icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

A algunas personas les gusta el drama

Capítulo 2 

Palabras:731    |    Actualizado en: 20/06/2025

as de un v

es, raspándose las

calentar, y el sudo

, llegó al imponente edifici

to, Isabela salía,

la cruel a la tragedi

rándose a sus piernas con l

! ¡Pap

r, su voz destilando una falsa preo

teo te dejó salir solo

pre, dirigidas a envene

Leo con un gest

a ropa de Leo pa

dote para sus artim

a fría, d

zca de preocupació

rtirle, pero mis lamentos er

iendo la desesperació

madre, solo quería

bo, una extensión de mis

que no llegaba a sus ojos

esa reunión tan importante que tenías

re fértil en la mente de Isa

ncendió

Leo con m

ual que t

olpeándose la cabeza

inismo supremo, fingió t

ejándose de un dolor in

Casi me rompe la p

Leo, por

mente al lado de Ricardo, s

cardo? ¡Ese niño

, que lloraba en silenci

as de seguridad, co

lado en el patio hasta que aprenda a no men

y su pierna, a pesar de la humillaci

á muy mal. Tien

n susurro, pero cargada

escuchó, o no

lo ayudaba a levantarse,

teléfono y le m

diseño, yo con Sofía

o casual, p

gulos estudiados, manipuladas po

de infidelida

rte parte de tu fortuna. Por eso finge estar

do era suave, p

sabela alcanz

su esposo, el "

ado para s

os guardaespaldas, un hombre que

en su cuarto. ¡Que no vuelva

n el patio, frí

ada atrás para nuestro hijo, qu

desgarró

muerte, aunque fuera

naba a nuestro

obligado a arrodillarse baj

s con miradas de lástima disi

inte

la Reyes era abso

rle que no estaba solo, pero mi

las nuevas órdenes, llevó a

as arriba y lo ence

agua, sin atenci

o

staba allí, una presenci

Obtenga su bonus en la App

Abrir
A algunas personas les gusta el drama
A algunas personas les gusta el drama
“Mi alma flotaba inerte sobre mi propio cuerpo. Abajo, mi hijo Leo, de apenas siete años, sacudía a su madre, Isabela, pidiéndole auxilio para mí. Ella, indiferente, se arreglaba para una gala con Ricardo, su amante. Con horror, comprendí que Isabela, cegada por él, me había negado la medicación y retrasado la ayuda médica. Morí por su negligencia. Pero mi tormento no acabó. Como fantasma, vi a Isabela despreciar a Leo, quien, cojeando, buscaba ayuda. Fui testigo de cómo Ricardo, con saña, golpeaba a mi hijo, luego desmembró mi cuerpo y arrojó a Leo al río. La impotencia de ver a mi propio hijo sufrir tal crueldad, abandonado por su madre, era indescriptible. ¿Cómo pudo la mujer que amé caer tan bajo, tan ciega a la verdad que se negaba a sí misma? Aunque Leo fue rescatado, no resistió. Mi alma y la suya ahora están juntas, liberadas. Pero el juicio de Isabela, la cómplice de nuestra tragedia, apenas ha comenzado en el laberinto de su propia locura.”