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El Heredero Inesperado del Viñedo

Capítulo 3 

Palabras:586    |    Actualizado en: 25/06/2025

de un silencio te

entró a mi habitaci

toda la haciend

pregunté, aun

ronto se cansará del capataz y volverá con él. El señorito Ricardo

. La arrogancia de Ricar

preocuparse, Ana.

la puerta de mi habita

ectados en sangre. Debió haber escu

tó. "¿Realmente crees que puede

cia llenando la habitació

verdad? Crees que si me rechazas, me ar

posó en mi cu

es? Isabella los quería, así que se los di. A ti no te importan esa

as cuando descubrí que le había dado mis joyas a su ama

a ella?", pregunté, mi voz

? Eres tan estúpida. ¡Isabella es una dama, necesita esas cosas pa

joyas", repliqué. "Y tú eres un hombre que no puede proteger

cardo se cont

! ¡No sab

mano levantada como

el capataz. Te permitiré ser mi esposa. Incluso dejaré que Isab

sentía. Su oferta era un insulto

Mi silencio fu

aldita sea

", dije, mi voz cortante. "Y quiero

a risa hueca

guardabas el broche de plata que te di hace años. Lo tien

e me dio cuando éramos jóvenes. Era el últi

o, lo tomé

por la ven

de plata desapar

Ricardo se bor

¿qué ha

la basura

a y salió de la habitación, dando un

o dolor amenazó con aflorar. El dolor de

Ya no había tiem

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El Heredero Inesperado del Viñedo
El Heredero Inesperado del Viñedo
“Soy Sofía, la última guardiana de la Uva Corazón, y mi mano debía elegir al heredero del vasto imperio vinícola Del Valle. En el aire de la Fiesta de la Vendimia, todos esperaban que mi elección recayera en el arrogante Ricardo, el tercer hijo del patriarca. Pero él, con una sonrisa petulante y su amante Isabella, se atrevió a proponer un matrimonio público que humillaría mi existencia. Ante la multitud, Ricardo solicitó mi mano, afirmando que Isabella sería su verdadero amor, aquella a quien mantendría a su lado, mientras yo sería solo la dueña de la hacienda. Su gesto era un eco venenoso de mi vida pasada, donde lo elegí por un amor falso, solo para que él destruyera mis tierras ancestrales y me dejara morir sola, llamándome "salvaje". Las miradas de complicidad entre Ricardo e Isabella, los murmullos de la gente sobre su supuesta pasión, encendían una ira fría en mi alma. ¿Creía de verdad que la Sofía que él conocía, la sumisa y ciega, regresaría para acatar su desvergonzada farsa? Se equivocaba, porque esa Sofía ya había muerto, y el destino me había dado otra oportunidad para reescribir esta tragedia. Con una calma que heló a la multitud, ignoré la mano que Ricardo me tendía y, con la vista fija en otro hombre entre los asistentes, anuncié mi verdadera elección: "El hombre que elijo como esposo es Mateo".”
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