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la doctora del mafioso

Capítulo 2 La instrucción

Palabras:1423    |    Actualizado en: 29/10/2025

go de pie y, cuando el cuerpo entiende que tiene permiso, me rompo. Me siento en el banco, el plástico cruje como un

r fin-. En el m

o me caiga. Me abraza con esa fuerza que solo las amigas saben med

susurra-. Es

ntra su carril, llega la conversación que venía espera

, firme pero sin filo-. Las

-la frase me sale más áspera de lo

egida. Cuando empezó a cancelar, cuando llegaba tarde sin avisar, cuando hiz

-lanzo, y me duele apenas lo digo. No

olpe. Elige la parte di

como debía. Pero ahora mírate. No quiero que

que no me guste p

adie -digo-. So

incómodo que igual te sostiene. Afuera, el hospital ordena bandejas

suave-. Respirar. Pasos cortos. Decisiones

solver nada -respondo-.

y lo dice como quien tra

buscar el carnet, encontrar un bolígrafo que no raspe. Me lavo la cara; el agua del

r con él? -pr

debía estar, en mi nombre apretado en una

go una versión de mí que p

bro -dice-. Y si ap

digas nada». «No vuelvas a buscarme». Los borro todos. Otra decisión pequeña: no escribir nada.

e hiciste ahora -pedirme es

imos pedir con fallar. Yo pedí y ella vi

digo-. No m

suelto

o que conozco: carritos, timbres, radios con mala cobertura, chistes que s

y un clip entre los dedos. Su peinado no tiene una sol

-, te dejé sala 3 completa. Como

y la obediencia m

ricto -añade. La frase es

bandeja a un centímetro de mi codo, como si marcara territorio. Veo su sombra caer sobre el m

llamas -dice Amanda-

-le digo-. Au

sto la almohada; a un joven le explico por qué el ayuno es importante con palabras que no suenen a receta; a mí me recuerdo qu

otra enfermera. Al pasar, el susurro sube lo ju

e lloró -di

espego con el único gesto que puedo: seguir. Aprieto el bolígrafo.

omo si la hubiera llamad

no solo para tragar piedras. Amanda no ofrece discursos, ofrece

s? -me pregunta, y no hace

lento, en los pasillos que amplifica

pondo-. Hoy

ce-. Llegar e

tamina la risa un segundo. Un segundo es mucho en un día así. Lo guardo en

la ventana del fondo, Santa Aurelia se adivina por una rendija: autobuses que bostezan, panaderías con olor a m

tiembla. En el margen de una hoja, sin querer, escribo mi nombre más lento: Clara Montalbán.

nuevo-. Si en algún momento no puedes, me busca

. Y ahora lo

casilleros y el mío, por arte de magia, aparece más abajo. Lo dice "para que tengas a mano los

ene en la cara -comenta, cas

e sí puedo: mis manos, mi voz, mi paso. El resto lo dejo pasar como se deja p

ue no necesita. Santa Aurelia estira la mañana. Yo, por primera vez desde el

ombrarme: «Dicen que lloró». Me giro, no para enfrentarlas, sino para ubicarm

e hoy, control cruzado en Sala 3. Enfermería verificará la ejecución y solicitará co registro de indicaciones. Responsab

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la doctora del mafioso
la doctora del mafioso
“Clara Montalbán descubre a su novio con una enfermera del mismo hospital. Esa misma noche la llaman de Urgencia: estabiliza a un "sin nombre" y lo sube a UCI. Es Félix Santoro. El jefe de la mafia más importante. Él se obsesiona y ordena secuestrarla; promete protegerla, pero también poseerla. Se resistirá Clara al poder de Félix?”