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Mi vida cambió por completo cuando Armando apareció en ella. Jamás pensé que podría perder la cabeza así por alguien como él. Ya saben, un maestro de universidad con sueldo mínimo para vivir, sin amigos, sin familia, sin pasado, un hombre altamente atractivo, misterioso y bueno en la cama. Los que me conocen sabe de mis gustos, pero Armando tenía ese, no sé qué, que a ciegas me hizo perder los sentidos. Me lancé sin paracaídas a un profundo abismo; por amor, sujeta de su mano y creyendo que mi destino era permanecer junto a él. Por lo menos los primeros seis meses fueron así.
Una vida de ensueños, lejos de mi país natal, viviendo mil aventuras de su lado, en la hermosa Colombia, ignorando el real peligro al que estaba expuesta. Como quien lo diría, fui llevada directa a la boca del lobo. “Es que no podría estar más segura, que en el mismo lugar del hombre que ahora me persigue” lo digo con gran ironía y lo recalco para dejarlo bien claro.
En un abrir y cerrar de ojos, deje de ser Abigaíl Johnson, la chica refinada y glamurosa de Lima, para ser solo Abi; como empezó a llamarme mi dulce profesor. Una joven enamorada, que disfrutaba de la naturaleza y los deportes extremos. Debo confesar que aprendí a amar, el poner en peligro mi vida, conforme pasaban los días, empecé a sentirme invencible y Armando era más feliz al ver que su creación se fortalecía.
Cambié los tacones por zapatillas deportivas, las blusas de seda con escote, por polos anchos y sudorosos y las faldas elegantes por buzos anchos. Una nueva moda que iba muy bien con el nuevo color de cabello, en un inicio creí que era parte de mi nuevo estilo de vida. Ahora entiendo que Armando únicamente pretendía ganar más tiempo, haciendo que mis perseguidores perdieron mi rastro, pues, sin duda que una rubia elegante como yo, era fácil de reconocer.
Hay muchas cosas que ahora entiendo, mi entrenamiento de defensa personal, el manejo de arma blanca, la practicas de tiros que veía como un pasatiempo. Todas estas semanas a su lado las he visto así; divertidas y curiosas. ¡Ay! Es que he sido tan ingenua. El amor verdadero no existe, el hombre perfecto no existe. Las mentiras blancas son solamente mentiras que lastiman y destruyen, el que diga lo contrario es un idiota.
Es que nunca debí dejar Perú, ni confiar en alguien como él, sin embargo, me enamoré perdidamente y no me arrepiento de nada de lo que hice. Puede que suene contradictorio, pero todas las locuras vividas, los viajes juntos por paisajes mágicos que únicamente podrían existir en mi imaginación, los amaneceres en el campo, los atardeceres en la playa, cada maldito día a su lado ha sido inolvidable. Hasta ese fatídico día en la tarde, que aún me persigue, cada noche llega a mí esa escena, como si mi subconsciente intentara encontrar alguna pista.
—Llegó el momento de hablar de algo muy importante— me dijo Armando, muy nervioso—. Ya viene por ti. —Su mirada lanza un grito de preocupación—Y no pudo hacer nada para evitarlo.
— ¿De qué hablas? No entiendo. ¿Es otra de tus pruebas de entrenamiento? — interrogo asustada, pero con un toque de ironía, mientras muestro una mueca en mis labios.
— ¡Escúchame, Abigaíl! —Me toma por los hombros sacudiéndome, elevando el tono de voz— te traje aquí para prepararte. No hay tiempo para contar detalles. Van a secuestrarte y todo lo que has aprendido hasta el momento te servirá para mantenerte con vida, mientras te saco de ahí…
— ¡De qué diablos hablas! —lo interrumpo.
— ¡Presta atención! —Grita— Te amo y juro que iré a buscarte, no preguntes como, pero cuando llegue el momento lo sabrás. No te dejaré sola, no estás sola y sé que decirte que confíes en mí es tonto, pero debes hacerlo. Nuestro amor es real.
—No entendiendo, ¿de qué secuestro hablas?
Inesperadamente, me besa con ese fuego único en sus labios, quitándome todo el miedo.
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