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Tim Burton

Maridos intercambiados, destinos cambiados

Maridos intercambiados, destinos cambiados

Mia Caldwell
En su vida anterior, Gracie se casó con Theo. Aparentemente, eran la pareja académica ideal, pero en privado, ella se convirtió en un simple escalón para su ambición y terminó en un final trágico. Su hermana menor Ellie se casó con Brayden, solo para ser abandonada por el regreso de su verdadero amor, quedando sola y deshonrada. Esta vez, ambas hermanas renacieron. Ellie se apresuró a casarse con Theo, persiguiendo el éxito que Gracie una vez tuvo, sin darse cuenta de que estaba repitiendo el mismo desamor. Gracie, en cambio, entró en un matrimonio basado en un acuerdo sin amor con Brayden. Pero cuando surgió el peligro, él la defendió ferozmente. ¿Podría el destino finalmente reescribir sus desenlaces?
Moderno Matrimonio arregladoVenganza
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"Hacía mucho tiempo que no disfrutábamos de un momento como éste...". Los labios de Shane Brooks rozaron suavemente la oreja de Yvonne Burton, susurrándole con una voz tan suave como el terciopelo.

"Shane, por favor, tengo que ir al hospital...", pronunció la chica tras girar la cabeza, evitando el beso que el hombre intentaban robarle.

"¡Dejémoslo por el momento!", insistió Shane.

El tiempo parecía extenderse infinitamente, sintiéndose como una cuerda que se tensaba tanto que amenazaba con romperse en cualquier momento.

El hombre finalmente soltó a Yvonne cuando notó que estaba muy mareada y parecía que estaba a punto de desmayarse.

"¿Te lastimé?", su voz, clara y profunda, estaba teñida de una mezcla de preocupación y burla. "¿Qué tal si te compenso comprándote el bolso de la última colección de tu diseñador favorito?".

Los ojos de la chica se abrieron y su mirada se posó en él.

El hombre que tenía delante poseía una galanura impresionante, con rasgos tan refinados que cualquiera pensaría que habían sido esculpidos por un artista. Su habitual comportamiento frío e indiferente seguía allí, aunque ahora mostraba un atisbo de una pasión débil y persistente, vestigio de la intimidad que acababan de compartir.

Después de tres años de matrimonio, Yvonne sabía muy bien qué significaba esa mirada; era la señal de que él se sentía satisfecho.

Por eso se estaba mostrando tan generoso.

Los labios de Yvonne se curvaron en una sonrisa amarga. "¿Ya lo olvidaste? Todavía estoy cumpliendo mi condena".

"Entonces puedes usar el bolso cuando salgas", respondió Shane casualmente, como si estuviera hablando del clima.

El pecho de la chica se estrujó dolorosamente; su esposo lo había dicho con demasiada naturalidad, como si cumplir una condena en prisión fuera simplemente un contratiempo mundano.

"Saldrás de prisión pronto, ¿verdad?", dijo él mientras sus dedos recorrían su mejilla con una facilidad ganada por la experiencia.

"Ya te lo dije antes, un año pasa en un abrir y cerrar de ojos".

Asimilando el triste que sentía, Yvonne tomó la mano del hombre mientras la desesperación se filtraba en su voz: "Me llamaron del hospital... Dijeron que mi abuela no se encontraba bien. ¿Puedes ir conmigo a visitarla?".

Como todavía estaba cumpliendo su condena, no podía salir cuando quisiera, pero ella se había ganado un día de libertad gracias a su buena conducta durante su estancia en prisión.

Al principio tenía planeado ir directamente al hospital, pero dudó al pensar en que su frágil abuela, Maggie Thomas, pudiera sentirse perturbada por su apariencia desaliñada.

Decidió ir a casa para cambiarse de ropa, pues nunca imaginó que se encontraría con Shane, quien acababa de regresar de un viaje de negocios.

La chica quería ir al hospital lo antes posible, pero su esposo la detuvo; él fue demasiado insistente, exigiendo que sus necesidades físicas fueran cubiertas antes de cualquier otra cosa, provocando que ella pasara toda la mañana allí.

Aun así, Yvonne pensó que esto quizás era bueno; si Shane la acompañaba, su abuela estaría feliz.

Para su desgracia, al siguiente instante, el hombre apartó la mano; su acción provocó que el corazón de ella se hundiera como una piedra arrojada a aguas profundas.

"Tengo que atender algunos asuntos pendientes esta tarde. Tendrás que ir sola", respondió Shane de manera tajante.

Se puso de pie, sacó una tarjeta del cajón del buró y se la tendió a la vez que decía: "Usa esto para comprarle algo lindo a tu abuela".

Esto no fue nada inesperado para Yvonne: ya había vivido cosas similares en el pasado. El hombre prefería resolver todos sus problemas con dinero.

No obstante, sabía que Maggie no necesitaba regalos lujosos; lo que más anhelaba era verla al lado de Shane, siendo felices juntos como una familia.

El hombre se duchó, se vistió y se fue sin siquiera despedirse.

Yvonne se levantó lentamente, con sus piernas todavía sintiéndose débiles y entumidas cuando salió de la cama; luego se ocupó de preparar algo de comida casera para llevar al hospital, algo que su abuela apreciaría más que cualquier regalo comprado en una tienda.

Cuando entró en la sala donde la anciana estaba internada, la visión que la recibió le heló la sangre. La bolsa con la comida se le resbaló de las manos y la tiró al suelo mientras gritaba: "¡Abuela!".

Aunque la enfermedad que padecía la había obligado a pasar muchos días en el hospital, nunca había necesitado usar un respirador, por lo que verla así sorprendió a su nieta.

Yvonne corrió hacia la cama de Maggie y, con una voz que se quebró por la angustia, la llamó: "Abuela, ¡estoy aquí! ¡Abre los ojos y mírame, por favor!".

Los párpados curtidos de la anciana se abrieron y una tenue chispa de reconocimiento iluminó sus ojos envejecidos. "Yvonne, por fin has venido...".

"Abuela, ¿qué te pasó?", logró decir Yvonne entre el pánico.

"La enfermera me dijo que te sentías un poco mal y que me extrañabas. ¿Por qué ahora tu condición parece ser mucho más grave?".

"Le pedí a la enfermera que no te dijera nada que pudiera preocuparte. No me queda mucho tiempo...", respondió Maggie.

"¡No! ¡Eso no es verdad!". Yvonne alzó una mano y la colocó rápidamente sobre el rostro de su abuela; luego, procedió a evaluar su estado actual.

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