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La Restauradora Regresa

Capítulo 4 

Palabras:504    |    Actualizado en: 09/07/2025

. Cuando llegué, Ricardo y Leo estaban en la sala, v

guntó Ricardo sin emoc

e hirvió en

Me lastimé la rodilla por proteger las pi

iró con

día. Cami se ab

jo, tan fría y egoísta, fue

lpando a mí?", le p

a televisión. Su rostro era un

ba muy interesada en el proyecto de restauración. Tiene contactos e

entendiendo la baje

regue mi trabajo? ¿E

ón. A ti se te da bien el trabajo técnico, a

impulsar la carrera de su amante. L

, dije, cada sílaba cargada c

risa amarga y c

No vas a ir a ninguna par

s. Lo tengo

donde deberían estar mis notas, mis bocetos, mis meses de

pánico comenzando

notas? Mis documen

desvió l

a Camila. Quería estud

destruido mi vida personal. Fue una traición tan profunda, ta

Leo, quien me miraba con odio. "

ncogió d

. Ella no grita y no es a

s de mi hij

amor doloroso que aún sentía por Ricardo, la esperanza tonta de

con ira, sino con

ás liberadora que había pronunciado en mi

del taller, esas ya me las habían robado. Empaqué

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La Restauradora Regresa
La Restauradora Regresa
“Mis manos, ásperas y manchadas de tierra, devolvían la vida a cerámicas mientras mi esposo Ricardo suspiraba sobre lo mal que iba todo, apenas alcanzándonos para las cuentas, o al menos eso creía yo. Entonces, un mensaje de una vieja amiga y una foto destrozaron mi mundo: Ricardo, sonriendo en un yate de lujo con su exnovia Camila, y a su lado, mi hijo Leo, de cinco años, vestido con ropa carísima y sosteniendo un juguete aún más caro. La descripción: "Celebrando la vida con mis dos amores". Miré mis manos sucias, el plato de frijoles a medio comer. La mentira era tan descarada, tan cruel que me causó náuseas. Esa misma noche, lo escuché susurrar por teléfono: "Sí, mi amor, ya estoy en esta pocilga... No sospecha nada, se cree todo el cuento de que soy pobre." Y luego: "Claro que te amo a ti, Camila. Lo de Sofía fue solo un capricho, una apuesta que se me salió de las manos." Cada palabra fue un golpe, el peso de una pared desplomándose sobre mí. ¿Mi vida? ¿Mis sacrificios? ¿Una maldita apuesta? Ya no había lágrimas en mis ojos, solo una calma helada. Sabía que se acabó. Abrí la puerta y, con una voz fuerte y extraña, le dije: "Ricardo, quiero el divorcio."”