo, difunto rey de Britania, estuviera escondida en aquel bosque, llamado el bosque encantado, más precisamente en un lugar conocido como el “santuario de la madre Liris”. Aquel lugar, nombrado en muchos de los textos antiguos y antiguas leyendas, era prácticamente un mito. Ningún hombre lo había visto con sus propios ojos y había vivido para contarlo. Así que el capitán Otto, partió al mando de su sexta compañía con la misión expresa de encontrar aquel santuario escondido en algún lugar de ese bosque y de dar captura a aquella mujer, que parecía ser tan importante para su rey.
Por otra parte, Famir había escogido a sus mejores y más letales elementos y armó un grupo con el fin de dar caza al Medio-elfo y el Kalijary, aquellos quienes ayudaron a escapar por segunda vez a la chica. Aquella debía ser una misión de búsqueda y exterminio.
♦♦♦♦♦
La sexta compañía avanzaba, adentrándose cada vez más en aquel inmenso bosque. A pesar de los arboles altos, el sol se filtraba, iluminando muy bien cada rincón del bosque, dándole un colorido especial a toda la vegetación. En las copas de los árboles y revoloteando de aquí para allá, los pájaros, de muchas especies, entonaban hermosos canticos. Pero el capitán Otto dio la orden para que sus hombres avanzaran con cautela, no quería sorpresas. De este modo, la sexta compañía del ejército real de Moravia, al comando de Otto Benavente, avanzaba y no dejaba ningún rincón de aquel bosque sin registrar. A pesar de las historias que se contaban, sobre aquellas amazonas defensoras del bosque y de aquellos fantásticos árboles que tenían la capacidad de cobrar vida, la verdad era que en aquellas tres semanas adentrándose en aquella tundra, no habían visto nada de aquello. Aquel bosque parecía solitario y tranquilo, ni siquiera se habían encontrado con algún campesino de la región, nada, ningún ser humano, tan solo los animales típicos de los bosques, pero eso estaría próximo a cambiar.
Si bien en días anteriores había llovido, esta vez lo hizo con más intensidad, lo que hizo que el avance de la compañía se frenara un poco. Esta oportunidad la aprovecharon las defensoras del bosque para atacar a aquellos hombres. Durante días, camufladas en aquellos inmensos árboles, las hermanas del santuario fueron testigos del avance de aquellos profanadores de aquel santo lugar. Con impotencia vieron como detrás de su avance los hombres dejaban tan solo destrucción, árboles talados, la vegetación destruida, suciedad por doquier y lo que era peor para ellas, estos hombres no mostraban ningún respeto por aquel santo lugar. Invisibles a los ojos de los hombres, las defensoras del bosque no perdían de vista a aquellos soldados, gracias a que toda su vida la habían pasado entre aquellos árboles y conocían cada rincón y cada secreto de aquel inmenso lugar, las chicas pasaban desapercibidas para los ojos de aquellos hombres. Ellas hubieran querido atacar antes para así frenar el avance de aquel ejército, pero las ordenes eran esperar un poco, quizá estos hombres solo iban de paso. Pero cuando escucharon conversaciones de estos hombres y se dieron cuenta que aquellos estaban buscando el santuario, las defensoras decidieron que era el momento de atacar.
El capitán vio una agitación al frente de la compañía y azuzó a su caballo para enterarse del porqué del alboroto. Sin poder avanzar debido a la concentración de soldados en torno a algo que no podía ver, el capitán decidió bajarse del caballo y se abrió paso por entre sus hombres, cuando lo hizo se dio cuenta de la situación. En el piso yacían tres de sus hombres, todos tenían clavadas sendas flechas en sus pechos y espaldas. El capitán preguntó qué había pasado y uno de sus hombres le respondió.
-Los encontramos esta mañana, señor. Seguramente fueron atacados durante la noche-.
El capitán inspeccionó bien los cadáveres y se dio cuenta que las espadas, provisiones y objetos personales estaban en la escena del crimen.
En ese momento se le acercó su mano derecha y segundo al mando y le preguntó -¿Quién pudo haber hecho esto?-.
-Es muy confuso. Esta clase de flechas no las había visto antes-. Dijo Otto al examinar el penacho color rojo de una de las flechas.
-Seguramente sean un par de bandidos que andan por ahí-. Replicó su hombre de confianza.
El capitán no estaba convencido de aquello y por eso habló de nuevo –Si fueran unos simples bandidos ¿Por qué no se llevaron sus espadas y el resto de sus armas y pertenencias?, no, esto va más allá de unos simples bandidos-.
El capitán se puso de pie y le dijo a su ayudante –Que limpien el terreno a unos 200 metros, que ningún rincón se quede sin registrar. Tenemos que encontrar a quienes hayan hecho esto-.
Su hombre de confianza asintió y transmitió las órdenes del capitán a otro hombre, cuando este último se proponía a reunir los hombres para realizar la tarea, algo pasó. Tan silencioso y rápido como el viento, de uno de los altísimos arboles circundantes, un bejuco voló por el aire y en él, una de las guardianas del bosque quien apresó al soldado elevándolo por los aires y cuando estuvo a una altura prudente, lo dejó caer. El soldado se estrelló mortalmente contra el suelo. El estrepito de la armadura del soldado chocando contra el suelo puso en alerta a todos. Pero nadie tuvo la oportunidad de reaccionar, pues al tiempo otras guardianas volaron en sus bejucos repitiendo la Azaña de su compañera, apresando a estos hombres que de igual manera terminaban cayendo desde alturas mortales. Esto ocurría mientras otras mujeres apostadas en los mismos arboles gigantes, hacía volar una considerable lluvia de flechas que muchas de ellas dieron en sus blancos. Estas flechas eran especiales ya que en sus puntas llevaban venenos paralizantes. Aquellas flechas eran las mismas que utilizaban las guardianas para cazar. Apenas las flechas dieran en el blanco, la victima sentía como en pocos minutos sufría una parálisis progresiva que rápidamente lo inmovilizaba por completo. De esta manera estas mujeres obtenían su alimento, con esta modalidad de caza.
El capitán veía con rabia e impotencia como sus hombres eran apresados y luego liberados por las mujeres “voladoras”, mientras otros tantos caían víctimas de las flechas. Sabía que tenía que reaccionar y así lo hizo. Organizó una defensa que fuera efectiva contra estas mujeres, haciendo que sus hombres tomaran posiciones en donde no estuvieran al descubierto para ser tomados ni tampoco alcanzados por las flechas. La refriega duró relativamente poco. Si bien estas mujeres conocían muy bien el bosque y los árboles, la superioridad en número, en armas y en entrenamiento militar, finalmente inclinó la balanza en favor de aquellos soldados de Wenceslao. Una a una las chicas fueron derribadas de su bejucos y en el piso, aun heridas por la caída, eran rematadas, no había compasión alguna por aquellas mujeres. Al poco tiempo todas estas mujeres defensoras del bosque fueron neutralizadas. Como había sido la orden de Famir, no se tomaban rehenes, así que la mayoría de las chicas fueron muertas y las pocas desafortunadas que cayeron cautivas vivas, eran tomadas y violadas por una gran cantidad de hombres, sin siquiera importarles que algunas de ellas eran tan solo unas adolecentes que apenas habían florecido. El capitán Otto no detenía aquellos comportamientos de sus hombres pues sabía que sus soldados debían satisfacer sus necesidades. Al final de ser violadas eran pasadas por la espada.
-Esta no, esta dejadla-. Habló el capitán, haciendo referencia a una joven que a pesar de estar herida en la cabeza, se defendía con cuchillo en mano de los soldados que la rodeaban.
El capitán se metió al ruedo que habían hecho sus soldados con la chica que empuñaba un grande cuchillo y se enfrentó a la chica a mano limpia. La chica que parecía desorientada por el golpe en la cabeza, mandaba estocadas con el cuchillo, las mismas que Otto esquivaba con habilidad ante las risas burlonas de sus hombres que lo rodeaban. En una de esas estocadas que mandó la chica, el capitán fue más rápido, esquivó el ataque, tomó el brazo de la chica, lo torció un poco, obviamente la torcedura hizo que la mujer botara el cuchillo, entonces el capitán terminó aquella burla con un golpe en el rostro de la chica quien cayó de bruces en el suelo, sin conocimiento.
-No la vayáis a tocar-. Le dijo el capitán a sus hombres –Curadle las heridas y dejadla vivir. Nos puede ser de utilidad para encontrar el camino al tal santuario-.
♦♦♦♦♦
-Los hombres se acercan, mi señora-. Habló Greta en medio de la algarabía que reinaba en aquel salón.
Las informaciones de las exploradoras decían que estos soldados habían derrotado a las defensas que se vieron superadas en número y cayeron muertas y que ahora caminaban hacia el santuario a buen paso.
-A que distancia están del santuario-. Preguntó la Señora Lía con un evidente gesto de inconformidad sobre su rostro.
Greta, la amazona respondió –A medio día de camino, mi señora-.
/0/5879/coverorgin.jpg?v=70c1544b421f445418ee33a38fbbb75e&imageMogr2/format/webp)
/0/5876/coverorgin.jpg?v=b1f9b5087b3be95bbcb77efe1e076ed1&imageMogr2/format/webp)
/0/14678/coverorgin.jpg?v=67aa46f51482f461d38755b586cba797&imageMogr2/format/webp)
/0/11006/coverorgin.jpg?v=ed8a4046c2f26e21272a16c7ae304543&imageMogr2/format/webp)
/0/9573/coverorgin.jpg?v=a52402ec35a00bbfe011f808ad6f4243&imageMogr2/format/webp)
/0/5308/coverorgin.jpg?v=4055094e4c4f504bfa8cac5b9727263d&imageMogr2/format/webp)
/0/5258/coverorgin.jpg?v=20250116163037&imageMogr2/format/webp)
/0/9038/coverorgin.jpg?v=28f336f50f7844bd0d9ab94a0ca9e95e&imageMogr2/format/webp)
/0/3647/coverorgin.jpg?v=397ea1a852ac408e3df074897ac8f921&imageMogr2/format/webp)
/0/9582/coverorgin.jpg?v=6e825aba43336f95615c3bc10c6efb56&imageMogr2/format/webp)
/0/7860/coverorgin.jpg?v=f8f4fd0d4fa78f84de310c3fecb12efd&imageMogr2/format/webp)
/0/3644/coverorgin.jpg?v=3262237e2238a76af6c1115fc5120162&imageMogr2/format/webp)
/0/17771/coverorgin.jpg?v=31ed414b90247742b744b1dbb8a9ffcb&imageMogr2/format/webp)
/0/19986/coverorgin.jpg?v=4ff1660805110cd9554b0ffe570ab5ff&imageMogr2/format/webp)
/0/13268/coverorgin.jpg?v=8747d3687ea821b4b5dc4c30de8a62ae&imageMogr2/format/webp)
/0/22950/coverorgin.jpg?v=e9edf9c4f62ac666fad9438f3ce8f5fb&imageMogr2/format/webp)
/0/12966/coverorgin.jpg?v=62b5a76c3e8823cd332e3ff71aa83909&imageMogr2/format/webp)
/0/18474/coverorgin.jpg?v=9edac013d4d9f42198110dca3b1e0b39&imageMogr2/format/webp)
/0/15739/coverorgin.jpg?v=65d19d6cc8fd19ff0990ac7a6a74b941&imageMogr2/format/webp)
/0/21621/coverorgin.jpg?v=e34036852c522e86d484b6332c68ee06&imageMogr2/format/webp)