icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Mi Hermano, Mi Corazón Roto

Capítulo 3 

Palabras:513    |    Actualizado en: 09/07/2025

ción del programa había or

do la lágrima de Miguel, la rabia de Elena, cualquier reacción que pudiera a

otó, validando la na

e habla

pá de Rojas es algún

'juniors' que creen qu

que competir cont

a mano de Migu

da" , le suplicó en un susurro.

ontrastaba con la tormenta que se gestaba en su interior. Todavía n

io de sus oponentes y el apoyo del

tencia nacional de danza más reñida de los últimos cinco años.

omo un martillo, cada golpe diri

t la a

na So

iosa ta

el tramposo, que segur

sufic

ia su hermano con

de ir a buscarme un vaso de agua

se alejó unos pasos, Elena se volvió hacia los Castro, su sonris

igió a

erdo haberte visto en las finales de la li

uedó desc

haber estado en la final.

edaste. ¿Duodécimo? ¿Decimotercero? Porque mi hermano quedó segundo. Y que yo sepa, en ninguna competencia del mundo el segun

de Luis se

cabeza hacia Sofía, q

aburrido. "¿ 'Estrella de Plata' ? Fel

ia en su voz fue

que habían planeado tan cuidadosamente se les había regresado con una fuerza

segundo, satisfecha. Esto

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Mi Hermano, Mi Corazón Roto
Mi Hermano, Mi Corazón Roto
“Elena Rojas regresó a casa en la Ciudad de México tras años en el extranjero, donde la esperaban sus padres y el caos familiar de siempre. Pero la familiaridad se hizo añicos al encontrar a su hermano menor, Miguel "El Rayo" Rojas, la joven promesa del fútbol, consumido por la angustia antes de un reality show. Miguel estaba destrozado, no por la presión del programa, sino por los titulares venenosos que lo llamaban "LADRÓN" y "TRAMPOSO", acusándolo de comprar su lugar y robarle el sueño a otro. Sus propios padres le daban la espalda, su padre lo veía como un circo ajeno a sus negocios y su madre le aconsejaba dedicarse a algo "más decente". Ante la desesperación de Miguel y la indiferencia de su familia, Elena sintió una rabia helada. Si nadie más lo defendería, ella lo haría, sin importar el costo.”