icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

La Humillación Imperdonable

Capítulo 2 

Palabras:549    |    Actualizado en: 03/07/2025

basta, justo en el aniversario de nue

en una de las mansiones de Alejandro en las Lomas. El sobre era de

e mí, la que todavía anhelaba al Alejandro del que me enamoré,

ngenu

caro. Los hombres más poderosos de México estaban allí, todos amigos y socios de Ale

bió con un beso f

. El espectáculo está

la sala, donde se había ins

nces,

foto

driosos, perdidos en la nada. La recordaba perfectamente, fue tomada en una noche en la que Alejandro, después

atascado en mi pecho

bre mí, desnudándome, devorándome. La verg

unto a la pantalla,

un vestido rojo carísimo y joyas que yo sabía que costaban una fortuna. S

ono. Su voz resonó en la

Esta noche tenemos una c

dramática, su m

esta, ¿verdad? Bueno, durante nuestro primer año d

foto en la

noche, vamos a subastarlas. Si no quieres que caigan en manos de otros, ya sab

cruel, masculina, que rebotaba en l

¡Siempre tan creativo!"

za de la colección 'La Leon

El hombre que había prometido amarme y protegerme estaba ve

go en mi boca, un veneno que

nunca antes había conocido, un

ora, ese monstruo estaba a punto d

Obtenga su bonus en la App

Abrir
La Humillación Imperdonable
La Humillación Imperdonable
“En la sala de subastas de Polanco, la joya zapoteca que anhelaba para mi boda se convirtió en el epicentro de mi infierno. De repente, una voz dulce y serpentina, la de Sofía -la protegida de mi prometido Alejandro- irrumpió, elevando la puja por apenas un peso. La miré, extrañada, y ella me sonrió con una dulzura que me heló el alma. Las risas se alzaron, cada oferta y cada mirada de burla de Sofía, aprobadas por el silencio de Alejandro, resonaron como bofetadas. La humillación pública se volvió insoportable, pero él solo me susurró: "Mi amor, a la muchacha le encantan estas cositas brillantes, déjala, sé buena" . ¿Ser buena? Mi ira crecía, hirviendo. ¿Cómo podía permitir que su protegida me humillara, compitiendo por un símbolo tan importante para nuestra boda? La Leona estaba herida, la vergüenza ardía. En un arrebato, prendí fuego al catálogo, declarando con voz firme: "Anulo la puja. Este objeto ha sido manchado por la mala fe. Ya no tiene valor" . Alejandro, lejos de recriminarme, me besó la frente y susurró: "Qué carácter, mi Leona" . No entendí que esa noche, mi "fuego de protesta" no fue una victoria, sino una declaración de guerra. Un año después, en la subasta privada de Alejandro, mi alma se desplomó al ver mis propias fotos íntimas expuestas, cada lágrima mía valorada y subastada. "Tengo 365 fotos tuyas, Elena. Una por cada día que me has desafiado" , dijo sonriendo, "Si no quieres que caigan en manos de otros, ya sabes qué hacer. Sigue prendiendo fuegos. Usa tu dinero para comprar tu dignidad" . La sala estalló en risas. Luego, la voz de Ricardo, un socio, resonó: "La Joyería Rojas se fue a la quiebra el mes pasado" . Mi mundo se detuvo. ¿Quebrada? Mi legado. Alejandro lo había hecho. Me había despojado de todo. La combinación de la quiebra y la humillación pública era demasiado. Me tambaleé, pero en el fondo de mis ojos, la misma llama que encendió el catálogo un año atrás, empezó a arder de nuevo. "Emergencia. Alejandro me está destruyendo. Necesito el plan B. Ahora" , envié a mis amigas. Esta vez, no iba a quemar un objeto simbólico. Iba a quemarlo todo.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10