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Una Historia Miserable de Preferencia

Capítulo 4 

Palabras:698    |    Actualizado en: 02/07/2025

mueca de ofensa. La sorpresa inici

buena esposa en el peor momento de nuestras vidas, y tú me tratas así. ¿Qué esperabas que hi

rdo fue como echar

a, sin alegría. "Nuestro hijo está muerto, Sofía. Muer

a defraudar a mi primo. Fue una oportunidad única

e la confrontación lo había abandonado, dejándolo vacío y agotado. "Es

edó sin palabras. Ya no había nada que pudiera decir o

o de rabia contenida. "Si eso es lo que qu

inero que Juanito había ganado como repartidor, y salió de

o de dolor, pero estaba limpio. Limpio de su perfume, de sus mentiras, de su presencia asfixiante. Se sentó de nuevo en la ca

uerta y el olor de su hijo lo golpeó. Olor a jabón barato, a sudor de adolescente, a sueño

al, los "Tiburones de la Costa". Tenía el número 10 en la espalda y el nombre "JUANITO" impreso

e el oro. La abrazó contra su pecho, inhalando el último rastro del olor de su h

ía había vuelto. Entró en la habitación sin mirar a Armando, buscando

a confusión. "¿No te dije que lo tiraras? Ocupa espacio. Con

no lo sabía. No tenía ni la más remota idea de lo que esa camiseta significaba. No recordaba

viejo. Para él, era todo lo

que nunca le había importado. Nunca había prestado atención. Mientras Armando y Juanito construían un mundo de peque

n sus ojos, Sofía, si se hubiera molestado en mirar de verdad, habría visto el final

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“Mi vida de pescador era dura, pero con mi hijo Juanito a mi lado, todo valía la pena; él, una promesa del fútbol, era nuestro futuro, nuestra esperanza. Pero esa madrugada, una llamada destrozó esa esperanza: Juanito sufrió un accidente, y al llegar al hospital, la indiferencia de mi esposa Sofía, más preocupada por la fiesta de su primo Ricardo, me golpeó más fuerte que cualquier ola. Mientras mi hijo agonizaba, ella celebraba el éxito musical de Ricardo, el mismo al que había subvencionado con nuestros ahorros, endeudándonos hasta el cuello y obligando a Juanito a trabajar para pagar sus caprichos. Cuando el hospital me dio la noticia fatal, las palabras de Sofía, susurrando por teléfono que "lo de Juanito fue una lástima, pero esas cosas pasan", y que "la plata es para que Armando no ande de preguntón", me congelaron el alma. El amor se convirtió en hielo, y con cada bocanada de sangre que toso, prometo que la verdad de Juanito se alzará desde las profundidades del mar, y ellos pagarán por cada lágrima y cada traición.”
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