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El Costo de la Codicia: Una Segunda Oportunidad

Capítulo 3 

Palabras:494    |    Actualizado en: 26/06/2025

máscara de preocupación se resqueb

¿Es por el estrés? ¿Por lo de

vo, con un gesto que pre

a. Sé que la estás ayudando a conseguir el puesto de Directora Técnica. Y sé que fu

vida pasada». M

manipulast

sus labios. Ver su rostro descompuesto, su

los? ¿Ese jornalero que te sigue a t

respondí, dándome la vuelta. «Ahora, vete de mi lab

labras. Luego, con una mueca de rabia, se

a no du

í una llamada de mi

a mi despa

ión y la calidad artesanal que mi abuelo defendía significaban poco para él si no se trad

a ventana, mirando los viñedos. Isabel estaba sentada e

decepcionado. Los García son clientes, pero ta

tico. No confiaron en

para enfrentarme. «Y por una fracción del coste que tú insinuabas. Las redes

ro con ella. Sofía solo está acostumbrada a sus métodos,

ncia en su voz

abel supervisará todos los diagnósticos importantes. Y voy a recortar el presupuesto de tu departa

abel quería: marginarme,

sentir. «Como

eraban una pelea, lágrimas, súpl

dejando atrás sus s

abían ganado. Su arroga

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El Costo de la Codicia: Una Segunda Oportunidad
El Costo de la Codicia: Una Segunda Oportunidad
“En mi vida pasada, morí apuñalada en el frío suelo de la bodega familiar. La cuchilla de podar se clavó en mi costado, y la sangre manchó las piedras, tan roja como el vino que tanto amaba. Mientras mi vida se escapaba, vi a mi prima Isabel susurrarle a Javier, mi prometido, con una sonrisa torcida. «Sofía, fue Javier quien les dijo que tu tratamiento era una estafa. Dijo que solo querías venderles productos caros», me confesó ella, antes de dejarme morir sola. El dolor era inmenso, pero la traición me helaba hasta los huesos: Javier, mi prometido, y mi propia prima. Me culparon, me empujaron, por haber salvado las viñas de los García con mi caro tratamiento orgánico, mientras Isabel prometía una solución barata y rápida con químicos. Pero esos químicos arrasaron las viñas, contaminaron la tierra y destruyeron todo. ¿Cómo pudimos ser tan ciegos? ¿Cómo mi propia familia y el hombre que amaba me entregarían a la muerte por avaricia y envidia? Ahora, abro los ojos, de vuelta en el mismo día, justo cuando los García suplican mi ayuda por la misma plaga. ¡Pero esta vez, no caeré en la misma trampa!”
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