icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
Las 99 Marcas de mi Libertad

Las 99 Marcas de mi Libertad

icon

Introducción 

Palabras:285    |    Actualizado en: 23/06/2025

tablao de Isabela, su baile

r, un lugar ganado y mantenido por una "deuda" impuesta

a, regresó de la nada, y con él, la verdad de s

elevó instantáneamente, relegándolo a

e daba en el fondo del escenario, mientras

uedaba de su abuelo, su medalla de plata, como

inmovilizaron y un crujido espantoso anunció el fin de su ca

areció, solo para elegir la pantomima de ataqu

soportado 99 heridas en nombre de una gratitu

a, tan cruel, tan ajena a la

aquel callejón, dibujó la última

estaba

rgullo pisoteado, pe

a saldada" en su escritorio, y cojea

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Las 99 Marcas de mi Libertad
Las 99 Marcas de mi Libertad
“Javier era la estrella del tablao de Isabela, su baile flamenco, puro alma y fuego. Durante cinco años, su dedicación había forjado su lugar, un lugar ganado y mantenido por una "deuda" impuesta que lo ataba a Isabela, y que él diligentemente pagaba. Pero entonces, Mateo, el antiguo amor de Isabela, regresó de la nada, y con él, la verdad de su existencia en ese lugar se torció brutalmente. Isabela, cegada por la nostalgia, lo elevó instantáneamente, relegándolo a la sombra, a un mero acompañamiento. Su dignidad se desmoronaba con cada paso que daba en el fondo del escenario, mientras Mateo robaba el aplauso que una vez fue suyo. No contento con eso, destruyó lo único que le quedaba de su abuelo, su medalla de plata, como si pulverizara su último vínculo con el pasado. La noche del estreno, en un oscuro callejón, dos sombras lo inmovilizaron y un crujido espantoso anunció el fin de su carrera: su tobillo, destrozado, yacía en un ángulo antinatural. Y justo cuando el dolor lo ahogaba, Isabela apareció, solo para elegir la pantomima de ataque de pánico de Mateo sobre la agonía real de él. ¿Por qué él, que le había dado todo, que había soportado 99 heridas en nombre de una gratitud mal entendida, era tan fácilmente desechable? ¿Cómo pudo ser ella tan ciega, tan cruel, tan ajena a la verdad de su propia historia? Mientras la soledad lo envolvía en aquel callejón, dibujó la última marca en su cuaderno: la número 99. La deuda estaba saldada. Su cuerpo roto, su orgullo pisoteado, pero por fin, era libre. Dejó el cuaderno y una nota de "Deuda saldada" en su escritorio, y cojeando, se marchó para no volver jamás.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10