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Su traición forjó una reina despiadada

Capítulo 5 

Palabras:1027    |    Actualizado en: 17/10/2025

e tambaleé, mi mano buscando la pared fría como apoyo. El mund

ciaba el pelo, murmurando palabras dulces. Ella se estaba calmando lentame

ón, Cynthia se me acercó de nuevo, su expresión de una pied

ñas perfectamente cuidadas apuntando

ada. En cuanto su mano rozó mi brazo, soltó un chillido agudo y se l

elló contra el suelo con un estrépito ensordecedor de metal y cristal

ito de dolor. "¡Ay! ¡Mi brazo! ¡Me empujó!". Miró a Héctor, con los ojos de

ia, se transformó instantáneamente en una máscara de furia glacial. En do

. Agarró la parte delantera de mi bata de hospita

mpacto me dejó sin aliento. "Di

eltas. La mentira era tan descarada, tan teatral, y

fue un chasquido agudo en el silencio atónito del pasillo. Mi cabeza se

estello de una sonrisa triunfante en sus labios antes de que se

, dijo Héctor, su voz peligros

ojos, al hombre que una vez había amado,

s negros. Iba a golpearme de nuevo, pero sus guardaespaldas, qu

ellos, un destello de

oto. Se agachó, recogió un trozo de vidrio grande y dentado, y se levantó

", susurró, su voz cargada

ía arrancado la vía. Con un movimiento deliberado y firm

la sangre goteando por mi brazo, cayendo sobre el impecable suelo blanco. Era una imag

el frío ártico que inundó mis venas. Me había mar

o, luego a mí, sus ojos desprovistos de cualquier remordimiento. "Ah

llo sin una segunda mirada. Sus guardaespaldas lo siguieron, dejándome sola, sangra

o en un patrón rítmico y constante sobre el suelo. Gota. Gota. Go

a bata de hospital, y su primer instinto fue creer que era una mentirosa. La había elegido a e

, el dolor en mi vientre vacío, todo se fusi

speranza era una debilidad.

ados con mi propia sangre, estaban sorprendentemente fi

gundo fue para Adrián Ferrer, mi amigo de la infancia, el úni

as...", la voz de Adrián est

z la de una extraña, hueca y sin

s acercándose. No me moví. Solo observé cómo las luces r

nían

an p

o espontáneo. Tenía el trozo de vidrio dentado con sus huellas dactilares por todas

s y, por primera vez en mu

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Su traición forjó una reina despiadada
Su traición forjó una reina despiadada
“Mi matrimonio terminó de la misma forma en que el mundo se enteró: con un informe policial que aterrizó en mi escritorio. Yo era una fiscal que había regresado a la Ciudad de México para salvar mi matrimonio por conveniencia política con el multimillonario tecnológico Héctor Garza. Cuando lo confronté en el hotel, encontré a mi esposo de rodillas, pero no para pedirme matrimonio, sino para atarle con ternura el zapato a su amante influencer. Esa noche, me abandonó en una carretera oscura para correr a su lado, provocando que perdiera al bebé que llevaba en secreto. En el hospital, me acusó públicamente de fingir el embarazo, me abofeteó y luego me cortó el brazo con un trozo de vidrio roto. "Ahora sí tienes una razón para estar en el hospital", dijo con una frialdad que helaba la sangre. El amor que le había tenido desde los dieciséis años no se desvaneció; fue asesinado. Él pensó que me había roto, pero solo creó un monstruo. Usé el poder de mi familia para meterlo en la cárcel. Cuando me suplicó una segunda oportunidad, traje a mi amigo de la infancia, Adrián, y le di el golpe de gracia. "El bebé no era tuyo", dije, mi voz como el hielo. "Era de él".”
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