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la doctora del mafioso

Capítulo 3 Turno difícil

Palabras:1414    |    Actualizado en: 29/10/2025

ario que debería estar conmigo; aparece, qué casualidad, en otra sala. Faltan guantes en mi casillero; sobran en el de al lado. Una auxilia

plana. Cada gesto es una cuerda a la que me agarro para no caerme. A una señora le arreglo las medias; a

de Jefatura como quien deja una tarjeta

indicaciones. Para asegurar calidad. -La última frase no e

tro. -Escribo claro, despacio, con

el dedo sob

si no te molesta, reviso cada indicación

pacientes -corri

n soltarme la mi

«Clara necesita apoyo». No hace falta escucharlo; basta la manera en que dos residentes

mina quiere inaugurar conversación. No interrumpe; acompaña. Cada tanto me

utos? -preg

mediodía sin darle c

n paciente a la vez. Un papel

miedo; a Doña Marta, que me toma la mano con una autoridad que me recuerda a mi abuela; a un adole

opiado del clip de la circular como si fue

ce-. Quizá convendría dejarlo

eñalo la pizarra. La letr

unda vez, como si la primera no existiera. Co

eta que siempre parece un dictamen. Mira

chisme. -Se va tan rápido como vino; deja el olor de

saparece, Romin

ste -dice

ido -respondo-. Lo

s hospital -replica. Y

batallas que se ganan con constancia, n

erca con una inqui

ien? -Pregunta con esa voz de quien

espondo-. Y es

se no la deslumbra, pero

as busco gasas, escucho dos voc

e una-, solo que

de otra-, habría que

to en espectadora de mi propio jui

pulsera elástica que guarda e

-dice,

po -r

mundo. En la sala 3, un monitor pita como si tocara a rebato; no es grave, es insistente. L

el umbral con un

quí, aquí y aquí -marca

tercambiamos las firmas como dos baila

como al pasar, dejando el nombre s

nto de sal

ociones entran al hospital

No le des nada, rep

a admisión por la cama de Doña Marta. Todo con palabras comunes, sin tecnicismos que m

-mentira consentida que nos reg

está volvi

o del pasillo -resp

algo de Romin

o. No porque no lo merezca, sino porque

deje de temblarme el pech

a hacia una virtud imposibl

licarle «como para mi abuela» qué haremos después del a

ora -dice-. Us

descansa: una TENS trae un paquete de guantes y, como quien no quiere la cosa, comenta que «alguien dijo que ho

mina se planta detrás de

me dices -sugie

mi equipo -respondo. M

En un rincón vacío, apoyo la frente en la pared

El pasillo entero parece querer enseñarme lo que ya

nesto me detiene con una brom

engua -dice-. Úsala para lo

ondo. Y me sorpr

visitas; un celador me pide una firma en un vale; Amanda me d

ja un decibel, el altavoz car

e. -Pausa-. Montalbán

la mirada: voy contigo. Camino. Al fondo del pasillo, en el borde del

mi bolsillo; no es mío, pero hoy todo el mundo parece querer recordar q

ice Amand

y -re

uenan a hospital, pasos que cuentan otra coreografía. No entro todavía. Po

mí. Y la palabra «urgente» se queda flota

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la doctora del mafioso
la doctora del mafioso
“Clara Montalbán descubre a su novio con una enfermera del mismo hospital. Esa misma noche la llaman de Urgencia: estabiliza a un "sin nombre" y lo sube a UCI. Es Félix Santoro. El jefe de la mafia más importante. Él se obsesiona y ordena secuestrarla; promete protegerla, pero también poseerla. Se resistirá Clara al poder de Félix?”