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Despertar de un Mal Sueño

Capítulo 3 

Palabras:774    |    Actualizado en: 07/07/2025

a de hambre, pero Miguel controlaba el poco dinero que había robado de la cartera de mi padre con mano de hierro. En cada parada, él se bajaba

a llena. "La vida que nos espera no es para débiles. Además, e

radas cuando pensaba que yo no escuchaba. Odiaba a mis padres con una ferocidad que me sorprendía. En sus murmullos, los llamaba "

aba cada migaja de comida que me daba. En una parada, logré llenar mi pequeña botella de agua en

ubierto de azúcar. El olor me estaba volviendo loca. Yo tenía guardado un pequeño bolillo duro del día anteri

Sus ojos se cla

rdenó, extend

ondí, apretando el

es. Yo soy el que de

u propio pan

el bolillo de las manos. Nos enfrascamos en una lucha torpe y desesperada en el

lo, niña

Déjame e

s. De repente, una mano grande y arrugada se pos

ué mosca te picó?",

de enfrente. Tenía el cabello trenzado co

u hermana? ¡Se ve que se está muriendo de hambre y tú tragando com

ló, sorprendido

ece, señora...",

ndote todo el camino. Te das la gran vida mientras a la pobre n

rado con lástima ahora miraba a Miguel con desprecio. Un hombre corpulento do

de la furia hasta el blanco pálido de la humillación. Se dej

ón se suavizó. Abrió su bolsa de tela y s

bueno para nada te mate de hambre", me

a. Por primera vez en días, alguien estaba de mi lado. Comí lentamente, saboreando cada bocado,

Me dio una pizca de esperanza. Quizás el mundo no estaba completamente ciego a la maldad. Mientras el autobús avanzaba hacia un de

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Despertar de un Mal Sueño
Despertar de un Mal Sueño
“Moribunda en un catre, en un rancho olvidado, lo último que vi fue la sonrisa de mi hermano adoptivo, Miguel, en una revista. A su lado, en páginas de sociedad, Catalina, su hermana, radiante con mis padres en su fiesta de debut. Ellos vivían la vida que me robaron, mientras yo trabajaba hasta la extenuación, enferma y sola. Veinte años habían pasado desde que me abandonaron; Miguel me cambió por un magnate, yo terminé en la miseria. El llanto arrepentido de mis padres, cuando me encontraron por fin, fue el sonido que me acompañó a la oscuridad. Desperté con un grito. "¡No entienden! ¡Aquí no tenemos futuro!" era la voz de Miguel, la misma discusión que inició mi infierno. Me miró con una codicia impaciente y dijo: "Sofía, diles tú. Juntos encontraremos una vida mejor, te lo prometo". En mi vida anterior, seguí su promesa, confié en él, pero esta vez, solo sentí un asco profundo. Miguel recordaba el destino, pero no el precio que yo pagué. Mi madre me preguntó: "¿Mija, estás bien? Estás pálida". La miré, miré a mi padre, y el aire de mi juventud llenó mis pulmones, pero mi alma era vieja y cansada de ser víctima. "No voy a ninguna parte, Miguel", mi voz sonó extraña, firme. Avanzando, lo miré a los ojos y repetí: "Dije que no voy a ninguna parte contigo". Entonces, abracé las piernas de mi madre y solté un grito desgarrador. "¡Mamá! ¡Papá! ¡Miguel me da miedo! ¡Dice que si no me escapo con él, me va a hacer daño! ¡No dejen que me lleve!" El silencio fue absoluto. "Miguel, ¿qué significa esto?", preguntó mi padre, su voz como trueno bajo. "¡No! ¡Yo no dije eso! ¡Está mintiendo!", tartamudeó él. Pero yo temblaba visiblemente, aferrada a mi madre. Había ganado la primera batalla. La guerra apenas comenzaba, y esta vez, la historia sería escrita por mí.”
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