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La Viuda y Mi Marido

Capítulo 3 

Palabras:876    |    Actualizado en: 20/08/2025

tó Enrique. "¡Si le pasa algo a

gí de h

da ig

te lo advi

? ¿Que me vas a peg

escotada y tacones altos. Ropa que él odiaba. Siempre había preferido que vist

pidamente y

habitación

mi forma de ser para complacerlo. Dejé de salir con mis amigos, cambié m

mejor ami

stás? Voy

' . ¿Pasó algo

to cuando

ban en nuestra mesa de siempre. Me v

de tequila" , l

?" , preguntó Pablo,

divorciar d

e total. La música del ba

i?" , preguntó S

Silvia, el comportamiento de E

exclamó Sofía. "Siempre lo supe

la mano?" , preguntó Pab

en

on lo que tu papá ha

ni siquiera es de su herman

íquido quemó mi garganta, pero

n sea. Solo quiero que

s otro, hasta que el mu

erdo es la cara pr

en mi pro

ré a mi alrededor, confundid

esita de noche. Tenía

e para que fuera por ti. No te podíamos llevar a tu casa

e él. Me t

se sintió conmovida. Tal vez, des

l agua caliente ayudó

a, Silvia estaba senta

que despertaste. Enrique estaba

resp

de irse a la oficina. Dijo qu

chilaquiles con pollo, jugo de

nrique te quiere, Cami, solo que es u

ón. Quizás solo e

e, comenzó a latir co

a mesa y tom

onces

aban cubiertos de a

el, comí un postre que las contenía y terminé en el hospital. Enrique estu

me fue de l

para Silvia. A ella le encantaba

abía servido a ella su platillo favorito y lo había dejad

e había sentido

Su sonrisa era

de entrar a la cocina. Se

algo, Ca

eparaste

que te gus

a las almendr

en la cocina

jos de Silvia y el pán

Lo siento. Te pre

e mole

nté de

a estado ciega. Él nunca me había cuidado

que la despensa estuviera llena de sus antojos de emba

gustaba. Daba por hecho que, c

e. Qué e

n una amargura que me quemaba po

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La Viuda y Mi Marido
La Viuda y Mi Marido
“Mi cuñado murió en un accidente, y su viuda embarazada, Silvia, se mudó a mi casa. Al principio, creí que era mi deber como familia ayudarla en su duelo. Pero pronto, mi esposo Enrique comenzó a tratarla como si fuera una reina, ignorándome por completo. Se convirtió en su sirviente personal, no en mi marido. Le masajeaba los pies por la noche, la defendía cuando se quejaba de mi café en mi propia cocina y me ordenaba apagar la cafetera porque a ella le molestaba el olor. La situación explotó cuando descubrí que Silvia había robado la pulsera de esmeraldas de mi difunta madre. Cuando la confronté, la dejó caer a propósito, haciéndola pedazos. Ciega de rabia, le di una bofetada. Pero en lugar de defenderme a mí, su esposa, Enrique me empujó con una fuerza brutal. Caí y me corté el brazo con una mesa de cristal. Mientras la sangre corría, él corrió a consolar a Silvia. Me gritó: "¡Estás loca! ¡Te voy a comprar otra! ¡Pero no vuelvas a tocarla!" . En ese momento, mirando los pedazos de la herencia de mi madre en el suelo y la sangre en mi brazo, el amor que sentía por él murió. Tomé mi teléfono e hice una llamada. "Chuy, trae a tu equipo a mi casa. Con mazos. Vamos a hacer una remodelación" .”
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