Mi Viñedo Precioso
y mi esposa, Catalina, acababa de revelarme que el hijo que crié como mío, el heredero
re que murió en un accidente de coche el
on una frialdad que helaba los huesos, «para e
fue la últi
tigua habitación en la finca de los Rojas, en La Rioja. El sol de la
no. El día en que Catalina, frente a toda
uevo. Vuelvo a tener veinticinco año
está reunida. El Señor Rojas, el patriarca, me sonríe con aprobación. Él sabe que mi talento con las v
nces l
ali
os suyos no veo duda, ni afecto. Veo un odio profundo, un resentimiento que conozco dema
instante. Ella ta
aspea, listo para i
a mía, ha lleg
yo sé lo que va a pasar. Me va a humillar públicamente, va a
é esa sat
pueda hablar, doy
oz es firme, calmada. «Les agrade
odas las miradas
, ni del legado de las Bodegas
l Señor Rojas me mira, atónito. La Señ
mezcla de shock y confusió
a palabra, se gira y sale corriendo del salón. Coge las llaves
ateo. Va a evit
tro. La nueva partida ha comenzado, y