“Soy una neurocirujana que gana más de diez millones de pesos al mes. Mantengo a mi esposo, un capitán del ejército, y a toda su familia de parásitos. Después de salvarlos de la ruina con un cheque de cien millones de pesos, planeé las vacaciones familiares de sus vidas en la Costa Azul: jet privado, yate de lujo, todo pagado por mí. La noche antes de irnos, mi esposo soltó la bomba: su exnovia, Dalia, venía con nosotros. Ya le había dado mi asiento en el jet privado que yo pagué. ¿Mi nuevo boleto? Un vuelo comercial con escala en una zona de guerra. "Dalia es muy delicada", me explicó. "Tú eres fuerte". Su familia estuvo de acuerdo, adulándola mientras yo estaba ahí, invisible, como un fantasma. Su hermana incluso le susurró a Dalia: "Ojalá tú fueras mi verdadera cuñada". Esa noche, encontré a Dalia en mi cama, usando mi camisón de seda. Cuando me abalancé sobre ella, mi esposo la rodeó con sus brazos, protegiéndola de mí. A la mañana siguiente, como castigo por mi "berrinche", me ordenó que subiera su montaña de equipaje al convoy de camionetas blindadas. Sonreí. "Claro que sí, mi amor". Luego entré a mi despacho e hice una llamada. "Sí, tengo una gran cantidad de material contaminado", le dije al servicio de residuos peligrosos. "Necesito que lo incineren todo".”