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La Viuda y Mi Marido

Capítulo 4 

Palabras:712    |    Actualizado en: 20/08/2025

ación y saqué u

de verdad

Los vestidos caros, los zapatos de d

valor monetario, sino por su valor sentimental. Especia

é a guardar todo en un

mientras las guar

ra de es

do el día de su boda. La pieza má

ío recorrer

o, busqué en los cajo

a

a, además de mí y las empleadas de limpieza, ha

Enrique y Silvia estaban en

de esmeraldas?" , le preg

iró, co

de qué h

fijaron en la m

rincipio, porque intentó ocultarla rápi

esto fue s

rqué a

tate

as, Camila? Es

que llevas pu

nterpuso ent

tomaría nada tuyo. Esa puls

ción en el broche. Las inicial

gí a S

una sonrisa t

un recuerdo de mi

importará que l

nrique me agarró del

¡Deja en pa

la muñeca de Silvia

s iniciales grabada

ije, con una

duda en sus ojos, pero desap

una coin

empezó

y me pareció tan bonita. Me recordó tanto a Roberto..

ión era i

por completo. Su e

lvia no es una ladrona. Devuélvele la pulse

. "Quiero que me l

jos, empezó a desabrocharse l

nces,

e le resbaló

a soltó a

mármol con un son

iguas y delicadas,

sepulcral ll

de la herencia de mi madre ya

se tiñó

ancé sobre Silvia y

esonó en la

a reaccionar, sentí

me había

o. Mi brazo se estrelló contra el borde

ecorrió desde el co

e, mientras corría a socorrer a S

! ¡Diez si quieres! ¡Per

zo. Un corte profundo empezaba a san

a nada comparado con el do

golpeado.

entánea en su rostro fue

, con la voz rota pero firme. "Y te

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La Viuda y Mi Marido
La Viuda y Mi Marido
“Mi cuñado murió en un accidente, y su viuda embarazada, Silvia, se mudó a mi casa. Al principio, creí que era mi deber como familia ayudarla en su duelo. Pero pronto, mi esposo Enrique comenzó a tratarla como si fuera una reina, ignorándome por completo. Se convirtió en su sirviente personal, no en mi marido. Le masajeaba los pies por la noche, la defendía cuando se quejaba de mi café en mi propia cocina y me ordenaba apagar la cafetera porque a ella le molestaba el olor. La situación explotó cuando descubrí que Silvia había robado la pulsera de esmeraldas de mi difunta madre. Cuando la confronté, la dejó caer a propósito, haciéndola pedazos. Ciega de rabia, le di una bofetada. Pero en lugar de defenderme a mí, su esposa, Enrique me empujó con una fuerza brutal. Caí y me corté el brazo con una mesa de cristal. Mientras la sangre corría, él corrió a consolar a Silvia. Me gritó: "¡Estás loca! ¡Te voy a comprar otra! ¡Pero no vuelvas a tocarla!" . En ese momento, mirando los pedazos de la herencia de mi madre en el suelo y la sangre en mi brazo, el amor que sentía por él murió. Tomé mi teléfono e hice una llamada. "Chuy, trae a tu equipo a mi casa. Con mazos. Vamos a hacer una remodelación" .”
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